Maestros de vida

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Mi vientre duro parecía un globo con agua llevado al límite. Con las piernas hinchadas y el corazón trabajando extra para mantenernos a ambos, mis movimientos también eran limitados. Con las ojeras de toda la vida más acentuadas, me dormí sabiendo que el final estaba cerca, que el tiempo había llegado.

A las cinco de la mañana me levanté de la cama. La fuente se reventó acompañada de un sonido estruendoso como el de una cubeta vertida de golpe.  Me bañé, puse la música de Norah Jones, me ocupé en hacer la maleta, mientras mi esposo orquestaba el resto de los pendientes. Aceptaría el dolor, pero haría lo posible por estar relajada para evitar el sufrimiento. Sin certeza, pero con ingenuidad, empacamos calcetas y cobija para mi hijo de 27 semanas de gestación, que había sido diagnosticado 3 semanas antes como “incompatible para la vida”.

Ángel David, mi hijo, llegó y partió el 21 de septiembre de 2020 a las 10:10 am. El dolor de las contracciones fue tolerable hasta que supe que ya no tenía vida. En ese momento llegó el sufrimiento de mi pérdida a cada rincón de mi ser y de mi alma.

¿Quiénes logran influenciar nuestras vidas? Son las personas que amamos y con las que conectamos las que se convierten en verdadera inspiración, las que nos hacen crecer.

Con su pequeña vida, nuestro hijo logró inspirarnos. Por él, arreglamos el jardín, instalamos los closets y depuramos lo que ya no tenía cabida en nuestra vida para darle espacio. Hicimos que nuestra casa fuera aún más hogar. Me ejercité, también elegí mejor con qué alimentar mi cuerpo, mente y corazón.

Su vida, nos enseñó que la felicidad compartida, con amigos y familia, se multiplica. También que serán ellos quienes nos reconforten en el duelo, nos den soporte, nos mantengan.  Nos dio cátedra de solidaridad cuando las personas cercanas y no tan cercanas, se acercaron con respeto a nuestro propio proceso para hablarnos del suyo, de sus pérdidas, de la luz que encontraron pese a las circunstancias.

Como nosotros, hay otras familias, pero de estas historias se habla muy poco, en ese silencio se pierde la posibilidad de conectar con la comunidad y concientizar a las personas sobre este duelo. Acompañar a los padres y a las madres con cariño, justo en esos momentos en que no existen palabras mágicas que apaguen su dolor, ayuda a sanarlos en mente y corazón. Sin importar las semanas de gestación, la pérdida de un hijo lleva un proceso, que se vuelve más llevadero con acompañamiento. Por eso agradezco a mi esposo, a mi familia y amigos por formar la red de amor que me sostiene, que le da luz a mis días.

En este tiempo en que mi hijo llegó y partió con luz, he descubierto la fortaleza de mi pareja, su fe inquebrantable, su capacidad de amar. En mi pecho lleno reconocí lo maravilloso de mi cuerpo, lo mucho que tengo para dar, mi propia fortaleza. 

Vivir con dolor, aceptarlo como parte de la vida, reconocerlo y abrazarlo, permitirle fortalecernos, unirnos más. Vivir con dolor no significa vivir en sufrimiento. Hay que buscar paz, vivir un día a la vez, honrar la vida de quien ambiguamente, se fue y permanecerá siempre con nosotros. Honrar su vida continuando y procurando la felicidad en la nuestra.

Me reconozco madre, porque, aunque mis brazos están vacíos, mi corazón está lleno.

Dedicado a Ángel David, a su pequeña vida y su gran legado. 

Diana Acevedo

Apasionada del marketing, la TV y los libros. Creo en el amor verdadero, en conectar para hacer comunidad, en la amistad y en el poder de una buena historia. Trabajo para conservar la montaña, escribo para encontrarle sentido a la vida y camino para encontrar paz.