Monterrey opina

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El mensaje desde nuestras instituciones debe ser claro, NO más espacio ni recursos destinados a la circulación de automóviles particulares. Las consecuencias de continuar por este camino nos costarán más que una inversión millonaria, estaríamos votando en contra de nuestra salud, el medio ambiente y nuestra ciudad.

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En Monterrey, Nuevo León, el día 27 de junio, el gobierno de la ciudad inició una “encuesta ciudadana”, según lo expresa su alcalde, Adrián de la Garza Santos:

“El día de hoy iniciamos una campaña para conocer la opinión de los ciudadanos en cuanto a la factibilidad para la construcción de viaductos elevados en la ciudad, y ver si nos autorizan seguir con este proyecto”.

Más que una campaña o sondeo para conocer la opinión de los ciudadanos pareciera una validación fingida de lo que sabemos que se obtendrá de esos votos.

Si bien los teóricos en el tema se han cansado de repetir que la construcción de un “segundo piso” no soluciona los problemas de congestión vial, sino que los agrava, es un mensaje que no interesa a la mayoría de la población regiomontana que sueña que un paso elevado le hará disminuir sus viajes de más de dos horas en carro para llegar a su trabajo. 

Al fin y al cabo, como señala la paradoja de  Braess al agregar mayor capacidad a una red vial, los usuarios siempre elegirán de forma “egoísta” la ruta más rápida para minimizar sus tiempos de viaje, por lo cual todos los conductores elegirán las nuevas vías, generando el fenómeno conocido como demanda inducida, donde al construir más infraestructura para el automóvil, más personas elegirán transportarse en su vehículo particular y no en transporte público. Un claro ejemplo de esto es la Av. Leones y sus pasos a desnivel, donde en el corto plazo los viajes se realizaron más rápido, pero en poco tiempo la situación cambió debido a la demanda inducida y las vías volvieron a estar congestionadas. 

El mensaje desde nuestras instituciones debe ser claro, NO más espacio ni recursos destinados a la circulación de automóviles particulares. Las consecuencias de continuar por este camino nos costarán más que una inversión millonaria, estaríamos votando en contra de nuestra salud, el medio ambiente y nuestra ciudad.

Es entonces preocupante que el municipio tome una postura de espectador. Ignorando las deudas que tiene pendientes con la ciudad, votando puentes y segundos pisos cuando se quedan en papel y en el olvido proyectos de infraestructuras peatonales, ciclistas y reestructuración del transporte público.

La participación ciudadana activa es un hecho ineludible y necesario en las democracias modernas. Más allá de nuestra participación mediante el voto en tiempos electorales es indispensable que la ciudadanía vigile y cuestione el actuar de sus servidores públicos y representantes, garantizando así la representación popular y el desarrollo integral de nuestra sociedad.

Las calles deben ser para todos, el tiempo y espacio del automóvil ya pasó. Y eso no se pone a votación.

Daniela Montiel

Arquitecta, Profesora y Urbanista. Entusiasta de las ciudades y su gente. Aprender es lo que me mueve.

Pedro Ramírez

Arquitecto, Urbanista y profesor. Apasionado de las ciudades y la movilidad.