La ignorancia no es una bendición

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Por lo tanto, me imagino que antes de emitir su voto, los y las integrantes del Congreso no leyeron el caso, o bien manipularon la información dolosamente. Si es el primer supuesto, me parece una irresponsabilidad que sigan legislando, porque no están tomando su trabajo con la seriedad que se requiere; en cambio, si manipularon la información dolosamente, es una clara señal de que no deben estar gobernando. 

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La semana pasada se discutió en el Congreso del Estado de Nuevo León una iniciativa presentada en 2014, que buscaba “garantizar el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural” en la Constitución del Estado. Desde el punto de vista jurídico esta iniciativa implicaba la prohibición del aborto y la muerte asistida. En vista de que, hay jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia que permite ambas cosas, decidí no preocuparme. Estaba segura de que algún diputado o diputada, asesor o asesora jurídica, se iba a dar cuenta de que la barbaridad que querían aprobar no se encontraba ajustada a derecho. ¡Qué equivocada estaba! La iniciativa se aprobó por 30 votos a favor, y solamente hubo 8 votos en contra. 

Hasta el momento, sigo horrorizada por esta situación. ¿Qué pasó con mi derecho a decidir? ¿Por qué el Estado va a decidir sobre mi cuerpo y mi vida? ¿En dónde quedó mi reconocimiento como persona? Más aún, ¿por qué yo como ciudadana tengo que seguir las normas impuestas por el Estado, cuando a los diputados y diputadas les importa poco o nada el marco legal? Literalmente, el Congreso nos está negando derechos reconocidos en la Constitución federal y en tratados internacionales. 

Lo más impactante de esta desagradable realidad, es que tanto diputados y diputadas tuvieron el valor de mentirnos a la cara, para justificar su fe católica. No tengo nada en contra de los católicos o personas creyentes de cualquier otra religión, yo misma soy católica. Pero una cosa son las creencias personales y otra muy diferente es intentar imponerlas a la población. Pareciera que los y las integrantes del Congreso no se han enterado de que desde 1859 Iglesia y Estado están separados. 

Encima, me parece absurdo y ofensivo que los y las diputadas que votaron a favor hayan utilizado el Caso Artavia Murillo y otros vs. Costa Rica ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para argumentar que en instrumentos internacionales se protege la vida desde la concepción. En el caso en cuestión, la Corte concluyó que “no es factible sostener que un embrión sea titular y ejerza los derechos consagrados en cada uno de dichos artículos”, y que “el objeto directo de protección -del derecho a la vida- es fundamentalmente la mujer embarazada”. Por lo tanto, me imagino que antes de emitir su voto, los y las integrantes del Congreso no leyeron el caso, o bien manipularon la información dolosamente. Si es el primer supuesto, me parece una irresponsabilidad que sigan legislando, porque no están tomando su trabajo con la seriedad que se requiere; en cambio, si manipularon la información dolosamente, es una clara señal de que no deben estar gobernando. 

Además, en el debate que se dio en el Congreso, nunca se discutió qué pasaba con el derecho a una muerte digna o mínimo quienes votaron a favor no mencionaron este tema. Claramente no se les cruzó por la cabeza que, la iniciativa propuesta no solamente prohibía el aborto sino también el derecho a una muerte digna. ¡Qué coraje que ni siquiera ellos mismos se dieron cuenta de todas las implicaciones de la reforma!

Lamentablemente, no hay consecuencias legales directas en contra de los y las legisladoras que nos mienten o que proponen y aprueban iniciativas de reformas en contras de derechos humanos, es decir, estos servidores públicos no van a ser destituidos, ni van enfrentar un proceso penal o civil por sus acciones. Por lo que, nos toca a nosotros como ciudadanos y ciudadanas no votar por ellos. Es necesario cuidar a quienes les damos el privilegio de gobernarnos, no puede ser posible que nuestro Congreso sea un lugar donde la ignorancia es una bendición, y la sabiduría una locura. 

Alejandra Ortiz

Apasionada por la lectura, practicante de la honestidad y firme defensora de los Derechos Humanos.