Injusticias que continúan

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Lo que desató el dicho de Salmerón es significativo en términos de que muestra la continuación de divisiones ideológicas, la resistencia a otras lecturas de la historia, la imposibilidad del diálogo, el poder empresarial, las contradicciones y paradojas como son las opiniones contra la violencia desde quienes justamente han gestado políticas de violencia, y la inexperiencia en el funcionariado del actual gobierno federal. 

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“Valientes jóvenes” soltó Pedro Salmerón en un texto difundido en redes sociales refiriéndose a integrantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre, a propósito del aniversario de los hechos en que mataron a Eugenio Garza Sada, y donde también fueron asesinados dos jóvenes de la guerrilla urbana, además de dos guardaespaldas del empresario. Salmerón hasta hace unos días fungía como Presidente del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, INEHRM, pues el calificativo de “valientes” le costó el puesto. 

Su descripción de Garza Sada no generó reacciones, pero la calificación a los jóvenes, sí. En un país tan ensangrentado como el que tenemos actualmente, palabras que a primera vista parecen dar un reconocimiento a la violencia no resultan atinadas, mucho menos si son dadas por un funcionario federal. Esto motivó -además de la salida de Salmerón de su cargo- ciertos absurdos: el ex Presidente Felipe Calderón Hinojosa, por ejemplo, lo recriminó por esa “glorificación de la violencia”. El mismo Calderón que inició un derramamiento de sangre con la llamada “guerra contra el narcotráfico”. Miles y miles y miles de desapariciones y ejecuciones en el país han ocurrido desde hace más de una década en México, llegando a niveles inimaginados en nuestra América Latina. Calderón –valentón e impune- señaló como grave la frase del funcionario de la denominada cuarta transformación.

Los grupos empresariales de Monterrey, por su parte, así como el Consejo Cívico de las Instituciones, señalaron como positiva la salida de Salmerón de su cargo. Se mostraron agraviados por un calificativo dentro de un texto que de alguna manera pretendía otra perspectiva de la historia del país.

Lo que desató el dicho de Salmerón es significativo en términos de que muestra la continuación de divisiones ideológicas, la resistencia a otras lecturas de la historia, la imposibilidad del diálogo, el poder empresarial, las contradicciones y paradojas como son las opiniones contra la violencia desde quienes justamente han gestado políticas de violencia, y la inexperiencia en el funcionariado del actual gobierno federal. 

Sería bueno recordar –señala este domingo en La Jornada Elena Poniatowska en referencia a la época de la llamada Guerra Sucia- las acciones en contra de los jóvenes: “los simulacros de fusilamiento, la tortura de la picana que se aplicaba a los detenidos en los pezones, los labios, las partes blandas, la tortura del tehuacán con gas que se introduce en la boca y revienta el tímpano, los sótanos en que los muchachos esposados aguardan tirados en el suelo (…) la búsqueda infructuosa de las madres en todas las cárceles clandestinas de México”. Esto es también parte de esos tiempos de la historia en que dejó de existir el multiempresario Eugenio Garza Sada. Ese hombre de tanto aporte a la metrópoli de Monterrey, y de tanto poder. 

Hoy se dará una disculpa pública en Los Pinos a Martha Alicia Camacho Loaiza, sobreviviente de la Liga 23 de Septiembre. Ella fue torturada y obligada a presenciar la tortura y ejecución extrajudicial de su esposo José Manuel Alapizco Lizárraga. Con ello se reconocen, desde el gobierno, hechos de la historia violatorios a derechos humanos. No es espontánea voluntad de hacerlo, sino que es producto del empuje de las víctimas y de la sociedad civil, además de ser parte de la legal reparación del daño. Mientras, a la par, se da la destitución/renuncia de Pedro Salmerón por un adjetivo que más que alentar a la violencia, pareciera erizar a ciertos grupos de poder, que bien podrían sumarse al repudio de la violencia en general –actual e histórica- y a aportar para contrarrestar las desigualdades, violaciones a los derechos humanos e injusticias que llevaron a momentos críticos y a la gesta de movimientos guerrilleros en nuestro país. Desigualdades, injusticias y vejaciones que continúan.  

Estamos en un momento relevante de la historia, necesitados/as de paz, de disminución de la violencia, de reparación de daño, de justicia, de nuevos puntos de partida y nuevos métodos para la transformación social, por tanto, es necesario releer de otra manera la historia y la actualidad. La polarización de discursos y la destitución de un funcionario por un adjetivo no es el fondo del asunto, pero permite asomarse a él. 

Liz Sánchez

Con el sur como norte, camino. Disfruto la sierra y el mar; la salsa y los postres; la música, el viento y la poesía. El corazón se alimenta de lo amable. He colaborado y latido en la defensa de derechos humanos en Oaxaca, Tlaxcala y Nuevo León. Soy integrante de CADHAC.