La venganza de la castración química

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Lo diré secamente: para mi esta iniciativa buscaría castigar, torturar a los pederastas, a menos que el mismo criminal decida por sí mismo tomar dichos medicamentos, lo cual devendría en un acto preventivo voluntario. Lo que se buscaría es hacer un ojo por ojo, un diente por diente.

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El pasado 15 de noviembre el diputado local del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), Nazario Norberto Sánchez presentó una iniciativa para aplicar la castración química a los reincidentes en actos de pederastia. Esta propuesta consideró tipificar el delito de “grave” (parece increíble que no se considere así ahora), incrementar las sanciones y lo mencionado: castigar a reincidentes con medicamentos para inhibir el deseo sexual. Sin embargo, en entrevista dijo haber considerado que con esta medida se violarían las garantías individuales de los pederastas y reculó. Hace algunos días el senador de MORENA, Alejandro Armenta anunció que presentará una iniciativa para castrar químicamente, no solo a pederastas, sino también a violadores. 

De aceptarse esta iniciativa no seríamos pioneros en establecer este tipo de leyes; países como Argentina, Australia, Estonia, Israel, Moldavia, Nueva Zelandia, Polonia y Rusia ya aplican este tipo de medidas para inhibir los deseos sexuales de los agresores. A diferencia de la castración física, que implica cortar los testículos, la química se realiza con base en medicamentos que frenan la producción de testosterona, de esta manera el agresor está inhabilitado físicamente para ejercer algún acto sexual, genitalmente. Según Scott Woodside, jefe de la clínica de conducta sexual del Centro para las Adicciones y la Salud Mental de Toronto, la inmensa mayoría de hombres sometidos a estos tratamientos (la mayoría de ellos agresores que están cumpliendo su libertad condicional),  afirmaron “haber visto enormemente reducido su deseo sexual”, “aseguraron haber dejado de masturbarse, perdido el deseo de tener relaciones sexuales, experimentado dificultades para tener una erección y mayores problemas para alcanzar el orgasmo”. Debo señalar que este tipo de tratamiento es reversible si se suspende la medicación.

En muchos de los países donde se aplica este tipo de medida preventiva, que también es un castigo, se permite al delincuente solicitar la castración química para reducir su condena o bien mantener la libertad condicional. Sin embargo, al existir una comunión entre lo físico y lo psicológico en cuanto al deseo, o libido, se puede decir que en su psique ellos continúan teniendo sus fantasías, estando privados físicamente de hacerlas realidad. Si bien la castración química puede suprimir el deseo sexual, no existen pruebas de que modifique o elimine por completo la preferencia sexual de los sujetos por los niños.

Señalando la diferencia entre pedófilo y pederasta, que se puede resumir en que el pedófilo es quien tiene fantasías y deseos de tener relaciones sexuales con un infante, y el pederasta que es quien comente el acto de abuso al mismo. La mayoría de nosotros, incluso algunos de los mismos pedófilos que se sienten en riesgo de cometer actos pederastas, buscamos acabar con este tipo de crímenes, un castigo a quienes vulneran y agreden a algún infante. Abusar de la confianza de un niño, ya sea, de parte del maestro, del sacerdote, del padrastro del padre o madre misma, nos causa una seria indignación, diría yo, incluso un sentimiento de venganza.

Lo diré secamente: para mi esta iniciativa buscaría castigar, torturar a los pederastas, a menos que el mismo criminal decida por sí mismo tomar dichos medicamentos, lo cual devendría en un acto preventivo voluntario. Lo que se buscaría es hacer un ojo por ojo, un diente por diente. No me excluyo del sentimiento de represalia, pero seamos sinceros. ¿Cuántos de nosotros no quisiéramos que a la frase de “castración química” se le omitiera la segunda palabra? 

En países como República Checa se realiza la castración quirúrgica (quitar los testículos) a los delincuentes sexuales condenados. En 2009, el Comité Antitortura del Consejo de Europa criticó a República Checa por esta práctica. El comité la describió como “invasiva, irreversible y con mutilación”.

Hablando de los efectos secundarios de la castración química, no quirúrgica, están: cambios en la salud cardiovascular, en los niveles de grasa en la sangre, en la presión sanguínea y síntomas similares a la menopausia en las mujeres.

De hacerse válida esta iniciativa los primeros sentenciados servirían de chivos expiatorios para asustar y amedrentar a los potenciales o efectivos pederastas. Para mandar un mensaje de advertencia ante sus pretensiones. 

Sin embargo, este tipo de práctica, no solo no es ética, sino que claramente violenta los derechos humanos. A pesar de que es detestable este tipo de actos y personas, me uno, me suscribo, ante la moción de que algo tenemos que hacer además de lo que actualmente se realiza. Y a riesgo de parecer un radical, adjetivo que no me ofende, me hago una pregunta en mi interior y se las comparto: ¿estarían ustedes de acuerdo en violentar los derechos humanos con tal de que ya no se abuse en contra de menores?

Yo, sí. 

Miguel Bretón

Licenciado en Psicología. Ha sido docente de materias humanistas, creador de una radio web y de un grupo de expresión llamado Puntos Suspensivos. Se considera rockero de nacimiento, agnóstico y un constante cazador de preguntas, siempre insatisfecho con las respuestas.