Moverse en bicicleta

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¿Cuántas personas, como yo, viven a una distancia razonable de sus trabajos, como para poder recorrerla en bicicleta, pero no nos atrevemos por miedo a morir en el intento?

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No, yo no me muevo en bicicleta. Cuando estudié en la facultad, iba y venía de casa de mis padres a la escuela en bici por casi dos años. Un día me topé a mi papá manejando su Grand Marquís sobre el puente de Gonzalitos. Prácticamente, “me le atravesé”. A partir de ahí me hizo ver “lo mal que estaba”, que terminaría bajo las llantas de un camión, que me podían asaltar en el camino. Que si no tenía para gasolina, él me la pagaba. Sé que mi papá tuvo la mejor intención para mí, pero desde entonces dejé de utilizar la bicicleta como medio de transporte. Eso fue en 1997.

El año pasado, influenciado por algunos amigos que conocí aquí en Vertebrales, conociendo los grados de contaminación que hay en Monterrey, por el show del estacionamiento y porque mi negocio está a 4 kilómetros de mi casa, intenté un día retomar la bicicleta. Me puse mi chaleco reflejante, casco, luces  y circulé por la orilla del carril derecho de Ruiz Cortines hacia el oriente. Esquivé carros estacionados, alcantarillas mal tapadas, baches, vehículos saliendo de las calles, basura. Sentía el viento que dejaban los camiones al pasar. Un taxista me mentó la madre y me vi obligado a frenar porque alguien decidió dar la vuelta a la derecha sin percatarse de que yo venía ahí. Decidí guardar la bicicleta. 

Lo más triste, no es solamente que vivimos en una ciudad con una infame cultura vial y aún menor infraestructura ciclista. Lo más triste es que, mientras pedaleaba, me sentía un invasor. Pensaba en todo momento en “no meterme en el punto ciego”, en no invadir sus carriles, en “portarme bien”. Fui educado para ser “motorista”, en la cultura de “los ciclistas se exponen” o en la buena voluntad del: “deberían de hacerles carriles especiales”.

En la página de Facebook de Dominio Medios, publicaron un video en donde un conductor (grabando mientras manejaba, por cierto) “exhibe” a un ciclista que, tras hacer medio alto en un semáforo, termina por cruzar cuando la luz está en rojo. No cabe duda, el ciclista se puso en riesgo. Pero lo alarmante aquí es la reacción de los usuarios de la página. La inmensa mayoría acusa a los ciclistas de ser un peligro, que tienen la culpa de que los maten, que provocan accidentes. No sé si hay alguien encargado de seleccionar los comentarios, pero no hay ninguno que muestre algo de empatía.

Hace una semana, cuatro ciclistas perdieron la vida en diferentes hechos viales en Monterrey y su área metropolitana. Cuatro personas que “cometieron la imprudencia” de hacer ejercicio en su bicicleta, o de utilizarla como medio de transporte en una ciudad que no tiene un espacio para ellos, ni en el diseño de sus calles ni en la educación de sus ciudadanos. Parece que, para muchos automovilistas, lo más grave de matar a un ciclista, es pagar las consecuencias.

Nos quejamos del tráfico, pero pocos estamos dispuestos a movernos en algo que no sea carro. ¿Cuántas personas, como yo, viven a una distancia razonable de sus trabajos, como para poder recorrerla en bicicleta, pero no nos atrevemos por miedo a morir en el intento?

Según datos presentados por pueblobicicletero.org, en Monterrey, sólo el 0.5 por ciento de los viajes se realizan en bicicleta. Una persona que se mueve en este medio de transporte requiere 3 metros cuadrados para transitar. Alguien que lo hace en coche, requiere hasta 60. Si gobierno y ciudadanos nos hiciéramos conscientes de esto, podríamos crear las condiciones para que haya más gente que se anime a tomar su bicicleta. No solamente deberíamos respetar a quien viaja en ese medio, deberíamos agradecer los 57 metros de espacio que nos concede.

Carlos González

Soy alguien que escribe mejor de lo que habla y escucha mejor de lo que escribe. Respeto y cuido mi entorno, le soy agradecido a la naturaleza. Soy tan optimista que pienso que nuestro México tiene arreglo, aunque también considero que las fronteras sobran. Me encantan los perros, porque creo que son el modelo del humano ideal. Amo la música.