Los caminantes

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Poco o nada les importan a los peregrinos el caos vial que causan en horas de mayor tráfico, suponen que por ser éste un acto de fe está justificado el complicar nuestra movilidad, y peor aún: no hay gobierno que intente regular este tema puesto que por ser un acto religioso está vetado para abordarlo. 

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Cada octubre a partir del día 12 inicia un fenómeno religioso que lleva años en la ciudad de Monterrey, y que conforme se acerca el día 12 de diciembre se incrementa: las peregrinaciones religiosas en honor de la Virgen María, una virgen morena que fue un elemento principal para la conquista cultural y religiosa de nuestros antepasados, pero eso es otra historia. Hoy en su honor se llevan a cabo cientos de peregrinaciones durante los meses de noviembre y diciembre generando molestias e incomodidad a los regiomontanos que sufren el tráfico agravado por la temporada.

Monterrey: entre su crecimiento vertical y su conversión a una urbe cosmopolita, sigue atado a sus añejas tradiciones que pueden parecer obsoletas para el resto de los ciudadanos, que en ocasiones se topan con una peregrinación en camino para dar gracias a una imagen, y que de paso complica la movilidad de nuestras calles y avenidas, durante los últimos meses del año.

Entre las posadas, las compras navideñas, y el ajetreo de fin de año miles de feligreses caminan por las principales arterias viales de Monterrey. Exponiendo sus vidas, iniciando el peregrinar desde puntos lejanos a la Basílica y desoyendo las peticiones del arzobispado de Monterrey que les pide que se registren ante el municipio para que cuenten con apoyo vial y que partan o inicien el camino, desde puntos cercanos a la mencionada basílica. 

Pero la mayoría no lo hace, poniendo en riesgo su vida y literalmente estorbado a los conductores a quienes quizá no les importan los motivos de ese andar. Entre frío, lluvias otoñales y calles sucias vemos personas de toda condición social, cargando con niños y familias enteras que suponen que por ver una imagen una vez al año, van a mejorar sus vidas al siguiente, o simplemente a dar gracias por seguir igual que el año anterior, y que a su vez nos recuerdan, sin proponérselo, que somos una ciudad anclada al pasado y que no queremos soltarlo.

Poco o nada les importan a los peregrinos el caos vial que causan en horas de mayor tráfico, suponen que por ser éste un acto de fe está justificado el complicar nuestra movilidad, y peor aún: no hay gobierno que intente regular este tema puesto que por ser un acto religioso está vetado para abordarlo. 

Han existido propuestas para ordenar este fenómeno, es paradójico que hablemos de banquetas amplias, de líneas del metro inacabadas, de movilidad de primer mundo; cuando en la ciudad contamos con viejas costumbres. Parece que entre más calles caminen y más riesgos tomen, la icónica pintura se los agradecerá y los colmará de bendiciones.

Y de paso, los vecinos de la colonia Independencia cada año ven sus calles invadidas de puestos y visitantes extraños que entorpecen su movilidad.

Así, de esta manera, Monterrey no abandona sus antiguos mitos y rituales, la iglesia católica del estado muestra su poderío y el resto de los regiomontanos católicos, evangélicos, devotos de la santa muerte, ateos, etc. literalmente sufren esas fechas del año. 

Sergio Cavazos

Lic. en Ciencias Políticas con maestría, diplomado en derechos humanos.

Quiero un país donde nadie muera por ser mujer, gay, o migrante, quiero derechos para todos, quiero una ciudad más humana y menos fría, que no cobren mucho por los estacionamientos públicos y privados. Estoy en un curso de escritura para escribir con ácido.