La (no) importancia del uniforme

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En este sentido, aunque las regulaciones buscan el no rechazo, en la práctica se termina ocasionando lo contrario, se excluyen a los alumnos del resto de sus compañeros, pareciendo que la diferencia en la vestimenta causa alarma y angustia.

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Me encontré con doña Mary y su nieta de 7 años de edad en el parque. Mientras la nena disfrutaba de correr libremente, doña Mary me relataba con un tono de preocupación que la niña no tenía el uniforme escolar. Disculpaba a su hija diciendo que por las carencias económicas y de tiempo, no había podido comprárselo. Me comentó que cuando iniciaron las clases, la madre llevó a su hija a la escuela sin explicarle por qué no llevaba uniforme. La niña se acercó a nosotras y le pregunté cómo le iba en la escuela, me respondió: mi maestra no me quiere porque no tengo el uniforme. La mirada que me lanzó en la espera de alguna palabra de aliento me hizo sentir incómoda y molesta al pensar que es muy corta su vida escolar y ya el ambiente educativo la hacía sentir diferente y enojada. Al proseguir la charla intenté salvar un poco a su maestra, la niña no se dejó y hasta me argumentó que su profesora estaba enojada porque la directora la regañaba si no iban iguales todos los niños. Además agregó que sus compañeritos pensaban que ella tenía piojos por no tener uniforme.

Aunado a esta situación, la nena también me contó que no se le permitía estar en los honores a la bandera por no portar esa vestimenta. En voz de la niña: yo me quedo en el salón, me subo a un banco, y desde la ventana saludo a la bandera.

Esta actitud por parte de sus compañeros me hizo pensar que los niños, al no encontrar un sentido a lo que ocurría y en la búsqueda de dárselo, sólo les alcanzó para actuar un rechazo ya ejecutado por la propia maestra, quien a la vez está sometida al reglamento y a las indicaciones de sus directivos, por lo tanto, a ella también le toca ser señalada e incluso juzgada.

El Gobierno del Estado de Nuevo León planteó las Disposiciones Generales para la Organización y Funcionamiento de las Escuelas Públicas y Particulares de Educación Básica. En el punto 69 señala: “la falta de uniforme escolar no será objeto de sanción por parte del personal de la escuela ni por las asociaciones de los padres de familia”. Posteriormente dentro del Reglamento de Disciplina Escolar, menciona como obligación del alumno: “asistir con vestimenta adecuada” y más adelante, como obligación de los padres, “fomentar y revisar que la vestimenta del alumno sea cómoda, sencilla y que permita desarrollar las diversas actividades escolares”.

Según lo anterior, y retomando el caso de la nena, vivimos en un ambiente donde si bien por ley no se puede negar el acceso a las instituciones educativas a los alumnos que no porten el uniforme, puede ocurrir que no sean incorporados a participar en las demás actividades junto al resto de sus compañeros. En este sentido, aunque las regulaciones buscan el no rechazo, en la práctica se termina ocasionando lo contrario, se excluyen a los alumnos del resto de sus compañeros, pareciendo que la diferencia en la vestimenta causa alarma y angustia.

En la mayoría de las ocasiones, como le pasó a la maestra del relato, los docentes son obligados a cumplir ciertos reglamentos internos de las instituciones donde laboran, ocasionando una segregación de los alumnos que pueden estar pasando por situaciones similares a las de la nena.

Mientras los maestros y directivos no tengan en claro en qué consta una inclusión educativa, este tipo de eventos discriminatorios  se seguirán repitiendo. Por ello es importante y urgente un cambio de perspectiva de la función docente sobre abrirle el paso a la diferencia y con ello llevar de forma adecuada la inclusión.

Karla Dávila

Practica el psicoanálisis en la ciudad de Monterrey. Miembro fundador titular de Vía Regia al Psicoanálisis, y del proyecto realizado en colaboración con CONARTE-CINETECA NL “Séptimo Arte y Psicoanálisis”. Cursó la Maestría en Psicología con Orientación en Clínica Psicoanalítica en la UANL con estancia de intercambio académico en la Universidad Nacional De Mar de Plata, Argentina. Actualmente imparte el seminario “El malestar en la vida escolar ” y es catedrática de la Licenciatura en Educación y Gestión de Centros Educativos de la Universidad Metropolitana de Monterrey.