¿Los alumnos se encuentran bien?

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Quitemos el nombre de la institución educativa y centrémonos en una realidad que nos está rebasando a todos,  así sean docentes, autoridades, psicólogos, psicoanalistas, padres, amigos  y alumnos: no sabemos cómo intervenir.

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“Los alumnos que estaban en las instalaciones se encuentran bien, las clases  del campus se suspendieron y se reanudarán el día de mañana”. Estremecedor.   Esta fue la última frase que emitió la institución donde un joven se quitó la vida a inicios de esta semana.  ¿Los alumnos se encuentran bien? ¿Cómo se puede salir bien librado de estas circunstancias  en plena adolescencia?

A la mañana siguiente escuché un noticiero por el radio “las autoridades que investigan el suceso del joven suicida dan a conocer que presentaba fuertes crisis depresivas, era Asperger y sufría de bullyng”,  un intento de darle sentido a lo ocurrido, mediante una descripción diagnóstica que poco nos sirve. Quizás el saber que estaba diagnosticado de alivio. Sin embargo, no conocemos las circunstancias, las características, lo que le ocurrió al joven y  a su familia, es decir, no le damos lugar al uno a uno, sino que lo englobamos en descripciones clínicas como si eso fuese razón suficiente para entender los actos.

Una problemática no suficientemente discutida es el exceso de diagnósticos, esto por un lado, y por el otro, el poco o nulo entendimiento que tenemos cuando las personas “entran en crisis” o simplemente cuando una persona sufre: qué lugar le damos a la tristeza, es más, a los afectos en general, de eso no se ocupa en la escuela ya que no hay tiempo suficiente con tanto que tienen que aprender los estudiantes.

De verdad, ¿creemos que los alumnos pueden aprender y concentrarse a  la mañana siguiente? Toda la vida nos han inculcado que uno va a la escuela a aprender y no a otras cosas, quizás esta sea precisamente la razón del por qué estamos cegados ante lo que ocurre actualmente dentro de las instituciones encargadas de la educación.

El noticiero agregó que recientemente se le había cambiado de plantel educativo, dejando ver que ya había ocurrido algo en el campus anterior. Pero esto también es parte de la problemática. Quitemos el nombre de la institución educativa y centrémonos en una realidad que nos está rebasando a todos,  así sean docentes, autoridades, psicólogos, psicoanalistas, padres, amigos  y alumnos: no sabemos cómo intervenir. Esto ocurre porque estamos negados a sostener espacios de diálogo y reflexión ante situaciones emergentes y, en aquellos  casos que se llega a brindar son espacios fragmentados, excepcionales, que no se integran al conjunto. Es como si se quisiera olvidar. Esto también se refleja en el poco seguimiento que se da después de que se amortiguó la crisis y el dolor se disminuyó.

La escuela está frente a un dilema. Estamos obligados a responder desde una lógica-pedagógica a los mandatos y políticas institucionales educativas, a pesar de los pesares, independientemente de los cambios o acontecimientos históricos que se nos presentan. Dejando fuera de la práctica la afectividad entre los que  constituyen los roles de aquellos que están implicados dentro del ambiente educativo.  Un primer paso para romper esta inercia es conocer qué interpretación le están dando los estudiantes al suicidio. Los alumnos no se encuentran bien.

Karla Dávila

Practica el psicoanálisis en la ciudad de Monterrey. Miembro fundador titular de Vía Regia al Psicoanálisis, y del proyecto realizado en colaboración con CONARTE-CINETECA NL “Séptimo Arte y Psicoanálisis”. Cursó la Maestría en Psicología con Orientación en Clínica Psicoanalítica en la UANL con estancia de intercambio académico en la Universidad Nacional De Mar de Plata, Argentina. Actualmente imparte el seminario “El malestar en la vida escolar ” y es catedrática de la Licenciatura en Educación y Gestión de Centros Educativos de la Universidad Metropolitana de Monterrey.