¡Levanto mi ponche!

Me siento muy orgullosa de que conseguimos resistir para darle su tiempo al pensar, a trabajar las ideas, a compartirlas,  en una época en donde precisamente la rapidez y las ansias castigan toda reflexión, en una época en la que las fake news son una fuente inagotable de confusión y resignación. 

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Este año trabajamos 165 personas sumando todos los talleres que impartí. Me siento abrumada. Pienso en esto y veo como una sobrexposición de imágenes, como un tiovivo enloquecido, del que se desprenden ideas como listones de colores. Este año además de dar cinco talleres en la Casa Universitaria del Libro, cuna del Arca y de los Vertebrales, impartí cuatro talleres en Casa Naranjos, uno en Cálamo Centro Literario y otro para integrantes de Propuesta Ciudadana, A.C Además, impartí tres talleres virtuales de escritura de columna de opinión, con personas conectadas desde  Alemania, España, Francia, y desde varias ciudades del País, como Texcoco, Playa del Carmen, Oaxaca. Mi sensación es también como de haber viajado demasiado, de texto en texto. Conecté mi cabeza a la de cada uno de ustedes. Fui en el carro trasero con los hijos de Mariela, a dejarlos a la escuela, pero también me senté a la mesa con una familia de judíos y mexicanos departiendo el Shabat, crucé el túnel de la Loma Larga con el mismo espanto de Sheila, me imaginé la cajita de tinte rojo que Andrea decidió ya no usar. Ahora busco estar a tres segundos de distancia del auto que va adelante de mi. Me pregunto demasiadas cosas que antes no me inquietaban: qué tanto glifosato tiene esta tortilla, es hora de redactar mi documento de voluntad anticipada, cómo está representada la diversidad sexual en esta caricatura. ¡Cuánto daño me han hecho!  

¡No se crean!  Es todo lo contrario. Me alegra toparme con sus textos en momentos inesperados de mi cotidianidad. En conversaciones, en lecturas, en el auto, en los pasillos, y frente a mi pantalla de trabajo. Tengo mucho que agradecerles, pero sobre todo quiero darles las gracias porque avivaron la brasa de mi indignación. Sus lecturas de la realidad me alimentaron de una forma mucho más que intelectual, pero no sólo a mi. Gran parte de esta pedagogía de la indignación rompió en la frontera de nuestros talleres y, al ser publicados, navegaron otras aguas. Este año, en Agosto, lanzamos nuestro sitio de opinión, Vertebrales. Le armamos una casa con el apoyo solidario de Sergio Garza, quien patrocinó el dominio y nos albergó en su servidor; a Luis “Huicho” Gómez, quien nos diseñó toda nuestra identidad gráfica, a José Juan Zapata, quien armó nuestra página desde Buenos Aires.  Desde su lanzamiento, Vertebrales tiene un promedio de mil lecturas diarias, aunque hemos publicado textos que rebasan las 30 mil. ¿A cuántas personas les habremos brindado un servicio intelectual en estos cinco meses?, ¿qué se habrán llevado de nuestros textos? En mi balance personal, creo que regalamos un montón de fruta rica, jugosa y genuina. Me siento muy orgullosa de que conseguimos resistir para darle su tiempo al pensar, a trabajar las ideas, a compartirlas,  en una época en donde precisamente la rapidez y las ansias castigan toda reflexión, en una época en la que las fake news son una fuente inagotable de confusión y resignación. 

Amigas y amigos, me siento orgullosa por el aporte que dimos a las personas que nos leyeron en el proceso histórico que estamos viviendo en el País. Ejercimos la crítica, defendimos ideales, analizamos realidades complejas. Pero ay, qué bien hicimos también al ofrecer toda una agenda de temas sobre la vida cotidiana que no ha merecido importancia mediática; muchos de ustedes escribieron sobre dilemas éticos, sobre problemáticas individuales y colectivas en las que antes muchas personas no habíamos reparado. Y precisamente es esto lo que comentamos siempre al inicio de los talleres: producimos realidades al opinar. Sus textos, estoy segura, nos regalaron a muchas personas  la toma de conciencia sobre problemáticas e incluso sobre de nuestros derechos.

También conseguimos realizar una maroma crítica medio mortal, que es aprender a cambiar de opinión. ¿A cuántas personas no les habremos acompañado en este proceso cuando trabajamos textos sobre acoso sexual, aborto, violencia de género, homofobia, clasismo, homeschooling? Creo que todos podemos recordar ahora mismo varios textos leídos en talleres o en Vertebrales que nos transformaron. No es poca cosa. Estamos ofreciendo un servicio político. 

Claro que no voy a decir que fue fácil. Pasamos por momentos de tensión individual, cada uno de ustedes consigo mismos, frente a su página en blanco, y también en nuestra mesa de taller, virtual o real. Nos pudimos caer mal a ratos, pero sobre de todo, es de reconocerse la generosidad que tuvimos al incomodarnos todos un poco por el bien de los argumentos. Al ayudarnos a mejorar nuestros textos creamos una suerte de amistad intelectual, y al publicarlos retribuimos ese apoyo. Esto me recuerda una imagen que pasó por taller hace algunos cinco meses, de Pedro Ramírez, que nos contó de Ersilia, la ciudad imaginaria de Ítalo Calvino, constituida de listones que representaban relaciones entre las personas. Pues algo así me imagino ahora mismo al pensar en las relaciones que creamos tantas inteligencias conectadas. Hicimos un bonito y bizarro nudo de listones.

Por último, quiero agradecer a mi compañera Andrea Sierra todo su trabajo editorial, el empuje y el acompañamiento comprometido a nuestro sitio Vertebrales. Lo mismo agradezco a Walter, Adriana, Jorge, Alejandro y Homero, por el apoyo, los consejos, y los rebotes relacionados con el sitio. 

Tenemos un enorme desafío el próximo año: podemos aprovechar el ambiente de transformación para trabajar más ideas, pulirlas y publicarlas. Como yo nos veo en un año, es celebrando que mejoramos el servicio de acompañamiento crítico y que regalamos muchos más momentos de placer intelectual y afectivo. Estimadas y estimados, este año le hicimos grandes regalos a nuestra pequeña sociedad virtual. Festejemos el esfuerzo que hubo detrás y la coincidencia de encontrarnos con otros otros locos y locas a quienes también les gusta reunirse a contemplar el fuego del pensamiento.  

 

Este texto se los escribí a las y los participantes de talleres de este 2018, y ayer en nuestra fiesta se los leí.

Politóloga. Mi vida está cruzada por la escritura. Soy columnista del Grupo Reforma y dirijo el sitio de opinión Vertebrales.

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