La retriste situación de los psicólogos

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Y es por esto por lo que, al menos los psicólogos que se dedican al ámbito clínico deben de tratar de sostener dos o tres trabajos; uno que les permita solventar sus gastos de la vida diaria, otro para pagar la renta de su consultorio (en caso de tener), y tercero su consulta, de la que tampoco se puede esperar que estén obteniendo lo suficiente para dedicarse solo a ello; prácticamente ellos mismos pagan por tener pacientes. 

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Hace unos días recibí una llamada en el departamento del hospital en el que laboro; me preguntaron si aquí aplicábamos determinadas pruebas psicológicas, a lo que respondí que sí. Entonces la compañera del departamento de citas foráneas agendó al paciente a quien su neurólogo le había indicado esas pruebas. El paciente es de otro estado de la república y tiene que venir hasta Monterrey a tratarse.

Luego de colgar esta llamada vino a mi mente la pregunta ¿y acaso en esa ciudad no hay psicólogos? ¿no hay otra manera de que el paciente pueda recibir esa atención sin tener de trasladarse de tan lejos? Considerando que en ocasiones no recuperan lo que invierten en su traslado, hospedaje, etc., provocando un desgaste mayor del que traían consigo por sus padecimientos. 

Cada año, por no decir cada semestre, egresan cientos de psicólogos en el país; desde las universidades más prestigiosas, hasta las más modestas, públicas y privadas, me atrevería a decir que casi todas ofertan la carrera de psicología, siendo así, ¿dónde quedan esos egresados?, ¿en qué trabajan?, ¿por qué la unidad médica que envía a este paciente no cuenta por lo menos con uno que realice ese trabajo? La respuesta más simple y no menos importante para este último cuestionamiento es que simple y sencillamente no hay plazas para personal de psicología en esa unidad médica.

Sin duda son múltiples las variables involucradas en el proceso que acabo de describir, sin embargo, sí puedo poner énfasis en por lo menos una, y es que no hay oportunidades laborales para esos cientos de psicólogos. Muchos de los que conozco, tanto de mi generación como de las más jóvenes, terminan trabajando práctica y literalmente de lo que sea; los encuentro de docentes (y no propiamente enseñando asignaturas de psicología), representantes médicos, choferes de Uber, educadoras, agentes de seguros, músicos, cantantes, etc.

Estoy completamente de acuerdo en que hay a quien le gusta lo que desempeña a pesar de ser distinto de su formación académica, es muy libre de hacerlo y es bastante válido; más bien mi crítica apunta a quienes acceden a trabajar de lo que sea con tal de llevar sustento a sus hogares porque no les quedó de otra. 

Ciertamente en un país como el nuestro, estudiar esta carrera se vuelve peligroso para la vida. A nivel institucional los salarios son muy bajos y con pocas prestaciones en su mayoría; a nivel privado, vivir de consultas es casi un sueño inalcanzable, primero porque no tenemos la cultura para acudir al psicólogo cuando sentimos que la vida nos sobrepasa, esta profesión se encuentra al final de la cadena alimenticia ya que ante la presencia de algún malestar, las personas acuden primero con el médico, el psiquiatra, el sacerdote, el chamán, la que lee las cartas y quizás al último con el psicólogo. 

Y es por esto por lo que, al menos los psicólogos que se dedican al ámbito clínico deben de tratar de sostener dos o tres trabajos; uno que les permita solventar sus gastos de la vida diaria, otro para pagar la renta de su consultorio (en caso de tener), y tercero su consulta, de la que tampoco se puede esperar que estén obteniendo lo suficiente para dedicarse solo a ello; prácticamente ellos mismos pagan por tener pacientes. 

Esto último provoca un desánimo, y una justificada y entendible razón del por qué muchos psicólogos clínicos abandonan su praxis, prefieren trabajar en algo diferente a su formación con tal de que su sueldo vaya a parar a sus bolsillos y poder usarlo para satisfacer sus necesidades mínimas básicas, y no en el pago de un consultorio.

Y eso que solo estoy hablando de una retriste situación de los psicólogos, porque hablar de la situación actual de la psicología y de la formación actual de estos profesionales implica otras cosas, igual o más tristes que intentaré explicar más delante.

Carlos Llanes

Practica el Psicoanálisis en la ciudad de Monterrey, miembro fundador titular de Vía Regia al Psicoanálisis, candidato a Doctor en Investigación Psicoanalítica por el Colegio Internacional de Educación Superior. Es miembro del comité editorial de la Revista Letra en Psicoanálisis, ha sido maestro en varias instituciones educativas, actualmente se encarga del Departamento de Psicología del Hospital Regional Monterrey-ISSSTE, es maestro de la Licenciatura en Educación y Gestión de Centros Educativos de la Universidad Metropolitana de Monterrey y atiende en consulta privada.