La farsa ante un país dolido

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“Todo el miedo que yo tenía se fue, porque eran de la Marina”, pensó que, cuando se dieran cuenta que su hermano no tenía que ver con la delincuencia, lo regresarían. Era el 2011, sin embargo, a la fecha René continúa desaparecido. Lo desapareció la Marina. 

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Entraron a su cuarto pateando la puerta y aluzándolo a los ojos. A gritos le preguntaban por su hermano, golpeando, empujando. Lo dejaron a él y por la ventana vio cómo esa madrugada se llevaban a René. “Todo el miedo que yo tenía se fue, porque eran de la Marina”, pensó que, cuando se dieran cuenta que su hermano no tenía que ver con la delincuencia, lo regresarían. Era el 2011, sin embargo, a la fecha René continúa desaparecido. Lo desapareció la Marina. 

La militarización del país tomó clara forma en 2006 con Felipe Calderón, quien siendo presidente de la república definió que las fuerzas castrenses enfrentarían en las calles a la delincuencia organizada. Años después el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, propuso modificaciones a la Constitución que implican garantizar el marco legal para que militares y marinos operen la seguridad pública desde la figura de la Guardia Nacional. 

Ha habido voces opositoras a la militarización con datos contundentes. De acuerdo a un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, presentado por la académica Catalina Pérez Correa, a partir de la política calderonista las agresiones a civiles fueron catastróficas: mientras que el índice de letalidad en conflictos modernos suele ser de 1 a 4 (una persona muerta, por cuatro heridas), la fuerza letal del Ejército mexicano en 2011 fue de 9.1 muertes por cada persona herida y en la Marina fue de 17 a 1, en tanto en la policía fue de 2.6 a 1. Otro indicador que el estudio refiere para medir el uso de la fuerza letal es el número de civiles y marinos o militares sin vida, resultado de enfrentamientos: en 2013 se reportan 23.3 civiles muertos por cada marino sin vida, y 20 civiles asesinados por cada soldado sin vida. Este uso desproporcionado de la fuerza se constata en diversos casos en Nuevo León y en el país. “Nuestros números son los de masacres”, señala el estudio.

Tenemos en México más de 40 mil personas desaparecidas y 200 mil personas ejecutadas en los últimos doce años. La estrategia gubernamental no ha funcionado y el actual gobierno no solo quiere continuarla, sino que la está constitucionalizando, dando al Ejército y Marina un poder inusitado.  

 La propuesta de la Guardia Nacional fue aprobada en la Cámara de Diputados, y, posteriormente -en medio de negociaciones partidistas, presiones ciudadanas y argumentos académicos- se aprobó con modificaciones en el Senado. Hubo el “lo logramos” y el “sí se pudo” desde diversos sectores: senadores/as, partidos políticos, iniciativa privada, academia, algunas organizaciones y el presidente Andrés Manuel, pero, ¿por qué habría qué celebrar que la Coordinación Operativa Interinstitucional de la Guardia estará conformada también por representantes de Marina y Ejército? ¿Por qué habría que aplaudir además participarán en el establecimiento de la estructura y capacitación de la Guardia? Si bien el texto acordado en el Senado fue “mejorado” respecto al aprobado en la Cámara de origen, lo cierto es que en los transitorios se está logrando el marco legal para que las calles continúen militarizadas. ¿Cómo tomarse la aprobación de manera esperanzadora desde un estado y un país tan dolido y ensangrentado como Nuevo León?

La propuesta regresó a la Cámara de Diputados, donde según parece las modificaciones del Senado se aprobarán sin problema, para posteriormente remitirse a los Congresos estatales a votación. Tocaría al Congreso de la Unión y a los Congresos Locales detener la estrategia militar por fallida y por estar fuera de una lógica de estado democrático garante de derechos. 

Antes de que irrumpa un marino en tu cuarto o el mío, antes de que arranquen a otro René de su familia -como a miles- o a tu hija, a tu hermano; antes de que te desaparezcan, o nos ejecuten en la calle. Antes de que sigan rasgándonos la vida, toca demandar un claro y profundo alto a la militarización, exigir una ruta alterna hacia la paz, y no esta farsa que nos están recetando.

Liz Sánchez

Con el sur como norte, camino. Disfruto la sierra y el mar; la salsa y los postres; la música, el viento y la poesía. El corazón se alimenta de lo amable. He colaborado y latido en la defensa de derechos humanos en Oaxaca, Tlaxcala y Nuevo León. Soy integrante de CADHAC.