La discapacidad invisible

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Un problema mayor que el autismo es la discriminación de la que quienes se encuentran en el espectro son víctimas al ser diferentes.  

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Es fácil identificar a una persona con discapacidad cuando está en una silla de ruedas, pero notar una discapacidad cuando no se ve, no es tan sencillo.  Por ejemplo, si vemos a un niño o un adolescente haciendo un berrinche, probablemente nos alejaremos sin pensar en que puede tener una discapacidad psicosocial.  

Algunas de estas discapacidades invisibles se agrupan en la Condición del Espectro Autista (CEA), este es un trastorno neurobiológico del desarrollo, no visible pero presente desde el nacimiento, que se manifiesta en algún momento en los primeros tres años y que perdurará a lo largo de toda su vida. 

El término espectro se refiere a la amplia gama de habilidades, síntomas y grados de discapacidad funcional presentes en quienes tienen autismo, que se caracteriza por dos tipos de síntomas principales: el primero son deficiencias en la comunicación y la interacción social, y el segundo es la presencia de patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.

Algunos rasgos indicativos de CEA en la niñez son: falta de interés por convivir con otros niños, poco o nulo contacto visual, si desarrollan lenguaje no entienden metáforas, evitan el contacto físico y pueden presentar comportamientos extraños y repetitivos como aleteo de manos o balanceo corporal, entre otros.  Incluso los que alcanzan más nivel intelectual, notan que son diferentes y no entienden que les pasa. 

La CEA pasa desapercibida tan fácilmente que muchas personas se sorprenden al saber que en México 1 de cada 115 niños tiene algún tipo de condición del espectro autista.  El número de casos pareciera haberse incrementado en los últimos 30 años, pero se considera que esto se debe a que hay mayor sensibilización hacia esta condición, y aun así está subdiagnosticada.  Esto es porque una buena parte de las personas que se encuentran dentro del espectro son consideradas de “alto funcionamiento”, y entonces se tiende a ignorar sus déficits.  

Pero no porque no se perciba esta discapacidad, desaparece, por el contrario, las personas con autismo suelen tener menos oportunidades económicas, peor acceso a la educación y tasas de pobreza altas, esto debido a la falta de servicios que les puedan facilitar la vida, aunado a falta de recursos y apoyos para defender sus derechos a la salud, a la educación, al empleo y a la vida en comunidad.  

Si además no se encuentran en el sector más benigno de ese espectro, sino que se ubican en el grupo categorizado como “de bajo funcionamiento”, con una discapacidad importante para comunicarse o socializar, las perspectivas son peores: se enfrentan al hecho de que es más fácil hacerlos a un lado que incluirlos, debido a sus dificultades para interactuar.  Un problema mayor que el autismo es la discriminación de la que quienes se encuentran en el espectro son víctimas al ser diferentes.  

El 2 de abril es el Día Mundial de Concienciación Sobre el Autismo, es un día que sirve para sensibilizar y llamar la atención, señalando que la discriminación hacia los niños y adultos con autismo, la cual es más la regla que la excepción, es un grave problema aún sin resolver. 

En un mundo diseñado y construido para lo neurotípico, siempre es buen momento dirigir nuestra mirada hacia la neurodiversidad, es un buen momento para abrazarla y comprenderla, y favorecer su integración, logrando con ello una sociedad más incluyente, donde todos comprendamos que las personas con autismo merecen participar de todos los beneficios de la vida en sociedad en igualdad de condiciones y derechos. 

Las personas con autismo deben ser aceptadas, celebradas y respetadas como parte esencial de la diversidad humana, y esto solo se puede lograr mediante el respeto, la protección y la realización de sus derechos y libertades fundamentales. 

Raúl Cantú Leyva

Médico, maestro por convicción. Gran admirador de mi familia. Fan del buen café, y de la discusión de opiniones. Creyente del poder de la esperanza y de que una sola persona puede marcar la diferencia.