Mi otra María 

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Ahora entiendo la complejidad que expone la película porque describe la relación de amor entre una persona que te cría cuando eres pequeño pero que al mismo tiempo creces sabiendo que trabaja para ti.

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María no se dice “cate”, es aguacate hasta que no hables bien no vas a comer. Marí siempre me corrigió en todos los sentidos, desde cómo caminaba, ir al baño por mi cuenta, hasta que debía usar tenedor para comer el arroz. La figura materna de Marí me enseñó a ser segura, a que no se me quemara la comida y lo más importante: me enseñó que no importa quién seas o en qué trabajes, el amor y la empatía puede derribar todas las barreras. 

Recuerdo que cuando vi Roma por primera vez, reviví mi historia con Marí, la persona que me cuidó desde que nací hasta los 12 años. Por lo tanto, surgieron sentimientos de nostalgia, agradecimiento y hasta cierto punto extrañeza; me pregunté, ¿cómo puedes olvidar a una persona que estuvo ahí tantos años? Después volví a ver la película por segunda ocasión, y esa fue la más dura, porque detecté la violencia. La violencia que la película retrata es silenciosa y lo peor, es cotidiana. Claramente desentraña la violencia de género que viven Sofía y Cleo, pero desde realidades muy diferentes. Lo que más me impresionó es que en algunas escenas claves no fui capaz de reconocerla en el primer momento, sino hasta después.

Lo anterior, me llevó a reflexionar en qué tan difícil es reconocer la violencia y la discriminación porque (desgraciadamente), está inmiscuida en nuestra convivencia, por eso el personaje de Cleo es fundamental para sensibilizar a todo un país que por costumbre aprendió a discriminar y desvalorizar a las trabajadoras del hogar.

Roma abordó un tema que siempre estuvo latente pero que por comodidad y hasta cierto punto, por vergüenza de los más privilegiados, nunca se logró posicionar en las mesas de discusión. Para mí el valor central de la película es que aborda temas que nos atañen a todas las personas, porque logró retratar la discriminación racial, social y de género. Nos mostró cómo la sociedad aprendió a tratar a las trabajadoras del hogar como objetos que están para satisfacer todas tus necesidades, tan es así que hasta te expone cómo en muchas ocasiones también son las que se llevan los regaños, gritos o exaltaciones para poder desquitar sentimientos de enojo, frustración o depresión. 

Roma te lleva por un camino plano en donde pareciera que no pasa nada fuera de lo normal, cada escena retrata una familia común. Le dicen a Cleo que es parte de una familia en donde no puede sentarse en el sillón, comer en el comedor o prender la luz de su cuarto. Cleo termina siendo parte de una familia, pero que ni siquiera recuerdan su nombre completo. 

Ahora entiendo la complejidad que expone la película porque describe la relación de amor entre una persona que te cría cuando eres pequeño pero que al mismo tiempo creces sabiendo que trabaja para ti. Eso me ha hecho reflexionar sobre mi propia infancia y el papel que Marí tuvo en ella. Me he cuestionado cosas que a la mejor antes no habían surgido y removió sentimientos que no había identificado, pues ¿no fui capaz de reconocer el papel fundamental que Marí tuvo en mi formación?

El éxito de Roma y su alcance no solo se ha quedado en el reconocimiento internacional y galardones por su excelente producción, sino que ha impulsado (por fin) la lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar desde todos los sectores sociales. La película logró además que una parte de la comunidad se sintiera identificada con Cleo pero también con la familia, y eso está provocando que nos sintamos parte del problema pero también responsables de las soluciones. 

Al día de hoy no sé en dónde se encuentra Marí; hace algún tiempo intenté localizarla, pero mis esfuerzos no rindieron fruto, sin embargo, ahora me pregunto ¿no será tiempo de volver a buscarla? Siempre llevo conmigo su recuerdo y sus enseñanzas, pues ella fue una de las figuras principales femeninas que me ayudó a ser la persona que soy hoy en día, y por eso le estaré eternamente agradecida. 

María Elizondo Guajardo

Vivo entre las montañas más bonitas, soy abogada y trabajo por la defensa de los derechos humanos. Me gusta escribir, leer, ver películas y comer chocolate. Solo espero que lo injusto nunca me sea indiferente.