Meditación sobre la pala

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Francis Ponge, en El silencio de las cosas, habla de cierta mudez a la que las cosas están sometidas: sólo a través de sus posturas, de sus maneras de ser, es que pueden expresarse. Es esa su condena.

Una luz baña esta pala clavada en una pila de grava. Aquí está, aquí estamos, reflejando lo involuntario de nuestra existencia, debajo de un cielo gris que no deja de caerse. Su mango de madera, asido quién sabe cuántos miles de veces, se alza inclinado dudosamente. Su plancha anaranjada se muestra solo a medias. Pienso en Ponge cuando dice que, si un objeto es de cierto color, lo es precisamente porque no deja pasar los rayos de esa tonalidad, son detenidos, y que es esta su condena.

Abdul ataca la tierra con una pala distinta pero que cumple la misma función. ¿Qué de lo que somos, de lo que hemos sido, no se deja ver? Tú, un refugiado político; yo, un inmigrante irregular: dos no-ciudadanos. El dolor, el conflicto, la sangre que no se quería derramar. ¿Qué han hecho con tu Siria querida, amigo del alma? Puedo dibujarte en Homs, calculando y trazando planos que sirvieron de ruta para que otros tomaran furiosamente la pala de sol a sol, el mismo sol que hoy no nos cobija. Nos miro y veo a dos hombres que han dejado un pedazo de sí en otra tierra y que ahora se afirman como mercancías: su mano de obra y sus ganas de volver. ¡Cuántas vidas no vividas se han quedado en casa! Dice Anzaldúa que, como personas de clase trabajadora, nuestra principal actividad es conseguir comida. Hoy, cerca de los cero grados centígrados, metido en un impermeable grueso que siento como una incómoda piel distinta, se me ocurre que, tan crucial como eso es reconstruirnos a partir de los fragmentos que hemos podido rescatar, descifrarnos a partir de las ruinas de nosotros mismos que cupieron en la maleta. Palear, cavar, volver a palear y a cavar. Esta pala es eso y nada más que eso. Una herramienta rígida, instrumental, irrompible. Hasta ahí. De pronto, me invade la posibilidad de sus otras infinitas cualidades: el encuentro con rocas formadas y endurecidas en otro sitio, un lodo amasado a partir de otros ritmos, el pulso cansado de quien no conoce la palabra fatiga y ese momento en que la fuerza inexorable del tránsito termina por partirla irreparablemente en dos.

La falsa benevolencia del Estado y las puntas de sus extremidades blancas y torpes, llamadas patrón y oportunidad, nos acarician, pidiendo de vuelta el gesto de la gratitud obligatoria por ser recibidos, acogidos, por hacernos sentir mejor que en casa. Retumba en este país algo más que buenos modales, monedas con simpáticos animalitos y hojas de maple. Mineras y multinacionales saquean nuestros mares, nuestras geografías. Y entonces llegamos aquí, empujados por la marea, hasta estos países desarrollados y tocamos la puerta con la mirada perdida, escuchando la sentencia: good to have you here, Canada needs hard workers like you, guys. Toda diáspora aparece como un fastidioso reflujo que incomoda e irrita. Abu Tarek, como solían llamarte tus amigos en Siria, balbuceamos en inglés; amamos, sonreímos, añoramos en nuestras lenguas. Obligados entre encuentros y forcejeos, hemos aprendido a nombrar objetos, como estas mismas palas que llevo tatuadas en mi antebrazo izquierdo. Estas aspiraciones impuestas han ido permeando punzantes hacia lo más profundo de nosotros. La bandera imaginaria del multiculturalismo se desvanece. ¿Cómo es que me atrevo a hablar de nosotros cuando tu pasaporte ha sido volado en mil pedazos, sin derecho a volver? Es un abrupto atrevimiento. Creo que ambos hemos sido aguijoneados por la ininterrumpida y vital inquietud de autonombrarnos. Nuestra identidad es disputa. Aquí, frente a esta pala que es tantas cosas que aún no hemos dicho y, de alguna manera extraña, nos abraza.

Jaime González

Su formación ha sido accidentada, intempestiva: idas y vueltas a la licenciatura en filosofía, idas y vueltas al trabajo obrero en Canadá. Pasea por intersticios que encuentra entre las ganas de escribir, el intento siempre inacabado de migrar y un sinfín de ensayos de volver a casa.