La libertad que dan los años

¿Por qué las mujeres tenemos que esperar a ese momento en que dejamos de llamar la atención de los acosadores para poder vestirnos como nos guste o hacer lo que nos parezca? ¿La libertad comienza a los cincuenta y tantos o incluso después?

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De pronto me di cuenta de que hace tiempo que no me pasan cosas como las que me sucedían cuando era más joven y que no eran precisamente agradables: ya no hay un compañero de trabajo o maestro que se sienta con derecho a pasarme el brazo por la cintura, ya no hay un tipo que vaya siguiéndome en el carro y que me haga conducir como loca para poder perderlo de vista, ya no hay un hombre a quien le parezca buena idea sujetarme de un brazo para decirme lo guapa que le parezco cuando camino por el centro de la ciudad ni tampoco hay un fulano tratando de subirme a su coche cuando espero un taxi en la banqueta.

Creo que he llegado a lo que podría llamar, la edad de la aparente inmunidad. Mi amiga Carmen escribió de eso hace meses cuando cumplió 60 años. Ella siente que ahora está libre de los acosadores y que por fin puede vestirse como quiera e ir a donde le dé la gana porque ya no se siente observada y ya no llama la atención como cuando era joven.

Cuando lo leí discutí la idea con ella; yo le decía que el acoso no dependía de qué tan atractiva era la mujer sino de cuestiones como el ejercicio del poder y la cultura machista que lleva a muchos hombres a sentir que pueden invadir el espacio personal, los cuerpos y las vidas de las mujeres cuando les plazca.

Pero ahora que lo pienso creo que Carmen tiene razón. Después de determinado punto, avanzar en edad hace que una sienta una cierta invisibilidad y eso produce alivio. Se comienza a experimentar una sensación de seguridad que tal vez sea falsa. Lejos de que esta percepción de libertad me alegre, me indigna y me entristece por partes iguales.  ¿Por qué las mujeres tenemos que esperar a ese momento en que dejamos de llamar la atención de los acosadores para poder vestirnos como nos guste o hacer lo que nos parezca? ¿La libertad comienza a los cincuenta y tantos o incluso después?

No pierdo de vista mis privilegios. Los ejemplos que mencioné y que forman parte de mi experiencia personal quedaron atrás sin más consecuencia que un mal recuerdo porque mi formación me permitió reaccionar defensivamente en cada una de las ocasiones o porque tuve la suerte de que alguien me echara la mano. También sé que la mayoría de las situaciones que yo viví son juegos de niñas comparadas con las cosas que enfrentan las mujeres jóvenes hoy en día, ¡todos los días! Tengo la sensación de que ahora hay agresores que son más violentos, que llegan más lejos.

Y es que el acoso no tiene que ver solamente (¡solamente!) con piropos no solicitados ni agradecidos, o con miradas que incomodan. También es intimidación, agresiones físicas, violaciones incluso. ¿Porqué las mujeres tenemos que pasar nuestra juventud e inclusive la infancia, aprendiendo a defendernos, a “no provocar”, a no pasar por determinados sitios? Puede parecer una tontería, pero hay que vivirlo para comprenderlo: es cualitativamente diferente transitar por la ciudad con el miedo de que te asalten, a tener temor de que además te violen.

La juventud no debería ser un riesgo ni una condena. Durante todos esos primeros años cualquier mujer merece tener garantizado el derecho a estar labrando el futuro que ella quiera, no tratando simplemente de averiguar si consigue salir ilesa, sin traumas, sin secuelas, si es tan hábil y tan apta como para ser capaz de sobrevivir hasta llegar a la edad de ser libre. 

Me he dedicado toda la vida a la educación en diferentes modalidades y niveles. Me apasiona leer y escribir. Soy amante de la diversidad humana, defiendo la alegría. En algún tiempo, activista animalista. Aprendiendo cada día, gracias a las ideas de los participantes de los talleres de columna de opinión.

4 comentarios en “La libertad que dan los años

  1. Lo suscribo, Andrea: ser mujer debiera ser una invitación a florecer en cada etapa de la vida… No debiera haber tiempo ni motivo de replegarse; debiera tratarse de abrir las alas y no cerrarlas NUNCA!

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