Los medios y la criminalización de la diamantina

Por |

Una vez más somos testigos de cómo los medios desprestigian movimientos sociales por el simple hecho de ser ajenos a sus intereses. Lo grave del asunto es que estas decisiones editoriales reflejan y refuerzan posturas radicales.

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

La agresión sexual por parte de cuatro policías contra una adolescente evidencia la gravedad de la violencia machista. Los hechos dieron pie a movilizaciones en las mujeres, quienes salieron a las calles para gritar: ¡no me cuidan, me violan! La diamantina rosa se convirtió en un símbolo contra la misoginia que logró sacudir al país entero, pero el desprestigio no tardó en llegar. 

Creo que el debate feminista debe ser protagonizado por las propias mujeres, por lo que no pretendo entrarle ni salvar a nadie. Sin embargo, quiero utilizar este espacio para denunciar los esfuerzos de los medios y de las autoridades para desprestigiar el movimiento y así criminalizar a las víctimas y a las manifestantes.

El viernes se realizaron intensas manifestaciones en varias ciudades del país y, al igual que muchas personas que por diferentes razones no asistieron a las marchas, uno recurre a las redes para informarse del evento. Ahí nos encontramos con que una de las notas más repetidas aquella noche por los medios digitales fue la agresión de un hombre contra un reportero que cubría la protesta. No sé si nadie les avisó a los de la cadena ADN 40 que los hombres no son bienvenidos en las marchas contra la violencia machista, o si el agresor andaba de infiltrado. Pero lo que me parece lamentable es que se le dé tanta difusión a este hecho mientras las mujeres siguen sin ser escuchadas.

La nota se repite, se la copian entre todos. Es bien sabido que la prensa tuitera siempre pone lo que jale más likes. Pero lo que están haciendo es desviar la atención. La agresión contra el reportero es cobarde y lamentable, pero el video vende y da material para opinar. Se refuerza la imagen de la protesta feminista salvaje, aunque el violento fue un hombre. Todo esto mientras las manifestantes de atrás escriben historia.

La mañana siguiente, los medios impresos nacionales coinciden en señalar los daños materiales de la marcha. “Protesta, furia y vandalismo”, señala Reforma en su primera plana; “Otra vez, la violencia se impone en marcha”, Excelsior; “Marcha por equidad de género termina en vandalismo”. No explican bien qué buscan las inconformes, pero sí enumeran todas las pintas, los destrozos, las afectaciones gravísimas a la vía pública que, según dicen algunos, luego pagamos con nuestros impuestos… pero, ¿alguien se ha puesto a pensar cuánto dinero nos cuesta mantener a esta policía criminal?

El debate se impone todo el fin de semana y se alega la vieja premisa de que “la violencia no se resuelve con violencia”. Es de reconocer la campaña de varios colectivos de mujeres por enfrentar las posturas de los medios y comunicar sus ideas por canales alternativos. Aun así, no deja de ser alarmante que los medios de comunicación hagan política mientras nos alejan de la reflexión. No se vale minimizar de esta manera las necesidades de un gran sector de la población. Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de señalar y cuestionar problemáticas y darle voz a las afectadas. Es inhumano valorar más los daños materiales que la propia vida de las mujeres. 

La sesgada cobertura de las protestas feministas se suma a las primeras declaraciones de Claudia Sheinbaum contra las lanzadoras de diamantina, o los videos de Televisa que supuestamente señalan “inconsistencias” en las declaraciones de la menor de edad que fue violada. Una vez más somos testigos de cómo los medios desprestigian movimientos sociales por el simple hecho de ser ajenos a sus intereses. Lo grave del asunto es que estas decisiones editoriales reflejan y refuerzan posturas radicales. Y mientras se ignoran las demandas legítimas de las mujeres, se defienden costumbres terribles, como la de culpar y no creerle a las víctimas.

Jaziel Ávila

Internacionalista trabajando en un periódico local. Me gusta moverme en bicicleta y comer chilaquiles.