Me canso, ganso

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Ya que el Presidente López Obrador nos ha pedido nuevamente nuestro voto de confianza, le doy el mío sin dudarlo y lo hago hoy desde una postura relajada, con el ánimo elevado; lejos del miedo que  me consumía antes del intercambio de la banda presidencial.

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Andrés Manuel López Obrador me pidió mi voto y se lo di. Cuando los medios dieron la noticia de que había ganado la elección, yo todavía no lo podía creer. “Aquí hay gato encerrado”, mascullaba para mis adentros, mientras en la vorágine de pensamientos que se urdía en mi cabeza rondaba el espectro del escepticismo y la incredulidad: “No puede ser que los dueños del poder esta vez no nos hayan hecho trampa” meditaba.

Pasaron las semanas y yo todavía esperaba el chasco, el golpe de estado, el atentado. Confrontaba mis temores con el desempeño del Presidente Electo. Él, tan seguro, yo, tan temeroso. Me pasaba contando los días que faltaban para alcanzar la torturante fecha de su investidura como Presidente Constitucional. Todavía, minutos antes de su llegada al congreso mi temor de desastre no cesaba: la gente lo rodeaba, querían la selfie, tocarlo, saludarlo, desearle buena suerte y él, parsimonioso, se detenía a atenderlos. Yo mientras, me jalaba los pelos desesperado, esperando que de un momento a otro la contrariedad nos tomara por sorpresa. Pasaba por mi mente una y otra vez la escena del martirio de Luis Donaldo Colosio.

Finalmente Andrés Manuel arribó al Congreso y eso fue suficiente para calmar mi ansiedad. A partir de ese momento el Señor Presidente de la República se fue dibujando ante mi vista. Cesaron mis temores y aprendí de su conducta lo que es vivir libre, seguro, confiado y sirviendo a los demás. Sus palabras me infundieron confianza. Recuperé la fe perdida.

Se que las generaciones de mexicanos nacidos después de los años setenta han vivido un México cada vez más injusto, un México lastimado por un neoliberalismo rampante que cambió las reglas del mercado, dejando en manos de unos cuantos la riqueza del país y acelerando la pobreza de la gran mayoría; causando por consiguiente calamidades como la corrupción y la descomposición del tejido social. Los medios manejados por la oligarquía se han encargado de denostar la trayectoria de Andrés Manuel, como cuando lleno de justificado enojo dijo: “al diablo sus instituciones” al conocer el fallo fraudulento del IFE en 2006; o cuando en Tabasco enarboló la toma de los pozos petroleros que contaminaban las tierras de los comuneros. Muchas personas no saben del Andrés Manuel insurgente, del dirigente de las causas justas y enemigo de la corrupción. Sus detractores ponderan su actitud desafiante per se, no aclaran que sus combates fueron siempre contra la injusticia y la corrupción.

Cuando en su toma de posesión como Presidente Constitucional, nos leyó la cartilla, la plutocracia se sintió amenazada. Creen que con la pérdida de privilegios perderán también su poder y riqueza acumulados. Ellos serán el principal escollo para el gobierno que inicia. Habrá que neutralizarlos con un desempeño impecable en puntualidad, honestidad, eficacia y esfuerzo en cada programa que se inicie.

Ya que el Presidente López Obrador nos ha pedido nuevamente nuestro voto de confianza, le doy el mío sin dudarlo y lo hago hoy desde una postura relajada, con el ánimo elevado; lejos del miedo que  me consumía antes del intercambio de la banda presidencial.

Navego en este buque que es mi país, habrá temporal, no lo dudo. Afortunadamente mi fe ha sido restaurada y el miedo se ha tornado en esperanza. Trabajaré hasta mi último aliento por la causa de mis compatriotas, por su emancipación, por la paz en los hogares mexicanos. Te invito a hacer lo mismo. Llegaremos a puerto seguro, “me canso, ganso”.

Jorge Gerardo Peredo

Mi nombre es Jorge Gerardo, me gusta la música y la filosofía. Antes me gustaba leer; mis autores fueron Hermann Hess, Eric From, Saint Exupèry, Dyer, Agustín Yañez y aún hoy, de vez en cuando repaso a Lao Tse. También me gusta la poesía: Sabines, Neruda, Kayam. Participo un poco en el Facebook y de vez en vez leo El Norte. Me gusta mi hogar y soy feliz con la familia que me tocó. Soy piloto de helicóptero. Como podrás darte cuenta, soy de pocas palabras, aunque, a decir verdad, no es por arrogante sino más bien por timidez. Estoy a tus órdenes.