La cinta violeta

Más allá de las masculinidades tóxicas hemos entretejido también un eco de violencia que nos penetra hasta lo más profundo del ser, el miedo a nosotras mismas, el miedo a nuestro miedo. He sentido ese dolor en la punta del estómago y las náuseas recorrer como lava cuando algo anda mal, aún sin siquiera tocar el exterior.

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-¿Quién vende gas pimienta? ¡Me urge! 

-Yo tengo la receta de uno casero, te la paso. 

-Mi amiga va a traer, ¿cuántos quieres? 

-¿Alguien sabe donde venden los aparatos de toques?

Así aparecieron de repente en mis redes sociales más de 35 mensajes en cadena: No estás sola, dame la mano. Una imagen de una mano en blanco y negro con una cinta violeta: envíaselo a tus contactos.

Mientras tanto, mujeres universitarias, académicas, estudiantes de prepa, ciudadanas, se organizaban para marchar una vez más pidiendo justicia. 

¿Vestimenta? Morada, es el símbolo.

-No, eso es imposición, estamos hartas de las imposiciones, para eso es la marcha.

-Vamos a vestirnos como nos sentimos más vulnerables, usar la ropa con la que nos sentimos más incómodas, esa con la que nos acosan, nos persiguen, nos violan, nos matan.

¿Jeans y playera? Uniforme, la ropa del gym. La sudadera holgada llena de pelos de mis perros y los pants negros que uso cuando salimos a caminar. Que usaba cuando salíamos a caminar. No es la ropa, da igual si son jeans o pants o faldas. 

¿Cuánto tiempo tiene que no salimos, Goss? Por lo menos un par de meses, pensé. Porque saliendo de trabajar ya no son horas para andar en la calle, pero antes de trabajar tampoco. Lo siento Goss, tendremos que esperar al fin de semana y salir acompañados. 

De pronto las empresas ofreciendo resguardo y acompañamiento a las mujeres en situaciones de riesgo, como en contingencia, como en una zona de guerra. Lo que sigue podría ser una especie de cascos azules rondando en las ciudades para permitirnos sentir un poco más de paz, o tal vez no. No faltó quien propuso un toque de queda para las mujeres -porque a ciertas horas ya no es momento para que anden en la calle-. Letreros por la ciudad: Si eres mujer y estás en los alrededores, sientes peligro o inseguridad, en nuestras instalaciones tienes las puertas abiertas y estarás segura.      

Resalta la empatía pero entristece que sea así, en estas condiciones, después de tocar fondo. Hasta el día de hoy, se documentan 28 feminicidios en lo que va del año, y el 56 por ciento del país con alerta de género. Tampoco faltó quien dijo que a las mujeres las matan por realizar actividades que no son propias de una dama. Bueno, todavía no sé si caminar con mis perros sea propio de una dama(¡pff!), pero lo extraño, aunque parezca un lujo. Caminar, por otro lado, es una necesidad básica para desplazarse, trabajar, para vivir. 

¿De qué nos estamos protegiendo? He visto esos rostros rotos, esos ojos llenos de tristeza, impotencia, soledad y frustración, es un dolor compartido del que todas estamos formando parte. Más allá de las masculinidades tóxicas hemos entretejido también un eco de violencia que nos penetra hasta lo más profundo del ser, el miedo a nosotras mismas, el miedo a nuestro miedo. He sentido ese dolor en la punta del estómago y las náuseas recorrer como lava cuando algo anda mal, aún sin siquiera tocar el exterior. El círculo de protección deberá empezar dentro de nosotras, en nosotras, para eso también se necesita reconocimiento y el esfuerzo consciente de no ser víctimas de nuestro propio  sentir. 

¿Podremos formar un círculo violeta, que nos proteja a todas, siempre, en cada rincón?  ¿podremos salir a pasear otra vez, Goss y yo, sin la incertidumbre de regresar a casa? Trazaría un borrador de institución, organismo, WhatsApp o línea donde podamos las 24 horas expresar este miedo, encontrar contención, encontrar luz, recobrar nuestra tranquilidad. Para esto, es necesario reconocerlo, aceptar que hacemos falta y empujar para que, como todo, no se quede solo en buenas intenciones de quienes gobiernan. 

Y suscribo: vivas nos queremos, y vivas nos mantendremos. 

Stephany González

Médica Cirujana, Maestra en Ciencias con especialidad en Análisis Político Estratégico por el CIDE, por concluir el Doctorado en Ciencias Políticas y Sociales. Disfruto investigar, analizar y resolver problemáticas sociales, en especial trabajo por las causas de género, medio ambiente, y derechos de los animales.  Amo pensar que puedo ser el cambio que quiero ver en el mundo, a través de la transformación social. Mis pasiones: danzar, wellness, conectar con la naturaleza, respirar en la playa, practicar yoga y viajar con mi familia. 

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