La casa de la maestra Cecilia

Después del fallecimiento de la Mtra. Cecilia, Josefina se encontró con que su casa quedó convertida en  escenario de destrucción, bultos de arena y cemento a los que no les encontraba un sentido. Sin la llegada de Cecilia a esa casa acompañada de cámaras, prensa, luces, las constructoras desaparecieron, pareciendo que ya no había razón para continuar su obra filantrópica, si no iba a ser noticia de primera plana.

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 “Pospusimos nuestro duelo porque teníamos en qué entretenernos”, fueron de las primeras palabras que me relató la Sra. Josefina al visitarla hace algunos  meses; es la madre de Cecilia, la maestra que  murió después de 72 días luchando por su vida ante aquel tiro que había detonado un alumno dentro del plantel educativo en donde laboraba.

Después de estar un poco más de dos meses en el hospital al lado de su hija, cuidándola, y en medio de aquel dolor que no le permitía nada más, Josefina apenas se enteraba de algunas cosas que pasaban al exterior de aquel hospital por algunos familiares o amigos que se hacían presentes. Ese fue el caso de las constructoras que entraron a su casa. 

Un hermano de Josefina se quedó a cargo de su  casa en la que, con  el esfuerzo de algunos ahorros comenzaban a construir una recámara principal que sería habitada por los padres de Cecilia. Tenían algo de material de construcción y un albañil que ya iniciaba aquella obra cuando sucedió la tragedia del Colegio Americano del Noreste. Entonces entraron las constructoras “solidarias”. 

Después del fallecimiento de la Mtra. Cecilia, Josefina se encontró con que su casa quedó convertida en  escenario de destrucción, bultos de arena y cemento a los que no les encontraba un sentido. Sin la llegada de Cecilia a esa casa acompañada de cámaras, prensa, luces, las constructoras desaparecieron, pareciendo que ya no había razón para continuar su obra filantrópica, si no iba a ser noticia de primera plana.

Al volver del hospital, doña Josefina se encuentra con que “Mi sorpresa fue que mi casa estaba deshecha porque entraron constructoras que quisieron ayudar”, despidieron  al albañil,  tumbaron la cocina, le tiraron la estufa y el refrigerador, se llevaron sus colchones y hasta un librero… pero fue peor.

 “Luego de darle el último adiós a Cecilia, todos se fueron, me dejaron sin nada. Me quitaron mi escalera, era de metal… me la quitaron”. Josefina no podía subir a la segunda planta de su casa y con ello interrumpieron su proceso de duelo. No había ventanas y era mínima la luz que les llegaba por aquellos días tan difíciles.   “Muere Cecilia y todos se van, todo se fue, y estaba todo destruido”. 

Al intentar reacomodar las cosas de aquella casa que se quedó en obra gris, y a sabiendas de que nada volvería a estar en su lugar pues aquello ya había tomado otra forma, descubrieron que los despojaron de algunas  pertenencias.  A Cecilia, le robaron desde la guitarra que solía tocar, algunas joyas, la computadora con la que trabajaba, hasta los ahorros y algunas otras cosas sencillas, como un regalo que recién le había hecho a su papá; eran unas hojas de rasurar, al parecer nada valioso, ¿verdad? 

La familia Solís Flores cada año salía de misiones, tenían una maleta especial en donde guardaban las playeras, solamente eran usadas una vez al año, no las usaban para nada más, pues en esas fechas eran especiales y significativas ya que toda la familia participaba. “Se metieron hasta el fondo, hasta en lo más íntimo, como el robar y usar nuestra ropa” y aquellas playeras las dejaron sucias, en el piso, con manchas, rotas y con marcas imborrables. 

La Sra. Josefina y su familia, quien en cuestión de 72 días vivió de múltiples formas  el despojo y el abandono, dejando huellas imborrables y daños irreparables.  Fueron víctimas de los motivos (que nunca sabremos) que tuvo aquel adolescente para accionar  la balacera, de la vanidad de unos cuantos para salir en la foto como “benefactores”, de la indiferencia de los otros para el dolor ajeno, y encima de todo robar a alguien que está en una situación vulnerable, es innombrable.  Es como si eso que le tocó vivir, hubiera dado oportunidad para que se mostrará lo más oscuro de las personas que lo rodearon. 

Karla Dávila

Practica el psicoanálisis en la ciudad de Monterrey. Miembro fundador titular de Vía Regia al Psicoanálisis, y del proyecto realizado en colaboración con CONARTE-CINETECA NL “Séptimo Arte y Psicoanálisis”. Cursó la Maestría en Psicología con Orientación en Clínica Psicoanalítica en la UANL con estancia de intercambio académico en la Universidad Nacional De Mar de Plata, Argentina. Actualmente imparte el seminario “El malestar en la vida escolar ” y es catedrática de la Licenciatura en Educación y Gestión de Centros Educativos de la Universidad Metropolitana de Monterrey.

8 comentarios en “La casa de la maestra Cecilia

  1. Que doloroso y lamentable. A pesar de la impotencia que me genero darme cuenta de esta situación, agradezco tu artículo tan bien elaborado ya que nos da la oportunidad de sensibilizarnos de otras formas más allá de las notas de esos días de impacto cuando recién sucede la tragedia. Estaré atenta a siguientes artículos.

  2. Excelente artículo, nos hace recordar que el dolor no dura 1 día y que estos casos necesitan seguimiento ,aun y cuando dejan de ser noticia !!!

  3. Si muy bien por ti Karla, darnos a conocer los hechos de lo que vive ahora la familia de la maestra; pero más allá de informar debes tener un objetivo. Cómo ayudar a esas personas? Me gustaría hacer algo al respecto. Te agradecería si me contactas. Gracias

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