La traila

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En este recorrido vi una traila abandonada, se adivinaba por  lo crecido de la hierba del jardín. La puerta principal abierta y desde donde yo veía, un gran desorden y suciedad en la sala. Tirados en el césped algunos pequeños artículos que por supuesto me quise apropiar.  La pregunta obligada al jardinero que andaba por ahí, ¿Qué pasó, porqué esta así? 

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Salí en bicicleta para acompañar a Maricruz a las oficinas del campo de las trailas (mobile home), en el que habitamos. Por la lesión en la rodilla, ya no debo caminar sobre pavimento, así que, montando la poderosa de 18 dólares, tuve la oportunidad de recorrer con más calma las calles de este espacio.

Aquí hay orden y limpieza. No se parece en nada a lo que veía en las películas de televisión en donde las personas tienden su ropa al aire libre, tienen al perro encadenado a su pequeña casa ladrando todo el tiempo y hay triques tirados por doquier. No, aquí si no cortas tu césped, viene la administración y lo hace por ti, pero a la hora de pagar la renta del terreno, ahí te “abrochan”. 

En este recorrido vi una traila abandonada, se adivinaba por  lo crecido de la hierba del jardín. La puerta principal abierta y desde donde yo veía, un gran desorden y suciedad en la sala. Tirados en el césped algunos pequeños artículos que por supuesto me quise apropiar. 

La pregunta obligada al jardinero que andaba por ahí, ¿Qué pasó, porqué esta así? 

Nadie sabe, pero suponemos que los agarró la migra, porque un día ya no volvieron. Los niños regresaron de la escuela y ahí se quedaron hasta que vinieron por ellos unos familiares y se los llevaron rapidito, ni siquiera cerraron la puerta. 

¿Oiga, puedo agarrar lo que está tirado en el zacate? Eran unas figuras y pequeños colgantes de esos que hacen ruido con el viento.

Claro, puede agarrar solo lo que necesite (hizo hincapié en solo lo que necesite), otras personas ya entraron y se llevaron muchas cosas. Como quiera, van a venir a limpiar y todo se va a la basura. Si quiere le abro el garaje, a nadie se lo he abierto. Ipso facto llamé a la Maricruz.

Tráete la camioneta al cruce de tal con cual, aquí te veo, le suelto de manera aprehensiva. No fuera a ser que el hombre se arrepintiera. Rápidamente llegó la susodicha toda asustada, pensando que me había caído o algo peor. 

Dice el señor que nos podemos llevar lo que necesitemos, el hombre asintió con la cabeza.

¡No!, ¡no!, ¡no!, parecíamos aspiradoras en el garaje: nos hicimos de herramientas, extensiones de luz, hieleras, fierros, más fierros (¿para qué sirve esto? Sepa la madre, tu súbelo, luego averiguamos), sillas plegadizas, lámparas, cubetas, mochilas, un balón,  y una manguera. Literal, llenamos la parte trasera de la camioneta.

¿Pero qué era lo que quería recoger en un principio y que claro que lo hice? Dos pequeñas figuras de buda en resina y una cerámica de un ángel con un ala rota.

Ya en casa y revisando todo, me detuve a contemplar al ángel. Qué significativa resultaba esta imagen. 

Tal vez sus dueños llegaron aquí de ilegales persiguiendo el sueño americano, buscando un mejor futuro. Probablemente los dos trabajaban y con mucho esfuerzo se pudieron comprar su traila, en un espacio bastante decoroso donde pudieran estar tranquilos. Quizá sus familiares, también ilegales, los animaron a venir a este país. No sé, me imagino tantos escenarios.

Pero lo que me resulta más doloroso de imaginar es la angustia de los niños de no ver llegar a sus padres a su hogar. La espera, la soledad, la indecisión de ir o no ir a la escuela al día siguiente, de marcar o no marcar a sus familiares, de no saber si podían acudir a un vecino pidiendo ayuda. Imaginar todo lo anterior me tiene muy arrugado el corazón.

Quiero creer que en esta familia había un protocolo de salvación en caso de que sucediera lo que sucedió. Por favor diosas, que haya sido así. Por el bien de esa familia y de esos niños, que haya sido así.  28 de Agosto de 2019. 

Vicky Ponce

Psicóloga, amante de la naturaleza y los deportes, me dedico a contemplar la vida desde mi jubilación hace 18 años.  Activista de los derechos de la comunidad LGBTTTI, fui co-fundadora de la primera A. C. Lésbica en el estado. Disfruto rabiosamente a mi familia y soy taxista. Encantada de mi existencia.