La lista de Schindler… en los hospitales de México

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El gobierno sabe que no hay un “indicador de los pacientes que murieron y no debieron morir”, miles fallecerán en sus casas o en alguna sala de urgencia saturada. La causa de muerte será SIDA, insuficiencia renal, infarto al miocardio. En ninguna acta de defunción aparecerá “Ineficiencia del sistema de salud” o “murió 10 años antes para que el país pudiera construir un tren.” No, serán muertos invisibles en estadísticas clínicas que hablarán del mal trabajo de prevención de gobiernos anteriores y nunca de la responsabilidad del actual por atenderlos

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Jorge es un cardiólogo de 34 años que trabaja en el Instituto Nacional de Cardiología, uno de los 13 institutos de alta especialidad que dependen de la secretaría de salud (así, con minúsculas) y que en los últimos días han sido noticia por los recortes presupuestales de dos mil cuatrocientos millones de pesos que los tienen al borde del colapso. 

Jorge trabaja en la evaluación de pacientes con problemas cardíacos y es uno de los responsables de programar los procedimientos para la colocación de stents que le deberían de dar años y calidad de vida a cientos de pacientes. Jorge no es un médico-técnico que ve folios, atiende vidas, familias, sueños y esperanzas en cada uno de ellos, por eso no es de extrañar que esté buscando soluciones más allá de sus responsabilidades. “Tengo la lista de Schindler –me dice-, así le llaman en el hospital a una lista de más de 300 pacientes que podrían morir si no son atendidos antes de un año, estar en esa lista te puede salvar la vida, no estarlo es impensable. De esa lista algunos ya son urgentes, otros se jugarán su suerte esperando llegar vivos cuando haya posibilidad de atenderlos en seis u ocho meses. Pero las probabilidades son pocas, no hay dinero para nada… la solución del gobierno para disminuir los costos de atención es dejarlos morir, sin importar que los estemos privando de diez o quince años más de vida, algo tenemos que hacer.”

Esteban es director de un hospital público que tiene 300 camas, hoy están ocupadas menos de cien. No se debe a que no haya pacientes, la demanda de servicios lo rebasa. Hace todavía cuatro meses era imposible pensar en un día con menos de 300 pacientes hospitalizados.

Hoy no les dan acceso a los pacientes, tiene que priorizar porque los medicamentos son escasos y no alcanzan para todos. Niños, mujeres embarazadas, personas mayores, pero no muy grandes… la frustración se refleja en sus palabras: “siempre hemos tenido carencias, pero de alguna u otra forma hacíamos nuestro trabajo. Poníamos pacientes en los pasillos, les pedíamos apoyo a médicos y enfermeras para que extendiera su horario. Estábamos mal, pero atendíamos; ya no, nos pusieron horarios de atención, nos limitaron el número de pacientes a recibir. Si no atiendes, no gastas. Ayer nos pidieron que redujéramos 20 por ciento la plantilla del personal, un día después de que el presidente anunció que no habría recortes.”

Los recortes en salud afectan el bolsillo de las personas y cambian su estilo de vida, pero más que eso, los recortes en salud matan. Niños que no recibirán vacunas, pacientes con enfermedades crónicas que no recibirán su tratamiento y hasta padecimientos menores que no deberían ser un problema, como apendicitis y urgencias leves, que se han convertido hoy en situaciones mortales por carencias básicas de suturas, anestesias y antibióticos.

El gobierno sabe que no hay un “indicador de los pacientes que murieron y no debieron morir”, miles fallecerán en sus casas o en alguna sala de urgencia saturada. La causa de muerte será SIDA, insuficiencia renal, infarto al miocardio. En ninguna acta de defunción aparecerá “Ineficiencia del sistema de salud” o “murió 10 años antes para que el país pudiera construir un tren.” No, serán muertos invisibles en estadísticas clínicas que hablarán del mal trabajo de prevención de gobiernos anteriores y nunca de la responsabilidad del actual por atenderlos. 

Hacienda cumple las instrucciones de controlar el gasto y tener reservas para programas sociales y la infraestructura prometida, presenta sus números orgullosos, pero en ningún balance gubernamental aparecerán los días no vividos por miles de mexicanos, porque los recortes en salud no se miden en porcentaje de ahorro en el combate a la corrupción, ni en miles de millones de pesos que permiten una nueva refinería que se construirá como pirámide sobre cráneos humanos. Los recortes en salud se miden en vidas, y es justo que este gobierno rinda cuentas en “vidas perdidas” por sus políticas asesinas, reflejo de su falta de entendimiento en un tema tan delicado como es la salud y que traerá como consecuencia que miles de mexicanos pasen a ser parte de las “Listas de Schindler” en los hospitales de México.

Nota. A raíz de las protestas de varios directores de hospitales, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público liberó 2 mil 400 millones de pesos para la compra de insumos y medicamentos, un día después de que se escribió esta columna. El tema sigue vigente ya que no hay una tendencia de solución, al contrario. Los recortes en otras áreas como personal, servicios subrogados y gastos básicos de operación, siguen. El problema no es solo el dinero, es la nula importancia que este gobierno le da a la salud de los mexicanos.

Javier Potes

Chilango de nacimiento, regiomontano por convicción, colombiano de sangre y cuentero por vocación. Amante de la disrupcion y los imposibles, creyente del poder de la participación y de la responsabilidad social. Dedicado a mi familia y a mejorar el sistema de salud en México.