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Lo que la cuarentena se llevó

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En esta contingencia por la que estoy (desde lo personal) y estamos (como comunidad) atravesando, vale la pena preguntarse ¿Qué fue lo que perdí?

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Desde los comienzos de la emergencia sanitaria y el #quedateencasa, en redes sociales y programas de televisión comenzaron las recomendaciones de qué hacer: mantener rutinas, programarnos actividades, llenarnos de cosas para “soportar” esta situación. La idea parecía buena, no son vacaciones, realiza actividades, satura tu tiempo durante todo el mes, esto se acaba el 30 de abril.

Para el receso de semana santa la cosa parecía ir medianamente sostenible, solo había que aguantar un poquito más, es el último tirón, como nos solemos decir cuando ya sentimos nuestras fuerzas desfallecer.

Pero la ampliación de la cuarentena vino a romper con esa fantasía de abrazarnos el 1 de mayo… ¡Oh, desilusión!

Si bien la situación podría resultar preocupante, la idea de tener “tiempo” para hacer otras cosas, como descansar del ritmo ajetreado de vida que llevo, parecía buena. ¿Qué ocurrió entonces? ¿Por qué siento que nada de lo que hago es suficiente? Como si siempre tuviera que hacer algo más para llenar un hueco que parece no tener fondo. ¿Qué es este vacío que se siente?

El fallo en esta ecuación de “ocupa todo tu tiempo para no pensar que no (podemos) debemos salir”, fue precisamente ese, no dejar espacio para pensar en lo que no podemos hacer.

En esta contingencia por la que estoy (desde lo personal) y estamos (como comunidad) atravesando, vale la pena preguntarse ¿Qué fue lo que perdí?

Perdí: libertad, contacto físico, vacaciones, planes, seguridad, trabajo, dinero, oportunidades, condición física, clases, perdí a alguien cercano…

Perdí mi rutina y con ello, la continuidad que llevaba mi vida.

Y la dificultad con asumir la pérdida estriba en que a nadie nos gusta perder. Perder es lo contrario a ganar, perder está directamente asociado a un fallo, perder algo duele.

Al reconocer una pérdida, debo reconocer también el hueco y el dolor que queda, y permitirme vivir el duelo que conlleva.

En 1969 Elisabeth Kübler-Ross propuso 5 etapas por las que puede transitar una persona después de una pérdida:

Negación: hasta que el golpe de realidad nos alcanza.

Ira: por no poder cambiar la situación.

Negociación: esa pequeña fantasía de pensar que pudimos haberlo evitado.

Depresión: como estado pasajero de tristeza profunda.

Aceptación: cuando ya podemos convivir con la pérdida.

No todos pasamos necesariamente por todas las etapas ni en ese orden particular. Todos estamos navegando la misma tormenta, pero no todos remamos de la misma forma, el duelo lo podemos manifestar en momentos diferentes y de distinta manera.

¿Por qué es importante vivir el duelo?

Porque poder darle un punto final a una situación abre la posibilidad de un nuevo comienzo.

Sí, la vida perdió continuidad, pero no implica que haya terminado, sino que abre la posibilidad de tomar un nuevo rumbo.

David Gerardo Guerra Náñez

De gustos sencillos particularmente de los viajes por carretera, la escalada deportiva, el senderismo y las carreras de montaña. Amante del café por la mañana, la cerveza por la noche (no siempre en ese orden) y la música en (casi) todos sus géneros

Licenciado en Psicología con posgrado en Clínica Psicoanalítica, nacido en Monterrey Nuevo León "La ciudad de las Montañas".