La resonancia de los ecos

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No se trata de cazar brujas ni de irrumpir en la intimidad de los chicos para “prevenir” conductas de riesgo o el mismo suicidio, sino más bien se trata de darle lugar a su sufrimiento, lo que sólo se podrá hacer escuchando.

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La escucha, a diferencia de lo que se puede pensar comúnmente no es una pasividad, sino más bien una actividad y de las más difíciles que hay sin duda, no cualquiera escucha y no a cualquiera se escucha. Nuestra juventud hoy en día se le dificulta escuchar, y más aún, se les dificulta encontrar quien los escuche. Difícil de creer que en un mundo tan globalizado y tan “conectado”, donde las redes sociales atrapan a cualquiera sin distinción alguna, exista esta dificultad; la realidad es que entre más conectado se está virtualmente, más nos desconectamos del contacto humano.

Pero ese no el tema a priori del cual quiero profundizar, sino más bien en la falta de escucha hacia nuestros jóvenes estudiantes, esos que aparte de lidiar con las crisis de adolescentes, deben lidiar con las exigencias escolares, cada vez más orientadas a cerrar la creatividad desde temprana edad, reduciendo su capacidad lúdica y creativa, y esto tarde que temprano cobra factura, no es de a gratis que cada vez más tengamos niños deprimidos, incluso medicados desde muy pequeños, teniendo con ello consecuencias graves en su desenvolvimiento emocional y de vinculación con los otros que los rodean.

A eso y más se enfrentan nuestros jóvenes estudiantes actualmente, y tratan de hacer lo pueden con lo que tienen para sobrellevar las cosas. Desgraciadamente tanto va al cántaro el agua que termina por romperse. Puede llegar un momento, un instante en el que sólo se necesite de un pequeño empujón para ejecutar una acción fatal para ellos u otros.

Cada quien tiene sus motivos para hacer lo hace, algunos lo tienen más conscientes que otros, mientras unos tienen una idea más o menos clara de sus razones, otros sólo actúan, no saben por qué hacen lo que hacen, sólo saben que algo los impulsa, los mueve a ponerle fin a algo de lo cual, no encuentran otra manera de calmar.

Asesinato, suicidio o ambos, son algunos de los desenlaces, los más trágicos al parecer, al que se llega cuando algo no es escuchado, desde los padres, los maestros, los amigos, etc., todo aquel que de cierta manera tiene un vínculo con otro, puede fallar en esta función de escucha, y si se combinan la falta en la escucha con algún impedimento para hacerse escuchar por parte de alguien cuya tensión emocional hierve, cual olla de presión esperando la primer chance de ebullición, la cosa se pone aún más peligrosa.

Malestares, frustraciones, decepciones, etc., todo lo que vive el joven estudiante y que lo rebasan, buscan a la vez ser escuchados, lo piden a gritos, sin embargo no siempre salen en forma de palabras, sino más bien en forma de actos, los cuales pueden llevar a conductas de riesgo, tanto para ellos como para quienes los rodean.

Estas conductas serían resonancias de lo no escuchado, ¿por qué resonancias?, porque una resonancia es un sonido que no puede faltar en ciertas notas, así aunque suene contradictorio, lo no escuchado también hace ruido, un ruido estremecedor para quien lo sufre, estremece y aturde, tanto que, para callar ese estruendo, se puede llegar hacer hasta lo impensable.

Entonces, ¿qué podemos hacer?, sin duda el escuchar no es una panacea ni un remedio mágico para todo, pero es un comienzo. No se trata de cazar brujas ni de irrumpir en la intimidad de los chicos para “prevenir” conductas de riesgo o el mismo suicidio, sino más bien se trata de darle lugar a su sufrimiento, lo que sólo se podrá hacer escuchando. Los regaños, las llamadas de atención, las preguntas medio incómodas de repente que uno como adulto puede llegar hacer quizás sirvan de algo, pero dar cuenta del sufrimiento no hay de otra, escuchar es la alternativa, ya de ahí podrán venir otras cosas, lo importante será colaborar para cambiar la resonancia no escuchada por otra menos estremecedora y más armoniosa.

Carlos Llanes

Practica el Psicoanálisis en la ciudad de Monterrey, miembro fundador titular de Vía Regia al Psicoanálisis, candidato a Doctor en Investigación Psicoanalítica por el Colegio Internacional de Educación Superior. Es miembro del comité editorial de la Revista Letra en Psicoanálisis, ha sido maestro en varias instituciones educativas, actualmente se encarga del Departamento de Psicología del Hospital Regional Monterrey-ISSSTE, es maestro de la Licenciatura en Educación y Gestión de Centros Educativos de la Universidad Metropolitana de Monterrey y atiende en consulta privada.