La julieta de mi madre

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Me entretenía cortando las hojas secas, regando el jardín, acostada en el suelo viendo pasar las nubes de mariposas monarcas cuando era la época de migración. Llenándome con el olor a la tierra mojada cuando llovía y arrullada por el canto de los grillos en la noche.

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A tu abuela le encantaban las matas, se sentía muy orgullosa de tener las diecisiete variedades de crotos y unas julietas hermosas en aquel pueblo seco donde vivíamos. A mis hermanas y a mí, nos tocaba, a cada una, sacar de la noria seis tinas de agua, para regar sus plantas. Por andar acarreando matas le dieron las embolias, pero no entendía. Y mamá Aurelita era igual, me acuerdo cuando tuve que ir a recoger a la pobre viejita que se quedó tirada en el traspatio, también por una embolia y también por andar acarreando macetas. Menos mal que estaba tan flaquita, porque la tuve que cargar yo sola. Por eso no me gustan las matas.

Me pasé la infancia escuchando a Argelia, mi madre, repetir eso con tanta frecuencia que terminé por aprender su teoría del origen de los ictus que eventualmente acabaron con la vida de mis ancestras; mamá Aurelita, mi bisabuela y Andrea, mi abuela.

Desde que nací y hasta mis seis años viví en una casa muy pequeña, a tres cuadras del mercado Juárez. Allí el patiecito era diminuto y mamá aprovechaba esa circunstancia para justificar aún más su decisión de no tener plantas. Después nos cambiamos a una casa más grande, con más terreno, en una colonia que se encontraba en lo que algún día habían sido campos de cultivo, de temporal.

Llegar allí durante la niñez fue maravilloso. Me recuerdo a mí misma persiguiendo lagartijas, agarrando insectos y arañas, hundiendo las manos en la tierra, haciendo pozos de diversos tamaños para plantar las matas que mi papá compraba. Me entretenía cortando las hojas secas, regando el jardín, acostada en el suelo viendo pasar las nubes de mariposas monarcas cuando era la época de migración. Llenándome con el olor a la tierra mojada cuando llovía y arrullada por el canto de los grillos en la noche.

Creo que toda esa exposición sensorial consiguió que el esfuerzo de mamá por inculcarme su manera de pensar sucumbiera, y aflorara la herencia del gusto de las mujeres que me precedieron por las plantas y animales en casa.  

La verdad no sé si heredar es el verbo adecuado, en ocasiones pienso que más bien quise honrar el recuerdo de Aurelia y Andrea de más de una manera, incluyendo el gusto por tener una casa llena de vida.

Con el paso del tiempo y, sobre todo, cuando se dio cuenta que lo mío no era gripe y en realidad me encantaba tener todo ese despliegue, mamá fue tomándole cariño a algunas plantas. A los rosales porque le gustaban a papá, a un árbol de guayabas y a una magnolia porque eran hijos de árboles que estaban en las casas de familiares muy queridos y especialmente a una planta de julieta que le recordaba a su madre y que creció salvaje y mutante, con unas hojas enormes y que era la admiración de todos los que la veían.

Poco antes de morir mi madre, le regaló “una podita” de esa julieta a una muy querida amiga mía. Después, mamá murió, me fui a vivir a otro país, vendí la casa, mi vida dio mil volteretas, regresé a México y un buen día (después de unos diez años de aquel regalo), mi amiga me preguntó si recordaba la “podita”. Le dije que sí, claro. Ella me contó entonces que esa planta había sobrevivido en su casa hasta convertirse casi en una plaga, que había dado podas a cuanta gente se la había pedido, que sus vástagos seguían prosperando y que, si yo quería, podía volver a mis manos.

Recibirla fue como retomar mis orígenes, volver al recuerdo de Aurelia, Andrea, Argelia y recibir su herencia nuevamente. Reconciliar la que fui con la que seguiré siendo y recordar que al final, la vida siempre se abre paso.

Me he dedicado toda la vida a la educación en diferentes modalidades y niveles. Me apasiona leer y escribir. Soy amante de la diversidad humana, defiendo la alegría. En algún tiempo, activista animalista. Aprendiendo cada día, gracias a las ideas de los participantes de los talleres de columna de opinión.