La cruz que te tocó cargar

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La realidad queda dividida por una puerta: se cree que lo que pasa detrás de ella no nos compete a la sociedad, ni a las autoridades, ni debería ser objeto de políticas públicas o considerarse un problema de seguridad.

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“Ni modo, ella ya es harina de otro costal” se dice popularmente cuando una persona deja su familia nuclear para formar otra, casi siempre mediante el matrimonio. Si este matrimonio luego resulta en incompatibilidades o problemas, le aconsejarán sus comadres o familiares (casi siempre a la esposa) “Ni modo, es la cruz que te tocó cargar”.

La encuesta Así Vamos 2018, realizada por la organización Cómo Vamos Nuevo León nos deja ver  que sólo el 8.5 por ciento de los neoleoneses encuestados piensan que la violencia familiar es un problema grave de seguridad. A pesar de que en 2018 Nuevo León ocupó el primer lugar a nivel nacional en feminicidios reportados, primero nos preocupa que roben nuestras pertenencias por las que tanto trabajamos, que los gritos de auxilio en la casa de al lado o que nuestra vecina, prima o cuñada vaya a salir en el periódico a engrosar las cifras de mujeres asesinadas.

Los medios y las acciones de todos los niveles de gobierno nos han hecho pensar que seguridad pública significa policías, crimen organizado, riñas entre pandillas o asaltos. La violencia contra las mujeres, a pesar de ser increíblemente alta, en el imaginario colectivo se queda en el espacio de lo privado, de lo invisible. 

Para entender este fenómeno es esencial voltear a ver las dinámicas en los hogares.

El 48.6 por ciento de las mujeres encuestadas no habían salido el día de anterior de casa, en comparación con el 26.2 por ciento de los hombres. Un 61 por ciento de ellas se dedican exclusivamente al hogar. Al hablar de la división del tiempo, la encuesta nos dice que los neoleoneses no salimos por gusto: nuestro principal motivo de traslado es para cumplir con obligaciones laborales o ir de compras, y sólo un 3.6 por ciento de nuestros traslados tienen que ver con la diversión.

Las familias, especialmente las mujeres, seguimos confinadas al espacio privado. Al espacio donde la ropa sucia se lava, el espacio donde el patriarca decide, al espacio que para muchas todavía es la única opción de plan de vida. La realidad queda dividida por una puerta: se cree que lo que pasa detrás de ella no nos compete a la sociedad, ni a las autoridades, ni debería ser objeto de políticas públicas o considerarse un problema de seguridad. Y aún así, es en este espacio privado, donde suceden gran parte de los abusos sexuales a menores y la violencia contra las mujeres.

Esta percepción se cuela en la forma en la que nos relacionamos, en nuestros dichos populares y hasta en nuestro contrato social. Todavía hoy, la violencia contra las mujeres se define como violencia familiar en el Código Penal para el estado de Nuevo León: es un asunto de familia.

Acabar con la violencia contra las mujeres en nuestro estado implica romper con el paradigma de que lo privado es sagrado y no se puede tocar. Necesitamos hacernos responsables como sociedad de que todos los tipos de violencia, dentro y fuera del hogar son un problema público que no sólo nos debe de importar por cercanía o moral. Estamos en una emergencia y debemos exigir a nuestros gobiernos que actúen ante ello como prioridad. Es la cruz que nos toca cargar.

Alejandra del Toro

Me apasiona la comunicación, el diseño gráfico y la política. Flor de pavimento y feminista porque no hay de otra. Sueño con una ciudad para todas las personas. Integrante de Wikipolítica Nuevo León.