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Mis mujeres

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Dicen cosas como: Yo no paro este 9M; a mi invítame a marchar, pero por la seguridad; justicia para todos, no solo para las mujeres.

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Disfruto mucho más escuchar que opinar, y hoy, sí que he escuchado. Me la he pasado escuchando a mis mujeres, que quiero tanto. Algunas me han acompañado en llanto y otras me han doblado de la risa en algún gajito jugoso de la vida.

Me las he cruzado en los días, en un salón, en una fiesta, en la calle. Las llevo en un hilito de vasos desechables que traigo colgado como teléfono, por el cual todas me han escuchado también a mí. Ellas hoy hablan, y yo las escucho. Dicen cosas como: Yo no paro este 9M; a mi invítame a marchar, pero por la seguridad; justicia para todos, no solo para las mujeres.

Mis amigas hoy proponen a sus hijos cómo razón incuestionable para no detenerse un día: hay que enseñarle a estos niños a no tener miedo; algunas presumen su superior intelecto, con el que juzgan lo que ignoran; Y otras hasta se estudiaron dos que tres porcentajes y se armaron un argumento con cual defenderse de no sé qué. Ellas, tan preparadas para el mundo.


Fúrica, me cuestiono ¿Acaso son estas mi mujeres? Sí, Isabel, estas son tus mujeres. Y que nunca se te olvide que estas son tus mujeres. Son tus mujeres y al mismo tiempo son sus niños, que son tus niños, ellos que no van a temer a lo que no ven, hasta que lo vean.

Estas son tus mujeres y son sus ganas y sus miedos y sus logros. Son todo lo que estudiaron y todo lo que les enseñaron, son lo que aprendieron en casa y en la calle también.

Son tus mujeres, Isabel, y también son lo que no saben y lo que ignoran y lo que creen. Son tus mujeres y sus familias. Son porcentajes, números y palabras. Son lo que su tía le dijo a su tío y lo que él le contestó. Lo que les contaron de su abuelo y lo que su papá, bien o mal, les compartió. Son las carencias de su tío el mayor. Son el esposo en el que encuentran refugio o a lo mejor, la esperanza de encontrarlo. Son todos los besos que las respaldan y el amor que les da valor. Son el lugar donde crecieron y el sol que las calentó. Son su mamá, que nunca paró. Son la abuela, que también tuvo una mamá que nunca paró, que también tuvo una mamá y que tampoco nunca paró.

A lo mejor, son su mamá que se detuvo. Son lo que tu mamá te enseñó a ver en ellas, con los ojos grandes, sin abrir la boca. Son lo que vieron y lo que no han visto. Son sus memorias, cortas, largas, claras, negadas, exhaustas; como la tuya.
Ya para aclarar, son tus mujeres aunque nunca te las hubieras cruzado, aunque no las traigas en tu hilito y aunque no sean tuyas.

Isabel Alvarado

Diseñadora regia transitándole. Fan del sol y las orejas de mi perro. Llevo un diario para mis nietos @iisabelat