Futbol americano femenil: ¿por qué en bikini?

Por |

En México las primeras convocatorias publicadas en deportivos públicos eran claras: “no importa si no sabes jugar…”, hasta aquí parecía una buena intención de promover el deporte, pero había una condición: “… basta con que tengas buena imagen”.

Compartir esta nota:
Facebook
Twitter
WhatsApp
Email

“No estoy buscando monjas”, dijo Mitch Mortaza, fundador de la primera liga de futbol americano femenil en bikini (LFL), en los Estados Unidos. Esta modalidad sigue la misma dinámica del futbol americano tradicional en cuanto a formaciones, anotaciones y tacleadas, aunque tiene ciertas modificaciones al reglamento. Las más relevantes para los fines de esta columna son en cuanto a vestimenta y equipamiento: las jugadoras deben usar pequeñas bragas, tops escotados y un equipamiento especial que deje su cuerpo lo más descubierto posible. Incluso existen recomendaciones en cuanto a bronceado, peinado y maquillaje.

Los antecedentes de esta práctica -y de Mortaza, más popular en el medio del espectáculo y por escándalos de intoxicación en vía pública, que por su interés en el deporte- la sitúan más en el medio del entretenimiento que en el propiamente deportivo. Si bien se sirve de un deporte muy popular y de mujeres, que en su mayoría han practicado alguna disciplina deportiva, el atractivo principal de este espectáculo ha girado en torno al morbo y al exhibicionismo.

Aun cuando se sabe que la naturaleza del futbol americano implica jalones, derribos y posiciones sugestivas del cuerpo, las mujeres son convocadas a practicarlo con atuendos que están a casi nada de mostrar sus partes más íntimas -en ocasiones las terminan mostrando accidentalmente-, mientras que los atuendos y equipamiento para varones cubren casi la totalidad de su cuerpo. Pero, además, los espectadores pueden verlas más de cerca, pues las dimensiones de la cancha y la separación entre ésta y las gradas son reducidas. Mujeres en poca ropa realizando actividades típicamente masculinas, bajo luminosos reflectores. La mesa puesta para los voraces consumidores de estímulos sexuales.

En México las primeras convocatorias publicadas en deportivos públicos eran claras: “no importa si no sabes jugar…”, hasta aquí parecía una buena intención de promover el deporte, pero había una condición: “… basta con que tengas buena imagen”. O sea, una condición que ni siquiera tiene que ver con las exigencias propias de una disciplina deportiva en cierto nivel -como pudiera ser la estatura en el volibol-, sino con un concepto ajeno al rendimiento y los valores deportivos.

Por cierto, ¿qué entienden por buena imagen? Aunque es tan subjetivo, creo adivinar: sin celulitis, ni estrías, ni lonjas y, si se puede, senos y trasero grandes. Ah, y sonreír a toda costa, siempre y cuando tus dientes sean blancos y alineados. Se hizo lo que se pudo. Las críticas masculinas se realizaron a conveniencia, pero las de chicas del ‘club 90-60-90’ fueron implacables, como si sólo ellas tuvieran derecho a usar bikini. Como si sólo sus cuerpos tuvieran derecho a ser vistos.

La incursión de las mujeres en deportes de contacto, fuerza y rudeza contribuye al derribo de pautas culturales erróneas que les marcan condicionantes desde niñas, como debilidad o falta de voluntad para realizar esfuerzos físicos. A la vez confronta los estereotipos en cuanto a la imagen corporal, que sugerían no realizar actividades que desarrollen cualidades ‘masculinas’ como crecimiento muscular y movimientos enérgicos. La mujer retoma el control de su cuerpo y se apropia de la práctica: “precisamente el machismo crea inseguridades en las chicas. Jugar en bikini ha sido lo mejor, me dio mucha seguridad como mujer y creo que ayuda física y mentalmente a las jugadoras. Somos selectivas pero no excluyentes. A las chicas que no califican, las apoyamos a entrenar y cuidar su dieta para que lo logren. Hemos impactado muchas vidas positivamente”, comenta Itzel López, jugadora y formadora del primer equipo en la zona oriente del Estado de México.

En realidad, el futbol americano femenil equipado (equipo y dimensiones tradicionales) y el tocho bandera, tienen mayor presencia, ligas, equipos y jugadoras en México que la modalidad en bikini, y ésta se practica como una más, sin la faramalla que caracteriza a la versión norteamericana. Por mi parte, defiendo a cabalidad el derecho de las mujeres a participar en las actividades que les plazcan y en mostrar sus cuerpos con los fines que se les ocurran, pero me es inevitable hacer una crítica hacia aquellas actividades que buscan su éxito en la cosificación de los cuerpos en detrimento de la dignidad de las personas y el deporte.

Con equipo o sin equipo, con ropa o sin ropa, finalmente se trata de adjudicarnos los valores propios de la práctica deportiva, de buscar lo mejor de nuestras personas y de permitirnos ser a través de nuestros cuerpos.

Israel Arriola

Se graduó en licenciatura y maestría por la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos. Actualmente se desempeña como profesor en la Universidad La Salle Nezahualcóyotl, en el área de Ciencias en el Deporte. Es vegano y activista por los derechos animales desde 2008. También hace parte del movimiento por el Descrecimiento en México.