Los hospitales públicos son como las cobijas de mi cama

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El hospital se ve ajadito, percudido y un poco deshilachado, pero sí funciona. Tal vez un poco lento, reumático y por momento insuficiente o fuera de tiempo… pero funciona.

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Los hospitales públicos son como las viejas sábanas familiares, los hospitales públicos son como las viejas cobijas de mi cama.

Son como las sábanas familiares porque casi siempre se ven percudidas, solo nuevas tienen brillo y frescura. Son como las viejas cobijas de mi cama porque se ven raídas y feas, pero si no las tuviera, cómo las extrañaría. Los hospitales públicos son como las sábanas y las cobijas familiares, son imprescindibles y están ligados a recuerdos entrañables.

Hoy fuimos al mismo hospital en donde nació mi segundo hijo hace veintisiete años, el mismo en donde operaron a mi tía Chavela – del riñón, hace veinticuatro años -, el mismo en donde operaron al tío Víctor – del colon, hace ocho años – y el mismo en donde vi a mi amigo Miky con el esternón todavía bailando – después de cuarenta y un años sin verlo, a Miky no el esternón – pero el corazón latiendo suave y firme.

Hoy fuimos, ahora para ver amigos-conocidos fantasmas del pasado, porque mañana operan a su hija a corazón abierto.

El hospital se ve ajadito, percudido y un poco deshilachado, pero sí funciona. Tal vez un poco lento, reumático y por momento insuficiente o fuera de tiempo… pero funciona. Mi tía Chavela, el tío Victor y Miky siguen vivitos y coleando. Y mi segundo hijo – que estuvo en incubadora porque pesó cuatro kilos y medio – está a punto de casarse.

Aunque el hospital se ve viejito y un poco descascarado, es impresionante la fuerza que contiene, la fuerza de la gente, de sus oraciones y esperanzas. Asombra como, en medio del dolor y el sufrimiento aparecen las risas cantarinas, la solidaridad, el consuelo y las expectativas positivas. Las familias que se reencuentran, las familias que se abrazan.

Bueno, mañana vamos a donar plaquetas. Espero que funcione como una dosis de Vel Rosita y suavice un poco el áspero momento que viven nuestros amigos con su hija y que pronto,  como en el caso del Miky,  su corazón lata suave y firmemente.

Si, los hospitales públicos son como las sábanas y las cobijas familiares, son imprescindibles y despiertan, sublimados por el tiempo, recuerdo y afectos entrañables.

Moisés López Cantú

Tiene una formación diversa: ingeniería, ciencias, política pública y diversos cursos ejecutivos en temas de evaluación de proyectos, regulación económica, medio ambiente y planeación de ciudades. Su experiencia es basta, más de 30 años de vida profesional en 8 países y una diversidad de proyectos que lo han llevado de la ingeniería a las ciencias sociales.