La tribu somos todos

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Mi bebé recibió leche materna de manera exclusiva hasta los 6 meses y nos despedimos definitivamente de la lactancia a los 15 meses. A veces pienso que si hubiera querido hacer esto en Monterrey, hubiera sido imposible.

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Imaginen la escena de quien se ha dispuesto a regresar a trabajar y seguir con la lactancia. Si les cuesta trabajo, les comparto mi historia. Desde que me gradué me he desempeñado como profesora de preparatoria, en Monterrey y ahora en Playa del Carmen. Cuando me estrené como mamá, decidí que quería dar pecho.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda la lactancia materna exclusiva a demanda, es decir sin horarios y sin introducir ningún otro líquido o alimento durante los primeros 6 meses y continuar amamantando hasta los 2 años. Ahora se sabe que la producción de leche es estimulada por la succión del bebé y que a mayor succión, habrá mayor producción.

En mi primer dia de regreso a clases, había dormido unas 4 horas pues mi bebé aun no lo hacía de corrido. El padre se había quedado en casa con el bebé, equipado con mamila en mano y en el congelador, mi banco de leche. Allá iba yo cargando por un lado mi bolsa y mi computadora y por el otro el sacaleches y una hielera térmica.

Antes ya había leído sobre la conservación y transportación de leche materna. En la sala de maestros teníamos un refrigerador. Había dos o tres mamás en el equipo de quienes siempre obtuve mucho apoyo. En recursos humanos me explicaron que durante los primeros 6 meses después del parto, tenía derecho a dos descansos de media hora cada uno para ir a darle de comer a mi bebé, cosa que por distancias no era posible. La otra opción era irme una hora antes. Además en mis horas libres, podía pedir una oficina para sacarme leche. Para cualquier duda, en WhatsApp tenía a mi tribu.

La tribu es una iniciativa organizada por Salud Primal, una casa de partos en Playa del Carmen. Estos grupos de Whatsapp están conformados por mamás que dieron a luz en las mismas fechas y que desean tener una lactancia exitosa. El objetivo es crear comunidad, acompañar y sostenerse entre todas, siempre guiadas por una asesora de lactancia. Aunque amamantar es natural, no siempre es fácil. Los problemas van desde grietas, mal agarre, miradas que incomodan, comentarios ofensivos, personal médico no actualizado, noches sin dormir, mastitis, baja producción de leche y un largo etcétera. No importa que hora sea, en la tribu siempre hay alguien que está pasando por lo mismo y que tiene un consejo o una palabra cálida. De no haber sido por mi tribu no hubiera vivido esta etapa de mi maternidad con tanta seguridad y confianza.

Sinceramente, tuve suerte. En Playa del Carmen existe la cultura de la lactancia materna, que cada vez se ve fortalecida por iniciativas de apoyo como la de Salud Primal. No es raro ver mujeres, de todos los estratos socioeconómicos, amamantando en público. Además, la profesión que desempeño ha sido por mucho tiempo dominada por mujeres. Me sentí arropada. Mi bebé recibió leche materna de manera exclusiva hasta los 6 meses y nos despedimos definitivamente de la lactancia a los 15 meses. A veces pienso que si hubiera querido hacer esto en Monterrey, hubiera sido imposible.

Comparto mi experiencia a propósito de la reciente Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se celebró del 1 al 7 de Agosto. Aunque el objetivo es promoverla, la mayoría de la información está dirigida a la mujer lactante. ¿Por qué no también informar y sensibilizar a la población en general? Me atrevo a decir que sin el apoyo del otro, la lactancia materna es casi imposible, sobre todo para aquellas mujeres que regresan al trabajo después de la baja por maternidad.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2016. solamente el 11 por ciento de los infantes con lactancia materna la reciben de manera exclusiva durante 6 meses. Para muchas, amamantar y trabajar fuera de casa no es compatible. La mayoría de los lugares de trabajo no cuentan con una sala de lactancia para la extracción de leche, con las correctas medidas de higiene y privacidad. Hay quienes por falta de espacio tienen que usar el baño para este propósito, lo cual es bastante penoso. En otros casos, no hay dónde almacenar la leche y falta lo más importante: empatía. No es de extrañar que en México, según el  Fondo de las Naciones Unidas para la infancia, sólo 1 de cada 10 madres que trabaja, dé el pecho a su bebé.

Si nuestras historias pudieran llegar más lejos, más allá del género femenino pudiéramos entonces garantizar el derecho a la lactancia que tenemos como madres trabajadoras. Les estaríamos dando a nuestros niños el regalo de la salud, y ¿que otra cosa puede ser más importante que eso? Entre todos podemos hacerlo realidad. Así, la tribu seriamos todos.

Lorena Siller

Obtuvo la Licenciatura en Humanidades por la Universidad de Monterrey y la Maestría en Estudios de Gènero y de las Mujeres por la Universidad de Austin en Texas. Aunque es regiomontana, radica en Playa del Carmen desde el 2010. Desde el 2006 es profesora de Bachillerato y actualmente prepara un proyecto de empoderamiento para niñas titulado Espacio Púrpura.