Lo que un frapuccino reveló del Tec

He aquí la cuestión: en su intención de conmemorar, el Tec de Monterrey volvió a mostrar su falta de voluntad (o de capacidad) para interactuar con su comunidad de forma afectiva y no del todo comercial.

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El lunes 3 de septiembre, el menú de los ocho Starbucks del Tecnológico de Monterrey ofreció a estudiantes y colaboradores una bebida inédita: un mix de azúcares y cafeína con aroma de celebración. En honor a sus 75 años, el Tecnológico de Monterrey lanzó, en cooperación con Starbucks, el Frapuccino Tec: un café que, entre lenguas azules y niveles de glucosa que parecían rascar cielos, provocó también un debate de anchura nacional.

En la conversación, las perspectivas sobraron para repartir. Hubo quien en la bebida vio un simple gesto de conmemoración, al Tec en su derecho a ser y hacer. Hubo también quien catalogó la iniciativa de llamativa y tacky (del regio ‘de mal gusto’). Pero hubo, y en abundancia, quien lanzó el dedo hacia la contrastante casualidad que se abrió ante los ojos del país: el Tec celebraba perdurabilidad mientras la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México respiraba evidentes aires de opresión. Este contraste nos hundió en una polémica; en una discusión cuya atención se concentró en la decisión del Tec de lanzar el frapuccino azul.

Ante los afilados colmillos de una cuadrilla de internautas que etiquetaba dicho lanzamiento como una “manifestación de privilegio”, la comunidad Tec emergió a la defensiva. ¿Su estandarte? La estrategia corporativa de su Alma Mater. “Es solo marketing, qué exagerados” respondieron uno y mil twitteros del Tec a la lluvia de condenaciones. Esto dejó a entrever que para ellos, el marketing de su casa de estudios es como un simple evento aislado, y no el modelo de negocios que ha estirado las aulas del Tec en 31 campus alrededor del país. He aquí la cuestión: en su intención de conmemorar, el Tec de Monterrey volvió a mostrar su falta de voluntad (o de capacidad) para interactuar con su comunidad de forma afectiva y no del todo comercial.

Al inicio de los años 2000 (circa), ante la petición de padres de familia de profundizar el carácter ético y ciudadano de sus egresados, el Tecnológico prometió impulsar la vocación de servicio al país. Hoy, con una serie de incubadoras y aceleradoras de negocios, con un plan para exhortar a alumnos a graduarse con una semilla de empresa bajo la manga, y  hasta con un frapuccino azul en el imperio de Starbucks, la pregunta se reviste de relevancia: ¿qué se está haciendo para profundizar ese sentido de ciudadanía?, ¿qué se está haciendo para potenciar las ciencias que no se miden en cash-flow y que se definen por algo que no es el riesgo de capital?

Hace apenas dos semanas, internautas señalaron la ineptitud de la institución al publicar una foto de varios alumnos sonrientes resguardados bajo planchas de cartón; el pie de foto decía: “nuestros alumnos están construyendo casas de cartón para sensibilizarse sobre la realidad que viven muchas personas en nuestro país”. “Si, se ven muy sensibles! :/” añadió un usuario a la discusión.

Lo que en aquella mañana del 3 de septiembre se escondió entre un macchiato y un prensado francés, no fue solo un frapuccino inspirado en los colores del Tec. Fue un vistazo furtivo a las aspiraciones y estrategias de una institución que en su aniversario ostentó su proximidad al sector corporativo. El Frapuccino Tec nos mostró cuán poderosa y ancha es esta institución en materia de innovación y emprendimiento empresarial. Lo que vimos fue tan brillante en términos de mercadotecnia y publicidad, que por un momento olvidamos señalar esa pregunta que el Tecnológico no ha logrado contestar: ¿cuándo y cómo el modelo educativo Tec impulsará el sentido de ciudadanía de su cuerpo estudiantil? Porque si va si a crecer la industria, que también crezca la civilidad.

Ramiro-Mahomed Jezzini

Me expatrié con un cuaderno para en ocasiones escribir de mi regreso. Cuento historias en jezzini.eu

2 comentarios en “Lo que un frapuccino reveló del Tec

  1. Habría que revisar cuál fue la aspiración de los empresarios fundadores del ITESM el siglo pasado. Veo una necesidad de proveer talento a sus empresas.

    Por tanto, no condeno al Tec por ni tener un carácter social o alguna otra aspiración, si no es (aun) parte de su definición de vocación.

    Felicidades. Excelente columna. Sólo me parece que el evento de la casa de cartón viene sobrando.

    Un abrazo.

  2. ¡Estoy completamente de acuerdo con mucho de lo que mencionas!, sin embargo, siendo EXATEC de la carrera de Arquitectura, puedo decir que, al menos en mi carrera, se fomenta mucho el sentido de ciudadanía, incluso tenemos varios proyectos durante la carrera cuya finalidad es desarrollar proyectos para lograr una mejor calidad de vida en algún sector específico o mejora en algún aspecto de nuestra sociedad, y no solo se desarrollan, se ayuda a realizarlos. Lo anterior sucede con Organizaciones reales y lo mejor es que sí se construyen. Se ve bastante en mi carrera, hay talleres que incluso todo su trabajo del semestre consiste en mejorar viviendas para sectores menos privilegiados, construyéndolas. Hablo por experiencia propia, tuve la tarea de desarrollar 3 proyectos distintos durante mi carrera, los cuales nos ayudaron a concientizarnos sobre distintas realidades al menos en Monterrey: Uno sobre la Asociación de diabetes en N.L., desarrollar una mejora en su centro actual (el cual no cuenta con instalaciones óptimas); otro con una asociación de animales rescatados (gotta love perritos), desarrollando un proyecto para una nueva “casa” para ellos; y mi preferido, tomar un lugar con problemática en la ciudad, y resolverlo con espacios efímeros, nosotros mismos (había excelentes trabajos que vaya que funcionaron). Por todo esto me suena extraño lo de la nota con las casas de cartón, al menos en mi área nunca se manejó algo así.

    Mi idea no es sonar como fanática de mi alma máter, ya que conozco perfecto sus grandes defectos, áreas de oportunidad y sobre todo errores (como menciono arriba, estoy de acuerdo con mucho de lo que dices); pero al menos en lo personal, definitivamente este tipo de actividades sí me formaron como una profesionista más humana y alerta de nuestro contexto, con las intenciones de proyectar una mejor realidad al salir. Respondiendo a tu pregunta, creo que ya lo hace desde hace tiempo, tal vez el problema somos sus alumnos y egresados cuando no queremos formar parte de ello ni en la vida estudiantil, ni en la real.

    ¡Grandes felicitaciones por tu trabajo Maho! Eres grande y me encanta leerte.

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