La deuda del Estado con la mujer trabajadora

La llegada de un gobierno de izquierda supondría un cambio de dirección, pero la perspectiva no es completamente halagüeña. El anuncio hecho por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de obligar a los empleados federales “de confianza” a trabajar de lunes a sábado 8 horas diarias es un movimiento en el sentido contrario al deseable.

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Imaginemos que una empresa ofrece un puesto laboral de ingeniería. Al departamento de Recursos Humanos llegan las solicitudes de una ingeniera y de un ingeniero, ambos igualmente calificados, ambos recién casados. ¿Quién de ellos tendría más probabilidades de recibir el puesto?  Y si la ingeniera fuera soltera y madre de niños en edad preescolar, ¿cómo cambiarían sus oportunidades de obtener el puesto? Y si el trabajo fuera de lunes a sábado, la ingeniera, madre soltera, ¿se habría postulado? Sí, con mucha certeza sería el ingeniero quien obtendría el puesto en cuestión.

Sirva este ejemplo simple, de una profesión más bien privilegiada, para considerar dos aspectos que actúan en contra del empleo femenino y por ello en contra de la igualdad de género. Por un lado, la capacidad de concebir y el papel elemental de la madre en la crianza se contraponen a los intereses económicos de los empleadores; por otro, existen condiciones laborales que reducen la posibilidad de participación de la mujer en un trabajo remunerado.

Las muchas y largas jornadas de trabajo que permite la ley mexicana son un obstáculo difícil de sortear para quienes se encargan de la crianza de los hijos. Usualmente es la mujer quien desempeña ese papel y quien se ve obligada a quedarse en casa o a aceptar un trabajo informal que, si bien le puede dar la posibilidad de trabajar menos horas, la deja fuera de la seguridad social y del ahorro para el retiro.

La mujer se enfrenta a obstáculos económicos y sociales que requieren leyes hechas exprofeso para su remoción. Los intereses económicos de los empleadores solamente pueden aumentar la desigualdad de oportunidades. Es por ello por lo que el Estado debe definir un marco legal e implementar instrumentos que provean un contrapeso a los argumentos económicos, de tal forma que el género o el estado civil de quien se postula a un puesto de trabajo sea un aspecto irrelevante para quien ofrece empleo, y que, además, incentiven a la mujer a participar en el mercado laboral.

Lamentablemente el Estado mexicano, como en muchos otros aspectos, se ha quedado corto en la implementación de políticas públicas para fomentar el trabajo de la mujer. Por ejemplo, la legislación ha sido timorata al definir un cortísimo tiempo de licencia por maternidad y solo cinco días de permiso por paternidad –permitir a los padres pasar tiempo con sus hijos es un excelente mecanismo para apoyar a la mujer en el mercado laboral. En cuanto a instrumentos gubernamentales, los programas de apoyo a las mujeres son insuficientes, teniendo como objetivo más bien apoyar económicamente a las familias, en lugar de ser un incentivo para el empleo femenino específicamente.

La llegada de un gobierno de izquierda supondría un cambio de dirección, pero la perspectiva no es completamente halagüeña. El anuncio hecho por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de obligar a los empleados federales “de confianza” a trabajar de lunes a sábado 8 horas diarias es un movimiento en el sentido contrario al deseable. Lo que podría parecer una medida para mejorar el funcionamiento del gobierno es, en el mejor de los casos, una mala señal en lo que respecta a los derechos de trabajadoras y trabajadores. En una sociedad que aún define el trabajo remunerado tras un filtro según el cual el hombre provee y la mujer atiende los asuntos familiares, más tiempo y más días de trabajo representarían un impedimento mayor para ellas.

Corresponde al Estado la definición de un marco legal y la implementación de instrumentos para lograr mayor equidad en el mercado laboral. Aun para fomentar un cambio en los roles sociales como, por ejemplo, que el hombre participe más en las labores familiares, es necesaria la acción gubernamental. Las corrientes del mercado por sí solas únicamente nos arrastrarán lejos de donde la igualdad de género pueda poner pie.

Juan Alberto Hernández Arreola

Soy influencer… no, ya en serio, soy un ingeniero de software de casi 40 años, actualmente resido en Múnich. Les agradezco sus comentarios sobre mis textos.

1 comentario en “La deuda del Estado con la mujer trabajadora

  1. Muy interesante. las cosas fueran diferentes si se considerara trabajo de igual importancia lo que se hace dentro de casa -cuidado de hijos, limpieza, preparar comida- y cualquier empleo remunerado… el primero es necesario para que las personas funcionemos. ¿Alguna vez se comprenderá esto?

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