Los pequeños gigantes de Monterrey

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Ese inolvidable día de 1957, México se paralizó y las calles de las principales ciudades se llenaron de aficionados jubilosos. Se dice que entrevistaron a Ángel al finalizar el juego y él no sabía que había lanzado un juego perfecto. En mi pueblo natal no teníamos señal de televisión, así que mi papá y yo estuvimos pegados a la radio hasta que cayó el out número 18 y la hazaña se consumó.

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Como si fuera ayer, recuerdo las palabras del cronista deportivo: “El pitcher Ángel Macías acepta la seña de su cátcher, se impulsa, viene para la goma, abanica y strike three”. Se refería a Joe McKiraban, poderoso bateador del equipo de La Mesa, California, al ser ponchado y caer el out final en la Serie Mundial de las Ligas Pequeñas de 1957.

El partido terminó con victoria mexicana de 4 – 0, consiguiendo la gloria del primer Campeonato Mundial de las Ligas Pequeñas para un equipo no perteneciente a los Estados Unidos y ¡el único juego perfecto en esa competencia hasta el día de hoy!

Para quienes amamos al Rey de los Deportes, es una fecha que siempre recordamos. En la soleada y calurosa tarde canicular del viernes 23 de agosto de 1957, Ángel Macías saltó al terreno de juego del estadio Howard J. Lamade en Williamsport, Pennsylvania, con la determinación reflejada en su rostro.

Junto con él sus compañeros de la Liga Industrial de Monterrey se encontraban listos en sus posiciones de juego, pues estaban a punto de escribir una nueva historia frente a los altos y fornidos integrantes del equipo de La Mesa, California.

Para darnos una idea de la diferencia física entre ambos equipos, basta decir que los regios medían 1.57 metros y pesaban 41.7 kilos en promedio, mientras que los güeros estaban en 1.62 metros de altura y 57.6 kilos de peso; ellos provenían de una liga que se jugaba en una próspera región clase media alta del suroeste de los Estados Unidos, mientras la mayoría de los nuestros provenían de colonias populares de Monterrey.

Ese inolvidable día de 1957, México se paralizó y las calles de las principales ciudades se llenaron de aficionados jubilosos. Se dice que entrevistaron a Ángel al finalizar el juego y él no sabía que había lanzado un juego perfecto. En mi pueblo natal no teníamos señal de televisión, así que mi papá y yo estuvimos pegados a la radio hasta que cayó el out número 18 y la hazaña se consumó.

Recientemente se cumplieron 61 años de dicha epopeya y es justo recordar el nombre de esos Pequeños Gigantes: Ángel Macías, Enrique Suárez, José Máiz, Ricardo Treviño, Gerardo González, Rafael Estrello, Mario Ontiveros, Jesús Contreras, Roberto Mendiola, Norberto Villarreal, Francisco Aguilar, Baltazar Charles, Fidel Ruiz y Adolfo Cortés Cuadra,  el manager Don César L. Faz, José González Torres y Harold “Lucky” Haskings.

Antes de regresar a Monterrey los flamantes campeones mundiales fueron invitados a visitar la Casa Blanca por el presidente Dwight D. Eisenhower, y días después también los recibió el presidente de Don México Adolfo Ruiz Cortines.

Justo al año siguiente, el 21 de agosto de 1958, otros Pequeños Gigantes regiomontanos repitieron la hazaña, y allí Héctor “La Malita” Torres se llenó de gloria al lanzar el juego con que el equipo mexicano se coronó campeón derrotando al representativo de Hankakee, Illinois, con pizarra final de 10 – 1.

Éste no fue un juego perfecto como el del año previo, pero sí fue un gran partido, pues mantuvo sin hit a los norteamericanos durante cuatro entradas. El mérito de este gallardete es similar al de 1957, pero a estos chicos les tocó ser los primeros campeones, quizá a eso se debe que su recuerdo esté más fresco. Pero de eso hablaré en otra ocasión.

En 2017 Macías fue entronizado en el Salón de la Excelencia, en donde acompaña a ex peloteritos que han destacado como Nolan Ryan, Mariano Rivera y el propio José Máiz.

El ampáyer dice: ¡Play Ball!

Juan Manuel Gil