Hartos

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El problema surge cuando interactuamos más y a veces basta una palabra mía para sacarlo de sus casillas y todo se torna negro.

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No me pregunten por que mi ex vive a lado de mi casa, es lo que siempre le digo a la gente cuando me toca explicar su presencia en mi vida, aún. En alguna parte me creí eso de darle segundas oportunidades a las personas y saber perdonar, así que eso hice, perdoné y ofrecí amistad. Pero de cuando en cuando, practicamos esos juegos retorcidos que nos llevaron al divorcio. Uno de ellos es recibir la declaratoria de mierda a la que siempre llega en conclusión él y que a mí me recuerda por qué ya no somos pareja. Otro de mis errores es invitarlo a acompañarme a mis vueltas del día, él a veces aprovecha para salir a pasear, ¿a dónde? Ni idea, cuando le pregunto él siempre responde de forma vaga y yo se lo respeto; al final él puede hacer con su vida lo que quiera. El problema surge cuando interactuamos más y a veces basta una palabra mía para sacarlo de sus casillas y todo se torna negro.

Le invité a acompañarme a comprar algunas cosas a Costco, es una vuelta larga desde mi casa… bueno, cualquier lugar es vuelta larga desde mi casa. Quizá por eso lo invito, para tener compañía, pero a veces el precio es caro y este día fue uno de esos. Todo iba bien, hasta que se me ocurrió darle la contra en algo y eso fue suficiente. Comenzamos a alzar la voz y ni la música que traía a buen volumen en el auto pudo disimular el escándalo. Yo le he pedido que no caigamos en esas situaciones porque no me hacen bien, pero eso solo empeora todo. Me pidió orillar el carro para bajarse porque no soportaba la idea de tener que tolerar mi presencia un segundo más; lo hice y se bajó.

Traté, como pude, de controlar mis sentimientos, pero decidí acortar mi viaje y llegué mejor a Walmart, que me queda a un tercio del camino y ya no quería manejar; necesitaba caminar entre los pasillos bien surtidos de los utensilios de cocina que siempre tienen el don de hacer que se me olviden mis problemas. Después de todo, son instrumentos para simplificar procesos. Necesitaba pensar en otra cosa. Recorrí cada pasillo, despacio, viendo desde sartenes hasta plantas moribundas tristes en el área de viveros cerca de las frutas y verduras, escogí una sandía que resultó desabrida, pero igual me traje la mitad, responsabilizándome de la elección, creo que comenzaré a aceptar que tomo malas decisiones pero que puedo corregirlas.

Rosa Ana Garza Lara

Nace en Febrero de 1970, en H. Matamoros, Tamaulipas. Estudia la Licenciatura en Artes Visuales en la UANL. Pintura, Escultura, Performance e Instalación. Dedica su obra al erotismo, la soledad y el cuerpo humano, decide incursionar en la bitácora en busca de una nueva forma de manifestarse desde sus vivencias.