Mi primer Shabbat

Me sentí maravillada y observaba todo. No conocía esa ceremonia, en el cristianismo no se acostumbra. La joven nos explicó lo que podíamos o no hacer, reglas mínimas pues éramos invitados no judíos: no prender radio, ni TV, ni celular con sonido fuerte, nosotros podíamos encender o apagar luces, ellos no.

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En marzo de 2017 tuve la oportunidad de visitar Israel. Estuve junto con mi familia una semana en Jerusalén, una ciudad muy especial y hermosa.    

También conocimos Mizpe de Ramón, una pequeña ciudad ubicada en medio del desierto, muy cerca de Bethesda, a una hora y media de distancia de Jerusalén. A Mizpe nos invitó una amiga de Facebook de mi hija, no se conocían personalmente, sin embargo, fuimos recibidos y hospedados con una amabilidad y generosidad sorprendentes.

La joven es una mexicana convertida al judaísmo, psicóloga; su esposo es un judío nativo, psiquiatra y psicoanalista. Ellos son muy celosos de guardar todas las enseñanzas y ritos del Shabath, Una ceremonia sagrada para su religión, y nos invitaron a celebrarlo con ellos. Es una fiesta muy importante para los judíos, que se realiza cada semana, desde el viernes a las 6PM hasta el sábado 6PM o anochecer.

Me sentí maravillada y observaba todo. No conocía esa ceremonia, en el cristianismo no se acostumbra. La joven nos explicó lo que podíamos o no hacer, reglas mínimas pues éramos invitados no judíos: no prender radio, ni TV, ni celular con sonido fuerte, nosotros podíamos encender o apagar luces, ellos no.

En muchos lugares de Israel las actividades se paralizan para los judíos a las 6PM del viernes, no usan el carro, solo caminan. No realizan ningún trabajo físico, no lavan, no limpian, no cocinan. Solo descansar, orar, pasear, convivir.  Las mujeres preparan los alimentos para el Shabat desde uno o dos días antes, todas las comidas que se necesiten, desde hornear el pan, postres, guisados, etc.

Para prepararnos para el Shabat nos llevaron a lavar las manos con una ánfora separada para ese uso y el lavado se realiza de una forma específica. Para iniciar la ceremonia nos vestimos nuestras mejores galas, es la costumbre, los hombres con kipá (pequeña gorra en la cabeza), y nos acomodamos alrededor de la mesa.  Luego el jefe de familia da inicio a la celebración del Shabat con una oración especial donde agradece a Dios por ese día, ellos lo hacían en hebreo y luego en español, en atención a nosotros, y nos proporcionaron un libro de oraciones y cantos.

Enseguida la señora encendió dos velas y movía las manos hacia sí tres veces, signifcando la luz y el Espíritu de Dios hacia ella.  Luego de la oración el esposo llenó de vino una copa grande, la hizo rebosarse en un platito que la soportaba; él tomó de la copa, la repartió a todos para que bebiéramos de la misma y regresó a él.  Enseguida sirvió de la botella a la copa de todos.  Después el esposo bendijo un pan grande, lo comió y repartió a todos aventándolo ligeramente a cada uno, todos debíamos comer y terminarlo.

Posteriormente el esposo leyó una parte de la Torá (libro sagrado de los judíos, equivalente al Antiguo Testamento de la Biblia) en hebreo, luego en español y nos instruyó sobre lo leído: el éxodo judío, la salida de los hijos de Israel de Egipto, nos habló de las 613 mandamientos de la Torá y nos explicó que no era necesario que nosotros como no judíos los guardáramos, sino esencialmente  los siete Preceptos Universales:  no cometer idolatría, no blasfemar contra el Eterno, no asesinar, no robar, no cometer inmoralidades sexuales, no comer la carne de un animal vivo, no dejar de establecer cortes de justicia.

Posteriormente empezó la cena y el esposo dirigió una oración especial de gratitud por los alimentos. Para esta cena acostumbran tres o cuatro platillos:  Falafel (platillo típico, tipo albóndigas de garbanzos), brisket (carne), kishke (especie de salchicha grande de tripa de vaca), Adafina (carne de cordero o res), y pan Jala, muy rico.

Al finalizar la cena entonamos muchos cantos especiales para el Shabat, muy hermosos, con pasajes bíblicos.  Posteriormente conversamos mucho sobre psicología, psicoanálisis, las costumbres de Israel, etc.  hasta la medianoche cuando ya nos retiramos a descansar. Fue una hermosa y memorable velada.

Al día siguiente la señora tenía preparado un almuerzo abundante, típico de Israel.              

Posteriormente salimos a pasear a un Observatorio cercano en un hermoso cañón. Después, la comida y la cena fueron igual de abundantes, tres o cuatro platillos cada vez. Al finalizar el día el esposo realizó una oración de gratitud por el Shabat terminado.

Fue hermoso compartir con este matrimonio su rito familiar hecho con tanta devoción, solemnidad y respeto, así celebran el día que Dios les ordenó descansar del trabajo, desde la creación.

Me asombró mucho su cultura. Me admiró mucho su espiritualidad, su respeto genuino a todos sus ritos y fe, su deseo de agradar a Dios.

Carmen Quintana

Psicóloga, escribir es mi voz.  Me inspira compartir mis  experiencias de vida y fe y apoyar a muchos a través  de ellas. Con mucho cariño.

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