Mujeres que programan

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Dejar a las mujeres fuera de las profesiones de tecnologías de la información es perjudicial para la sociedad en su conjunto.

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Esta semana se escribió una nueva página de la historia de la ciencia con la primera imagen de un agujero negro. Junto a ella, medios y redes sociales nos mostraron la cara emocionada de una joven mujer, Katie Bouman, quien veía cómo en la pantalla de su laptop se materializaba el resultado de su trabajo, y el algoritmo desarrollado por su equipo generaba la imagen a partir de miles de billones de bytes, y confirmaba lo que Einstein teorizó hace poco más de cien años. La hazaña astronómica fue posible gracias al papel primordial de una mujer, y esa no fue una noticia menor en un mundo científico y tecnológico dominado por los hombres.

Según un reporte del portal de trabajo de Tecnologías de la Información (TI) Honeypot, en 41 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Unión Europea estudiados, las mujeres representan del nueve al treinta por ciento del personal en profesiones relacionadas con la tecnología. En México la cifra es de 14.2 por ciento. Ese desequilibrio es problemático desde diferentes puntos de vista.

Dejar a las mujeres fuera de las profesiones de tecnologías de la información es perjudicial para la sociedad en su conjunto. Los trabajos relacionados con el desarrollo de TI son privilegiados: están dentro de los sectores con mayor demanda en el mercado y por ello cuentan con beneficios salariales y condiciones laborales mejores respecto al promedio de las profesiones. La baja representación de las mujeres en dicha área las aleja de los beneficios de esas ocupaciones, manteniendo al hombre en una posición de privilegio laboral.

Esa brecha entre mujeres y hombres no se limita a la participación en la creación de la tecnología, sino que existe también en su uso, según lo menciona la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en su página web dedicada a este tema, de tal forma que se puede hablar de un círculo vicioso “masculino” en la tecnología entre creación y uso.

Para las organizaciones dedicadas al desarrollo de tecnología, tener tal desequilibrio en el personal implica que asuntos laborales que ayudan al bienestar del trabajador, y que son típicamente alentados por las mujeres, como las políticas para el balance entre trabajo y vida privada o familia, sean desdeñados. Es decir, a menos cantidad de mujeres en la planta laboral, menor interés tendrán las organizaciones en implementar para sus trabajadores instrumentos como el trabajo remoto desde casa, horario flexible que permita atender asuntos escolares de los hijos, mayor número de días de vacaciones, etcétera.

Desde la perspectiva de la tecnología como producto o servicio, al tener baja participación femenina en su creación, se pierde la aportación que las mujeres pueden hacer desde su visión, intereses y talentos. En mi muy personal experiencia laboral -ahora entro en terrenos subjetivos con riesgo de servir a los clichés-, he observado que las mujeres con las que he trabajado han tenido una atención al detalle y un rigor profesional que han sido de gran beneficio para los proyectos.

Las razones de la baja participación de la mujer en el desarrollo de las TI son de origen cultural o estructural y de ninguna manera biológica, por si alguien se atreviera todavía a aseverar algo así. Las mujeres han probado su capacidad para crear soluciones computacionales a lo largo de la historia. Así por ejemplo, además de la ya mencionada Katie Bouman, brillan Ada Lovelace, a quien se le puede considerar la madre de la programación y quien por mérito propio trascendió al ilustre apellido de su padre, Lord Byron; o Margaret Hamilton, quien dirigió el equipo de desarrollo del software responsable del alunizaje de la misión Apollo 11. En los Estados Unidos de la posguerra, la irrupción de las computadoras tomó por sorpresa a empresas y organizaciones, quienes asignaron el trabajo con las novedosas máquinas al personal que tradicionalmente se encargaba de operar calculadoras, el cual en buena parte era femenino. De ello cuentan Karen Piper en una entrevista sobre su libro A Girl’s Guide to Missiles o la película Figuras ocultas. 

Existen iniciativas para aumentar la participación femenina, como la organización Women Who Code, en la cual se alienta la participación de las mujeres en la programación, o el proyecto Girls’ Day del gobierno federal alemán, que tiene por objetivo despertar en niñas y adolescentes el interés por profesiones típicamente masculinas. Sin embargo, es necesario un mayor esfuerzo de gobiernos, empresas y sociedad para revertir la brecha de género digital. 

Katie Bouman nos dejó ver lo que hay en el centro de nuestra galaxia, pero aun con mayor nitidez el valioso aporte de la mujer para la ciencia, la tecnología y la sociedad.

Juan Alberto Hernández Arreola

Soy influencer… no, ya en serio, soy un ingeniero de software de casi 40 años, actualmente resido en Múnich. Les agradezco sus comentarios sobre mis textos.