La tía Tatis

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Tatiana Clouthier logró hacernos pensar por 100 días que con la creatividad suficiente se pueden usar las figuras conservadoras para construir un mundo mucho más liberal. La tía como figura disidente y moralizante, moderna y presa del kitsch católico, irreverente y a la vez firme a los principios.

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Una discreta nota en El Norte decía “Declinará Tatiana cargo en SEGOB” y la traición figuró desde el minuto uno como primera línea de especulación. La Clouthier ya no es lo que fue en campaña. Se ha ido desluciendo conforme dejamos atrás el primero de julio. La han dejado sola, como voz disonante, y se nota en la prisa de la redacción y en los typos, que otra vez controla ella misma sus redes sociales.

“Ante especulaciones, inventos e incluso frotadas de mano aclaró: asumo cargo diputación por así ser lo mejor para la Patria y a mi familia; no hay telenovelas por escribir y si cariño y trabajo de la mano con @lopezobrador_”, puso en su cuenta de Twitter.

Sin embargo, estas “telenovelas por escribir” de las que habla Tatiana hablan más de nosotros que de ella.

“Prefiere Clouthier cuidar a su familia” lucía el encabezado de Reforma al día siguiente y se siente un dejo misógino imposible de ignorar. La columna de Catón al respecto era todavía más torpe y el nombre lo dice todo: “Decisiones de mujer”.

“En vez de aceptar ese importante cargo ocupará su curul de Diputada, lo cual le permitirá participar en la vida nacional sin demérito de sus tareas de esposa y madre. O sea que rechazó una elevada posición en la política con tal de no alejarse de los suyos.”

Y de verdad ante esto me debato qué es lo más grave: si la noción de que un trabajo de diputación federal es de medio tiempo o que todavía publicamos a quienes piensan que la familia es algo que solo les pasa a las mujeres o ya de plano la condescendencia que enmarca toda la reflexión.

Las razones de Tatiana ya no importan porque ya echaron su destino: la engañaron, la usaron o bien, actuó como le tocaba. Sus razones personales ya no son de ella, nunca fueron de ella.

Y es que Tatiana es el primer saldo de su propio fenómeno. La izquierda había aprendido, a través de “La tía Tatis”, qué era lo que le faltaba para poder organizarse: incorporar figuras de la derecha. Tatiana aprendió este fin de semana el nulo margen de maniobra que el mundo conservador ofrece a las mujeres.

Tatiana Clouthier logró hacernos pensar por 100 días que con la creatividad suficiente se pueden usar las figuras conservadoras para construir un mundo mucho más liberal. La tía como figura disidente y moralizante, moderna y presa del kitsch católico, irreverente y a la vez firme a los principios.

A “La tía Tatis” le cayó encima la suma de la realidad y sus maldiciones: la maldición de ser mujer, la de ejercer un liderazgo y la de ser sólo una tía más, aunque la más querida, de Morena.

Pasa algo similar con la foto familiar que cuelga solemne en la sala de la casa: sólo aparecen los padres y los hijos y, si acaso, un ancestro de valor irrebatible. El núcelo desplaza a la familia extendida y ésta última, en su calidad de apéndice, se ve marginada del primer cuadro.

Pero en el caso de las tías es peor, van a los márgenes de lo extendido, porque además son mujeres y por eso, aunque se muevan o se queden quietas, nunca salen en la foto.

Luis Mendoza Ovando

Juntaletras. Desvarío seguido en Contextual MX.