La estrategia de paz de AMLO: ignorar a las mujeres 

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El problema es que el 72 por ciento de las mujeres detenidas son torturadas sexualmente, principalmente por miembros de la Marina y la Sedena, como denunció Amnistía Internacional, por una profunda misoginia institucional.

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Desde septiembre pasado, madres de mujeres asesinadas y desaparecidas e integrantes del Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidios fueron a la casa de transición del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), para pedir al hoy presidente que atienda de manera “urgente” la violencia contra las mujeres. Tras revisar su Plan Nacional de Paz y Seguridad, presentado hace un par de meses, y ver que no fue mencionada ninguna de las violencias que sostienen el abuso contra nosotras, estoy segura de que no solo no las escuchó sino que también decidió ignorarlas. 

La estrategia de seguridad anunciada por AMLO promete “nuevos paradigmas”. Habla de “erradicar la corrupción desde arriba y reducir la pobreza”. Señala que ya “nadie será torturado, desaparecido o asesinado por un cuerpo de seguridad del Estado”, y que “los presos políticos” o quienes “no hayan cometido delitos violentos” podrán aspirar a la libertad. Hablan de superar la “crisis de valores y convivencia”, y “evitar la desintegración familiar”.  Y anuncian que una de sus primeras acciones será crear una Guardia Nacional, con elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Marina que seguirán en funciones de la policía local. 

El problema es que las víctimas de los 10 feminicidios diarios, y que mantienen a 27 de los 32 estados del país en alerta de género, no disminuirán si no se reconoce el machismo generalizado. El problema es que el 72 por ciento de las mujeres detenidas son torturadas sexualmente, principalmente por miembros de la Marina y la Sedena, como denunció Amnistía Internacional, por una profunda misoginia institucional. El problema es que para “evitar la desintegración familiar”, se tiene que advertir que una gran parte de los abusos sexuales pasan en los núcleos más cercanos, y raramente son llevados ante la justicia. 

Aprender de los horrores que nos cuentan las víctimas e intentar no repetirlos, no es un ejercicio practicado con éxito en la mayor parte del mundo, sobre todo en favor de las mujeres. Podemos considerar como aleccionadores otros procesos de paz, en América Latina. Un caso ilustre es Colombia, que según la directora ejecutiva de Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres, Phumzille Mlambo-Ngcuka es “el mejor ejemplo de una participación significativa y consistente de las mujeres en un proceso de paz”. 

Los procesos de paz de Colombia tuvieron “perspectiva de género”. En 2015 se tipificó el feminicidio como un delito que debería ser atendido con enfoque especial, ¿el resultado? La vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, alertó hace unos días que la situación “es insostenible”, que cada dos días una mujer es asesinada por su pareja o expareja. Y en 2018 tuvieron más de 10 mil denuncias de violencia familiar.  

Tras el fracaso anunciado por la vicepresidenta, el Observatorio de Feminicidios en Colombia explicó que las factores que llevan a estos crímenes “continúan siendo justificados por parte de autoridades, de la sociedad en general y del Estado”, porque los siguen considerando “un problema del ámbito privado o de relaciones amorosas”. 

Otro ejemplo es El Salvador, en donde, igual que en el plan de paz mexicano, la Comisión de la Verdad, que pretendía poner fin a la violencia tras una guerra civil, no se mencionó la tortura sexual cometida por miembros de la Guardia Nacional Salvadoreña ¿El resultado?  Desde 2013 El Salvador se disntingue como el país con el número más alto de feminicidios de América Latina. 

En 2017, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), advirtió que en México hubo mil homicidios de mujeres más en comparación con 2016.  Según la experiencia de América Latina, seguir ignorando la violencia contra las mujeres no nos llevará a ninguna pacificación. En la estrategia de AMLO ni siquiera se hace mención de las violencias que enfrentamos las mujeres. No hay ninguna promesa de paz para nosotras. 

Alba Calderón

Periodista, nací en Monterrey, Nuevo León. Estudié periodismo en la UANL. He trabajado en distintos medios de comunicación nacionales, en sus diversas plataformas de contenido escrito y audiovisual. Soy feminista.