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Mujer y ciudad

Calles mal iluminadas, banquetas en mal estado y medios de transporte público inseguros, afectan a todos los habitantes, pero entre hombres y mujeres, quienes están más afectadas por esas fallas son definitivamente las mujeres.

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Durante mi infancia y juventud, Monterrey fue para mí una ciudad segura. Las calles que llegaban a los parques en la Colonia Cumbres eran amplias y poco transitadas; y niñas y niños de las muchas familias jóvenes jugábamos en ellas sin mayor problema. Ante la aparente seguridad del barrio, la noticia de un abuso sexual bajo un puente, donde la avenida Paseo de los Leones pasa sobre una cañada, conmocionó a los vecinos. Se dijo que la víctima cruzaba la avenida bajo ese puente en la oscuridad. Semanas después del acto criminal se instalaron luces para iluminar el área, con la intención de que hechos así no volvieran a ocurrir.

Sin querer quitar relevancia a los motivos y a la acción propia del criminal, no se puede negar que un medio físico hostil había facilitado la comisión de un delito sexual. De haberse contado previamente con iluminación en ese punto, quizá podría no haber ocurrido. El hecho de que esa cañada fuera un camino natural para los peatones que cruzaban de un lado a otro de la avenida no fue razón suficiente para la instalación con anterioridad del equipamiento que lo hiciera un paso seguro. Un lugar donde el riesgo era latente, incluso para un hombre, para una mujer fue atroz.

El diseño de una ciudad, su infraestructura y su equipamiento dictan la forma en que actúan y conviven sus habitantes. Una ciudad mal planeada y equipada de forma deficiente fomenta la ley de la selva, donde el más fuerte y “gandalla” domina sobre los demás. En un escenario así, la mujer tiene las de perder. A falta de un medio urbano seguro, menos mujeres hacen uso de la ciudad y de su derecho de moverse libremente por ella. Esto a su vez desemboca en políticas públicas urbanas que no responden a las necesidades de las mujeres, cerrando un círculo que las confina a permanecer inmóviles e invisibles.

Las políticas públicas implementadas en el área metropolitana de Monterrey van en una dirección contraria a una ciudad incluyente en la cual las mujeres puedan desplazarse con libertad. Calles mal iluminadas, banquetas en mal estado y medios de transporte público inseguros, afectan a todos los habitantes, pero entre hombres y mujeres, quienes están más afectadas por esas fallas son definitivamente las mujeres. Ellas tienen un mayor riesgo de ser violentadas al tomar el transporte urbano a las cinco de la mañana en una esquina mal iluminada para llegar a su trabajo. Los largos, altos y estrechos pasos peatonales a desnivel representan para ellas una mayor ocasión de que algo indeseable les ocurra. El pésimo control sobre taxis expone más a las mujeres que a los hombres a ser víctimas de robo o abuso. ¿Alguna vez ha intentado llegar a pie de la avenida Garza Sada al Hospital de Ginecología y Obstetricia del IMSS, al otro lado del río? Es necesario correr para esquivar los autos, ¿cómo se le pide eso a una mujer en estado de embarazo avanzado?

Medidas fáciles y de bajo costo ayudarían a mejorar el estado de las cosas. ¿Cuánto dinero es necesario para instalar y mantener un semáforo activado por los peatones en el peligroso cruce de Garza Sada y Morones Prieto? ¿Cuál es el costo de una parada de autobús iluminada? ¿Por qué se consideran obras carísimas y destructoras como un nuevo paso para vehículos a través de la Loma Larga y no, por ejemplo, mejor iluminación y mejores banquetas en la colonia Independencia, a cuya Basílica de Guadalupe, por cierto, muy probablemente acudan más mujeres que hombres? Lo que falta es voluntad política.

De la ciudad que yo creía segura en mi infancia, Monterrey se ha convertido a golpes de mala administración pública —y otros tantos golpes de realidad en mi edad adulta— en una ciudad cada vez más insegura y hostil, donde aumenta la brecha entre derechos y libertades de hombres y de mujeres. Es necesario exigir un cambio. Esa lámpara que no enciende en la calle desde hace varias noches parece algo trivial en nuestro México de bienes públicos descuidados, pero al facilitar la violencia del hombre contra la mujer, resulta ser un instrumento más para el predominio masculino.

Juan Alberto Hernández Arreola

Soy influencer… no, ya en serio, soy un ingeniero de software de casi 40 años, actualmente resido en Múnich. Les agradezco sus comentarios sobre mis textos.

26 comentarios en “Mujer y ciudad

  1. Muy buena nota, Juan. Bien retratas ese aspecto de la transformación que ha sufrido el área metropolitana de Monterrey en los últimos 25 años, que facilita el conflicto y hace más evidente quienes son las personas más vulnerables. Este entorno masculinizado y selvático se acentúa conforme más bajo es el estrato social de sus habitantes. Ahí donde más necesidades hay es donde menos se está invirtiendo en mantener y desarrollar la infraestructura, y la cultura.

  2. Buen artículo mi Juan, un tema muy actual y que requiere de concientización de la sociedad y de las autoridades. Muy buena estructura y excelente desarrollo del tema.

    P.D
    El cambio lo hacemos cada uno de nosotros y aquí un ejemplo, independientemente de que la autoridad no sea sensible a poner un semáforo en ese crucero, después de leer tu artícuculo cada vez que pase por ahí le daré preferencia al peatón.

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