Los zapatos de la mamá de Luis

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En 23 años como terapeuta y psicóloga escolar, he tenido el privilegio de acompañar a familias en el largo camino de la mejora, pero en muchas de las ocasiones e incomprensiblemente, son los padres de familia de los compañeritos quienes se convierten en los principales obstáculos para lograr construir historias de éxito y aprendizaje en los casos de niños con necesidades específicas emocionales o cognitivas.

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Hace dos horas que la mamá de Luisito salió de su cita con el director de la escuela; no puede parar de llorar, se siente totalmente incomprendida e impotente. Le acaban de avisar que Luis no puede seguir asistiendo a clases, el director le informó que los siete meses de apoyo ya fueron muchos y Luis no eliminó su condición de diabetes tipo 1. Además, argumenta que los otros papás del salón se quejan constantemente de las consideraciones y cuidados que recibe Luis por su condición de diabético.

Cerca de ahí, las mamás del salón de Luisito, al conocer la noticia, se siente muy alegres y tranquilas; fructificaron las citas que tuvieron con el director, donde se quejaban del trato especial que Luis recibía, las veces en que las maestras solicitaron ayuda de los niños para sacarlo de una crisis y lo que “tuvieron los pobres” que aprender, para que él pudiera integrarse al grupo.

¿Suena injusto? ¿Parece inhumana esta postura? Y, si en lugar de la condición de diabetes, ¿la cambiamos por Trastorno por déficit de atención, o por Trastorno del espectro autista o conflictos emocionales, o bien, depresión?

La Organización Mundial de la Salud, indica que por lo menos el 15 por ciento de la población mundial tiene algún tipo de discapacidad. En México, el Sistema Nacional Educativo (SEN) señala que durante el inicio del ciclo escolar 2017 – 2018 se atendió a un total de 612 mil 039 estudiantes con en situación de discapacidad, dificultades severas de aprendizaje, comunicación, conducta o actitudes sobresalientes. Todos estos niños están a nuestro alrededor.

En 23 años como terapeuta y psicóloga escolar, he tenido el privilegio de acompañar a familias en el largo camino de la mejora, pero en muchas de las ocasiones e incomprensiblemente, son los padres de familia de los compañeritos quienes se convierten en los principales obstáculos para lograr construir historias de éxito y aprendizaje en los casos de niños con necesidades específicas emocionales o cognitivas.

Para acompañar a todas estas familias existe un poderoso apoyo: la comprensión y colaboración de todos los que están alrededor. Siempre se estremece mi corazón con las muestras de empatía y solidaridad que los niños reciben de sus propios compañeros; experiencias de crecimiento invaluables y constructoras de vida plena. Sin embargo, veo con profunda tristeza, que son los adultos, quienes no muestran empatía en estas situaciones, exigiendo en tiempos absurdos una total resolución de la condición de estos niños.

¿Que sucederá cuando, por fin, al despertar nos pongamos en “otros zapatos”? Empecemos con los zapatos de la mamá de Luis: siempre apurada y cargada de bolsas, ¡hagámoslo! Desde esta mañana me convierto en ella: ahora tengo 3 hijos y desde temprano salgo con la mochila de cada uno de ellos. Nuestra primera parada es la guardería para dejar al pequeño. En mi hora de comida, paso por Luis y su hermano para dejarlo en casa de tía Ana que los cuida mientras regreso a trabajar. En el trayecto, como en los altos que me tocan. Cargo mi bolsa también, que va llena de esperanza: de que hoy Luis tenga un buen día, sin reportes. Llega mi hora de salida y empieza la tarde de Luis: dos días lo llevo a terapia y otros dos a karate, “para que saque toda esa energía que a veces no controla”. Al caer la noche, llegamos a casa, donde llenamos gráficas que le han estado ayudando a mantenerse “más controlado”. Llega mi esposo y continua la rutina: cena, baño, uniformes, tareas, mochilas, lonches, cambios de ropa, etc. Es media noche cuando llegamos a nuestra habitación. Seguimos con la logística de mañana, pues tenemos cita de seguimiento con la psicóloga y en 3 días, cita en la escuela; platicamos de lo difícil de pedir permisos no urgentes con nuestros jefes y lo que tenemos que hacer para compensar estas salidas. Por fin, es momento de dormir pues en menos de 5 horas nos despertará la alarma. Así mi martes.

Ahora me quito, cansada y pensativa, los zapatos de la mamá de Luis.

No veo nada de esto cuando nos quejamos (¡o callamos!) si alguien critica a ese niño tan inquieto, otra vez hablamos de cuando las maestras lo tuvieron que abrazar casi toda la asamblea para que no corriera, del cómo mi hijo tiene que tolerar cuando grita frustrado o tiene un arranque de llanto, estas pláticas tan frecuentes y destructivas. Pláticas y actitudes que minan esperanzas y futuros merecidos, tan solo por el hecho de ser niños en un proceso de mejora.

Pongámonos aquellos otros zapatos: voltea alrededor y descubre a quién puedes ayudar con tu empatía, con tu apoyo y tu paciencia. Maravíllate de unos ojitos brillantes que te gritan ¡gracias! Esos ojos se multiplican invariablemente en una mamá y un papá, en la maestra, en la terapeuta y los abuelos, en fin. Se multiplican en todos los que creemos que juntos, ¡si podemos! Y que cada niño se merece que se confíe en él, en su propio proceso de mejora, amorosamente acompañado y sin prisas. Solo necesitamos de vez en cuando, otros zapatos para vivir mejor.

Taydé Sabrina Sánchez Esquerra

Mamá, psicóloga; apasionada de la educación, coleccionista de alegrías y bellezas. Socia y Voluntaria en organizaciones que multiplican lo bueno a través de la educación, la investigación, la compasión y la ayuda fraterna.Directora y fundadora de Terapia & Soluciones. Centro de Neuropsicología, Educación y Familia. “Niente senza gioia” L.Malaguzzi.