Los cómplices de la selfie

Hacer que nuestro propio rostro sea material de goce de alguien más es uno de los motivos escondido de la imagen. Y lo queramos o no sabemos que nuestras selfies tienen esa doble función, nuestro placer y el placer del otro.

Por |
Compartir esta nota:
Facebook
Twitter
Google+
WhatsApp

Todo autorretrato es una confesión. Y en ésta habita un diálogo interno y una lucha constante de egos confirmando nuestra existencia. Todo autorretrato es amigo de la memoria. Vivimos idolatrando nuestra imagen, pero sobre todo la imagen de los demás. Ahora existe una variante del autorretrato llamada selfie; nos cuenta algo de la persona retratada, nos da material para interpretar su personalidad: la pose, la mirada, su rostro, etcétera. ¿Qué nos dice tu selfie de ti? En la imagen todo puede ser leído. Tus confesiones saldrán a la luz una vez que decides publicarla.

Las narraciones visuales tendrán más interés y estilo si sabes cómo jugar con la fotografía ya que no solo es apretar un botón. Hay que saber mirar, pero sobre todo aprender a mirarse a sí mismo. Realizarse una selfie es un acto de valentía. Se requiere valor para ser mostrado ante cualquier vulnerabilidad. Las mejores son las que se logran en privado, en el rincón de la habitación, a solas, como se hacen las confesiones. Un juego de miradas entre la cámara y el autorretratado.

Perder el miedo de mostrarse es también una razón para realizarse selfies. El momento ideal para este acto es con luz natural a pleno día. No hay más que abrir tu celular, posicionarte delante de la cámara, dar clic y ya está. Todos conocemos el ritual para hacerse una selfie pero no todos lo afrontan con la misma intención.  Buscamos ser queridos a través de la imagen y solo la fotografía nos cumple este deseo.

El espacio, los ángulos, la dirección de miradas y los reflejos de la luz son solo algunos puntos por resolver para tomarse un retrato. Somos seres emocionales y una fotografía bien lograda nos emociona mucho más. Consumimos imágenes todo el día, segundo a segundo el poder de la imagen nos alcanza y caemos en la tentación. Las fotografías nos enamoran y nos hipnotizan de inmediato. Existe una manera de seducción manipulada por la imagen que nos cautiva, pero la realidad es que así nos gusta vivir.

Entre la selfie y un autorretrato existen también ciertas diferencias. Un autorretrato es a conciencia, te exploras en todo aspecto, es una introspección sobre ti, es un diálogo interno para reafirmar la existencia o simplemente se realiza por el placer de auto conocerse. Una selfie es efímera, espontánea, es sobre todo positiva. Se hace cuando la autoestima y ánimos están en armonía. Es inmediatez y sin tantos cuestionamientos. El autorretrato es a fuego lento.  Sin embargo, entre uno y otra hay una conexión común, tu rostro.

Hacer que nuestro propio rostro sea material de goce de alguien más es uno de los motivos escondido de la imagen. Y lo queramos o no sabemos que nuestras selfies tienen esa doble función, nuestro placer y el placer del otro. Nos gusta mostrarnos con detalle. Nos guiamos por el placer de la mirada, mirar y ser mirados. El narcisismo de querer mostrarnos desesperadamente nos vuelve sensibles ante la mirada ajena.

Preferir entre hacerse un autorretrato o una selfie solo es una cuestión de estilo personal. Ambos rituales nos dan una imagen resultante, que es la nuestra. Nos pone en evidencia y nos da sensación de pertenencia. Nos inmortalizamos con el uso de la fotografía, nos volvemos susceptibles con el paso del tiempo.

No hay que tener miedo a retratarse. Realizarse selfies sin obsesionarse, es también una manera de auto conocerse. Gozamos al mirar al otro, nos mueve el morbo, queremos saber todo acerca de la otra persona. La fotografía es un arma de dos filos. Yo como espectador deleito mis ojos con ellas, alimento el ego ajeno y yo como autor de mis propias selfies logro confirmar mi existencia ante los demás.  Todos somos aliados y cómplices de las selfies, nadie se salva.

Gerardo Jiménez

Es licenciado en Lenguajes Audiovisuales con especialidad en Fotografía por la UANL (2010). Ha participado en exposiciones colectivas. En 2012 fue seleccionado para ser parte del Programa de Fotografía Contemporánea (PFC12), organizado por CONARTE. Ha participado en las exposiciones colectivas "Residente temporal" (Galería CONARTE 2010) y "PFC12" (Centro de las Artes, 2013). Como fotógrafo se especializa en la técnica pintar con luz y continua en el proceso de un nuevo proyecto fotográfico explorando diversas fuentes de iluminación.

2 comentarios en “Los cómplices de la selfie

  1. Muy cierto lo que dices del memento en que se toma, aunque en ocasiones la gente oculta su realidad queriendo proyectarse en un momento y espacio que no es su realidad..

Deja un comentario