Indio por conveniencia

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Me doy cuenta entonces de que soy indio cuando me conviene. Me enorgullezco de las artesanías, los bailes, las costumbres, la comida de los pueblos indígenas y las llamo nuestras.  Sólo para separarme de ellas cuando hay una posibilidad de que se me discrimine.

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Estábamos mi hermano y yo en el cuarto de mi padre, en su ultimo ingreso al hospital, un domingo por la tarde. Cuando entró un enfermero que muy sonriente y positivo le habló de su pronta recuperación y lo dibujó en un pizarrón que se encontraba al lado de su cama.  Cuando se fue, desató un ataque de risa en todos los presentes.  Había irrumpido en una plática seria como las que por lo general se tienen con el jefe de familia.  Al llegar mi mamá, el comentario de mi papá fue: “Vino un enfermero muy chistosito. Era un indito.” Mi hermano y yo nos miramos desaprobando por completo su comentario. No era algo que yo hubiera pensado y el hecho de que mi papá lo pensara y comentara lo convertía en un racista a mis ojos.

No es algo fuera de lo común que las personas mayores sean consideradas racistas por tener ciertas creencias arraigadas; pero esto me hizo recordar aquella campaña de cerveza Indio que hizo que me diera cuenta de que yo también soy racista.  Fue en Facebook donde primero vi la serie de fotos de influencers y bloggers, todos de tez blanca o morena clara, portando una camisa con la palabra pinche, tachada y seguida de la frase “orgullosamente indio”. Y lo primero que sentí fue un indescriptible malestar.

El atrevimiento de la marca fue mucho.  Trajo a la luz un hecho que todos conocemos pero que nadie parece aceptar: el racismo existe en México. Y es un racismo tan arraigado que no se ve. Hemos crecido con la narrativa de que ser blanco es mejor. Hay más oportunidades, posibilidades de movilidad social y con ello riqueza y reconocimiento.  Esta forma de pensar la mamamos en casa, luego en la sociedad y todo el tiempo en los medios de comunicación en donde hay una subrepresentación de la gente morena e indígena.

Julio Vallejo, creador de la página Pigmentocracia y de la Fundación Inspiración Audiovisual, que se dedica a incrementar la participación de gente morena e indígena en los medios, nos comenta que esta mala representación ayuda a crear una definición de belleza con la que crecen los niños mexicanos. Ser blanco significa ser bello y nos valida como seres humanos.

Me doy cuenta entonces de que soy indio cuando me conviene. Me enorgullezco de las artesanías, los bailes, las costumbres, la comida de los pueblos indígenas y las llamo nuestras.  Sólo para separarme de ellas cuando hay una posibilidad de que se me discrimine.

Uno de los elementos tradicionales de las culturas indígenas es el rebozo. La alemana Erika Hoffman en 1972, empezó la fabricación de fulares en Alemania, basados en un rebozo mexicano que le regalaron cuando nacieron sus gemelos.  El saber que el fular mexicano fue el molde para el surgimiento de la marca Didymos, la más reconocida a nivel mundial, y con ella de muchas otras marcas, nos llena de orgullo. Pero si en la calle nos dicen “Marías” por cargar a nuestros bebés en un fular, nos apresuramos a catalogar al otro como ignorante por desconocer cuánto cuesta nuestro cargador, muchas veces importado. Pero, entonces ¿somos o nos somos?

El concepto de mestizaje que pretende ser incluyente, en realidad excluye, nos dice el profesor Federico Navarrete, del Instituto de Investigaciones Históricas; porque define quién puede ser integrado y quién no, y deja de lado a grupos poblacionales importantes como los indígenas.  Este concepto ha jugado un papel como conciliador de conciencias; como todos somos mestizos no existe el otro y por lo tanto no existe la discriminación.

La campaña de la cerveza Indio puso sobre la mesa de discusión que existe el racismo en México, su error fue presumir que todos tenemos el derecho a llamarnos indios.  Es condescendiente decirle al otro que tú también eres indio y que estás con él en la trinchera. Es muy fácil hacerlo cuando no has sufrido la discriminación en carne propia. Ponerte un accesorio autóctono y mostrarte orgulloso de “tus raíces’ y quitártelo a placer.  Ser indio a conveniencia es el privilegio de algunos, que con portar una camiseta lo único que demuestran es no saber lo que es ser discriminado.  

El hecho de que la marca no vio que sus voceros no podían transmitir un mensaje de inclusión y que mi papá no vio en el enfermero a su igual, son muestras de la sistematización del racismo en nuestro país.  No necesitamos ser malos para ser racistas.  Lo somos porque así crecimos. La conversación ya ha empezado, ahora está en nuestras manos reconocernos como tales y hacer algo al respecto.

Goretti Treviño

Internacionalista de profesión y mamá de tres niñas. Soy asesora de porteo y educadora en lactancia materna. Tengo una tienda en línea de cargadores ergonómicos y recientemente estrené un blog con temas de mi interés: lactancia, comida vegetariana, lectura, porteo y crianza.