Monólogo colectivo

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Para mí es poco alentador entrar en algo que parece debate, pero donde en realidad se presentan situaciones de violencia y falta de interés por leer y conceder una oportunidad a la forma de pensar del otro. Es lamentable que, teniendo herramientas de comunicación con tantas posibilidades como son las redes sociales, las usemos tan pobremente.

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Hace poco en Facebook, leí una publicación y los comentarios que de ella se derivaron. Me recordaron algo que estudié hace muchos años, cuando me formaba como maestra de primaria. En aquella época aprendí que hay una etapa en el desarrollo infantil, alrededor de los tres o cuatro años, donde aparece un comportamiento llamado monólogo colectivo. En él se puede ver a un grupo de niños juntos, aparentemente conversando, pero que en realidad cada uno está atendiendo a su propio discurso sin enterarse de lo que dicen los demás.

Tengo la sensación de que ese comportamiento sucede repetidamente en las redes sociales, a pesar de que todos los que estamos allí somos adultos, por lo menos cronológicamente. Muchas personas exponen sus pensamientos y otras aparentemente les responden sin que haya un diálogo auténtico. Muchas de las veces exhiben,  además, un comportamiento agresivo, llegando a los insultos.

Con ese panorama, no parece que tenga sentido participar si uno tiene el propósito de dar a conocer el punto de vista propio a los demás. Para mí es poco alentador entrar en algo que parece debate, pero donde en realidad se presentan situaciones de violencia y falta de interés por leer y conceder una oportunidad a la forma de pensar del otro. Es lamentable que, teniendo herramientas de comunicación con tantas posibilidades como son las redes sociales, las usemos tan pobremente.

El caso que provocó estas reflexiones comenzó con una publicación que decía:

“Sí al aborto legal. Siempre. Sí. La lucha de las mujeres argentinas no terminó ayer, todo lo contrario, con su esfuerzo encendieron la esperanza en toda América Latina. No hay maternidad elegida sin aborto legal y gratuito.”

Y de allí, la locura. 465 comentarios en menos de 48 horas. No me interesa ahora analizar las posturas que se trataron de defender, sino comentar otras cuestiones que me llamaron la atención. Por ejemplo, la distribución: hay 57 comentarios que pueden servir como inicio de argumentación, 18 de los cuales no tienen respuesta. Por otra parte, hay 9 que tienen más de 20 y uno con más de 50, es decir que aproximadamente solo uno de cada seis inicios de hilo es tomados en cuenta para generar un intercambio.

En ellos, la mayoría de los mensajes eran descalificaciones o insultos: “Basta con que no se bajen los calzones” o “solo son chamacas tratando de llamar la atención”; relaciones temáticas forzadas del tipo: “No entiendo cómo alguien que pelea por la defensa del medio ambiente, por la protección de la flora y la fauna, apoye totalmente el asesinato de un ser por medio del aborto.” Y alguno que directamente parece una calumnia dado que quien lo escribió no respondió cuando se le cuestionó acerca de la razón de su dicho: “Es claro que hay dinero de por medio, ya ha cambiado radicalmente de opinion (sic) en otras ocasiones mostrando incongruencia…”.

En honor a la verdad, puedo decir que hay tres hilos que, desde mi punto de vista, sí contenían una exposición con datos, cifras, ligas periodísticas, es decir, información; que además mostraban que la persona que estaba escribiendo había hecho un trabajo de análisis de todo lo que había recibido y que había un proceso de reflexión y construcción de la propia opinión para mostrarla a los demás. Esto les posibilitaba argumentar, examinar lo que el otro le estaba diciendo, analizarlo para rebatir y construir un ejercicio dialéctico.

Después de esta experiencia, me quedo con la sensación de que Facebook se han convertido en un lodazal donde cualquiera con mucha agresividad y poca sintaxis puede dar rienda suelta a sus frustraciones casi desde el anonimato y la impunidad. Me cuestiono si seremos capaces de aprovechar el poder de las herramientas de comunicación que tenemos a nuestra disposición. ¿Tendremos posibilidad de romper esta deriva y salir de la etapa infantil de monólogo colectivo?

Me he dedicado toda la vida a la educación en diferentes modalidades y niveles. Me apasiona leer y escribir. Soy amante de la diversidad humana, defiendo la alegría. En algún tiempo, activista animalista. Aprendiendo cada día, gracias a las ideas de los participantes de los talleres de columna de opinión.