La resistencia de las madres

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Su voz, su demanda, evidencia múltiples violencias: el desplazamiento forzado, las desapariciones de personas, la violencia sexual, la trata de personas, la criminalización y la invisibilidad de la población migrante.

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Sentadas, con las fotos de sus hijos e hijas a la altura del corazón, escuchan, reclaman, sollozan, o sonríen. Llegaron de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua en la XV Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos, 2019. El cansancio se asoma en los ojos, pero también la esperanza, la fuerza, y en algunas, la rabia. 

Esta es la segunda ocasión que llegan a Casa Nicolás, en Guadalupe, donde las recibió el equipo de la casa para migrantes junto con su coordinador Luis Eduardo Villarreal. Su paso por Nuevo León fue el 24 y 25 de noviembre. A su llegada también les dieron una palabra Consuelo Morales, directora de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos A.C. (CADHAC), e integrantes de AMORES A.C. Madres que buscan a sus hijos e hijas en Nuevo León y Tamaulipas quienes, abrazándolas, les hicieron saber que son hermanas de un mismo dolor. 

De Nuevo León partieron a Coahuila, ahora ya están en Tabasco. Entraron a México el 15 de noviembre, por Talismán, Chiapas, para atravesar alrededor de cinco mil kilómetros, a través de quince estados de la república, antes de regresar a sus países el próximo 3 de diciembre. 

La Caravana lleva tres lustros adentrándose en la búsqueda de sus familiares por nuestro país, la mayoría sin lograr avances, pero también realizando algunos encuentros entre familiares que tenían décadas sin verse. Su voz, su demanda, evidencia múltiples violencias: el desplazamiento forzado, las desapariciones de personas, la violencia sexual, la trata de personas, la criminalización y la invisibilidad de la población migrante. 

Mi hija desapareció en Nuevo Laredo –dijo una de las madres en Casa Nicolás- qué puedo hacer. Uno de los organizadores de la propia Caravana se apresuró a responder que quienes no habían puesto denuncia lo harían en la Ciudad de México. Así, el pasado viernes 29 de noviembre, la Caravana se reunió con funcionarios/as de la Fiscalía General de la República, de la Comisión Nacional de Búsqueda y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos a fin de dar seguimiento a los casos que ya han sido denunciados, y los que en este viaje presentaron. 

El Estado mexicano tiene grandes retos. Si bien el actual presidente ha dicho que la desaparición de personas es un problema prioritario, lo cierto es que la complejidad y la falta de visión y articulación, limita dar pasos contundentes. La Ley General en materia de desaparición de personas, que entró en vigor a inicios de 2018, sigue sin aplicarse de manera efectiva. No hay aún una coordinación nacional eficiente, menos internacional. Y continúan pendientes protocolos, registros, planes y programas que siguen esbozándose.  

La Caravana tuvo también un encuentro en el monumento a la madre el mismo 29 de noviembre. Ahí Rosario Piedra, recién nombrada presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos -en un proceso sumamente cuestionado-, declaró: estamos luchando para que eso acabe, o sea porque eso sucedió mucho en todos los sexenios anteriores, que lamentablemente no se decía nada, pero los migrantes eran muy maltratados por las propias autoridades. 

Las denuncias de lo que sucede a la población migrante, sin embargo, llevan años. Y la población migrante sexenio, tras sexenio, sigue siendo maltratada, agredida, explotada, desaparecida; es el país más letal para los migrantes en el mundo, dice Martha Sánchez, coordinadora del Movimiento Migrante Mesoamericano, añadiendo que el panorama para la Caravana resulta incierto ya que “hay un nuevo gobierno en México que prometió un cambio de modelo para la política migratoria basado en los derechos humanos y que bajo presiones del gobierno de los Estados Unidos, ha fortalecido políticas de contención y criminalización”. 

Las desapariciones de personas en el país –más de 40,000- son una terrible tragedia, que no tiene comparación, en cuanto a magnitud, en la propia América Latina. A pesar del dolor, a pesar de los quince años de búsqueda, a pesar de la ineficacia de instituciones, las madres centroamericanas, ya casi de salida de nuestro país, agradecen la solidaridad de México, porque, como reza una de sus mantas: la resistencia de las madres no tiene fronteras, no tiene miedo, no se rinden, no pierde la esperanza.   

Hay gente que aparece cuando desaparece -señaló recientemente Ignacio Irazusta, académico del Tec de Monterrey-. Y así es: estas madres nos muestran los rostros de sus hijos e hijas, los rostros del desplazamiento, de la violencia y dolor centroamericano, de la desigualdad social, los rostros de los seguramente criminalizados, disminuídos, invisibilizados, que se juntan a los miles y miles y miles de rostros en México que siguen desaparecidos, que siguen desapareciendo, y cuyas familias se unen, junto a la Caravana, en un casi mismo grito: ¡Porque vivos se vinieron y vivos los queremos!

Liz Sánchez

Con el sur como norte, camino. Disfruto la sierra y el mar; la salsa y los postres; la música, el viento y la poesía. El corazón se alimenta de lo amable. He colaborado y latido en la defensa de derechos humanos en Oaxaca, Tlaxcala y Nuevo León. Soy integrante de CADHAC.