Las palabras y los niños 

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De niño las palabras son fuertes, poderosas, les crees a los adultos, sobre todo a los padres y maestros, que son tu mundo, si el maestro te dice que ese número es el 1, le crees. Es un universo nuevo el de las palabras, los números y los significados. 

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“Yo tengo un tío marciano”, llegué diciendo a mi escuela; estaba en el colegio Tonalá, en kínder.

El día anterior mis papás hablaban de un hermano de mi abuelo a quien habían registrado por error como Marciano en lugar de Mariano. Parece que mi bisabuelo estaba tomado cuando lo llevó a registrar, o era el empleado el que estaba borracho, no supe bien.

Lo que yo entendí era que tenía un tío Marciano. Mis amigos me rodearon y me preguntaban cómo era; les dije la verdad: yo no lo había conocido y no había fotos, así que no podía saber cómo era. ¿Verde y con antenas? podía ser.

Tengo muchos recuerdos de las palabras que me decían de niña y que yo no entendí hasta mucho después.

Recuerdo esto de mi tío Marciano cuando les digo a mis alumnos en clase que con los niños es como si un extraterrestre llegara y tratara de entender nuestras palabras y nuestra cultura, con ellos y con los niños deberíamos tener tiempo y paciencia para explicarles una y otra vez y también saber qué hay cosas que entenderán después.

Escuchaba que alguien había perdido su trabajo y no entendía por qué; bastante difícil fue entender que los adultos tienen que trabajar y ahora sabía que podían perderlo. ¿Cómo se pierde un trabajo? ¡Si estás ahí! Seguí escuchando y decían que era por un barbero. Menos entendí, si el que perdió el trabajo era ingeniero, ¿cómo podía perder el trabajo por un barbero? ¿Perder una casa? Otro misterio, ¡si es tan grande! 

Perder un hijo no parecía tan extraño, nos alejábamos de nuestros padres en el supermercado o en la Alameda, podía ser posible perderse, no pensaba que tuviera que ver con la muerte.

Había muchas cosas raras en las palabras. A mi mamá le gustaba comer menudo, llegábamos a una casa y le ofrecían y ella decía: “me matas con el menudo…“ y yo volteaba asustada y pensaba: “¡no te lo comas!“

También había palabras que eran buenas y mágicas. Cuando nos encontrábamos a personas en la calle, nos deteníamos a conversar con ellas, nos decían: “¡que les vaya bien!“ y eso me gustaba, nos encontrábamos a más personas y nos decían lo mismo. ¡Tantos buenos deseos! 

Hubo palabras tristes. Escuché alguna vez que un niño fue abusado. Yo no entendí los rostros tristes, ser abusado era ser listo, ¿por qué no sonreían?

Los ojos borrados eran para mí un misterio, ¿no tenían ojos? 

De niño las palabras son fuertes, poderosas, les crees a los adultos, sobre todo a los padres y maestros, que son tu mundo, si el maestro te dice que ese número es el 1, le crees. Es un universo nuevo el de las palabras, los números y los significados. 

Una niña me decía que su papá trabajaba en un banquete de abogados, supongo que era un bufete. Otro niño me pedía que hiciéramos un muñeco du dú para un encantamiento, le pregunté si no era un muñeco vudú y me dijo que no. “tengo 6 años, ¿cómo no voy a saber lo que es un muñeco du dú?

Tenemos de niños tantas preguntas, tantas certezas y tanto entusiasmo. Estamos tan seguros de lo que sabemos y tan dispuestos a seguir aprendiendo.

Las palabras sobre relaciones familiares eran complejas ¿medios hermanos? ¿cuál mitad era? ¡El concuño del primo del hermano de la esposa del tío! Las familias ensambladas, un misterio. ¡Un amigo nuestro tenía más de 4 abuelos!

Leí una historia que era de un niño en Estados Unidos, que le dijeron que iban a vivir en otra ciudad y le advirtieron que allí había personas de color. No podía dormir de la emoción por que había personas de color, después del día de escuela llegó decepcionado y cuenta que no había personas de color, él esperaba ver personas azules o amarillas, él había entendido que eran de colores.

Mi favorita es una que cuenta un amigo: estaba en un hotel de la playa y vio un letrero que decía: ”no smoking”. Para él era muy clara la instrucción: estás en la playa, claro que no puedes usar esmoquin, es demasiado elegante.

Recordar todo esto me ayuda a entender a los niños, a tratar de explicarles, a trabajar con los papás en encontrar las palabras adecuadas, a recordar la infancia y las formas de entender el mundo.

Martha Patricia Zavala

Soy maestra en la facultad de psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Estudié la licenciatura en psicología, maestría en psicología clínica y especialidad en psicoterapia psicoanalítica. Me dedico a la docencia y a la clínica psicoanalítica con niños, adolescentes y adultos. Me gusta el cine y la literatura.