Fumar mota, abortar, divorciarse… tenemos el derecho

La parte que pienso que hay que entender es que todos podemos juzgar interiormente sin actuar en contra; si queremos ser homofóbicos, aunque no es lo ideal para mí, no puedo como ciudadano prohibirlo, en ese sentido tampoco el Estado debe hacerlo, pero lo que sí le toca es proteger los derechos humanos de todos, incluso de las minorías, independientemente de los prejuicios de las mayorías.

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Hace más de dos meses fue presentada una iniciativa por la entonces Senadora, hoy Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, con la cual se pretende regular el uso no solo medicinal, sino recreativo del cannabis. En entrevista con Carmen Aristegui planteó que esta iniciativa ayudará a tratar el tema de las drogas no solo como un asunto de narcotráfico, sino también de salud y que todos debemos tener el derecho a consumirla debido al derecho al libre desarrollo de la personalidad.

Este derecho al libre desarrollo de la personalidad es un principio de la Corte que comprende el derecho de todo individuo a elegir en forma libre y autónoma su proyecto de vida. Significa que todos podemos ser como queramos sin afectar a terceros. Esto quiere decir que podemos elegir individualmente si queremos contraer matrimonio o no, cuántos hijos tener o no tener, nuestra apariencia personal, nuestra libre opción sexual o el uso lúdico de la marihuana. No es una coincidencia que en la agenda conservadora exista una polémica y una posición en contra ante todos estos temas, agregando el de la identidad de género, el matrimonio igualitario o el divorcio incausado.

El Estado ha dejado a la libre decisión propia e individual cada uno de estos temas, sin embargo, para algunas personas la libertad es sinónimo de desorden, de libertinaje. Parece tan peligroso el hecho de que no exista una figura de autoridad (¿divina?) que nos imponga de manera totalitaria como debemos actuar. Tal vez es que nos concebimos como seres malvados por naturaleza (¿divina?) que ante una oportunidad de actuar de una manera malvada, lo haremos sin pensar en las consecuencias. Y aunque no soy un fiel optimista, ni tengo mi fe en la humanidad intacta, considero el hecho de que “tengamos el derecho” no significa que estamos obligados a ejercerlo: la que no quiera abortar, no aborta; quien no quiera ejercer su derecho al matrimonio igualitario, no lo hará; quien no quiera consumir marihuana, no la va a consumir.

El Estado no tiene la obligación ni la responsabilidad de decirnos qué está bien para nosotros o no, esa figura de autoridad moral que existía hasta hace algunos años, para este tipo de casos hoy ya no actúa. Sin embargo, no es la única autoridad moral que permanece, existe aquella que se forma de manera colectiva, esa que se forma a través de las costumbres, de lo establecido. Influenciada por principios de nuestras familias, de nuestras creencias espirituales, de los comentarios repetitivos a través de nuestras relaciones, adoptamos prejuicios, los cuales no voy a satanizar. A final de cuentas, estos forman parte de nuestra personalidad, es decir, sabemos que tenemos toda la libertad de tener prejuicios, pero debo puntualizar que estos son personales y que ahí estamos ejerciendo el derecho antes mencionado. La parte que pienso que hay que entender es que todos podemos juzgar interiormente sin actuar en contra; si queremos ser homofóbicos, aunque no es lo ideal para mí, no puedo como ciudadano prohibirlo, en ese sentido tampoco el Estado debe hacerlo, pero lo que sí le toca es proteger los derechos humanos de todos, incluso de las minorías, independientemente de los prejuicios de las mayorías.

Con este tipo de principios vemos cómo se matiza y se individualiza cada caso particular. Veo una clara tendencia en otros ámbitos a eliminar la figura del bien y el mal como algo concluso y definido. Incluso se aprecia en las recientes películas de superhéroes donde vemos villanos más humanizados, héroes más corrompidos, algo más cercano a nuestra experiencia cotidiana, algo no bueno o malo, sino algo humano

Me encantaría, aunque es un ideal utópico, acabar con esta interminable polarización de perspectiva, esta visión binaria entre lo blanco y lo negro, este sentido muchas veces fanatizado de pertenencia hacia una ideología, hacia un renglón del discurso de algún repetidor de palabras. Somos los únicos responsables de nuestro albedrío, teniendo el derecho a elegir cómo vivir, incluso a cómo morir.

Miguel Bretón

Licenciado en Psicología. Ha sido docente de materias humanistas, creador de una radio web y de un grupo de expresión llamado Puntos Suspensivos. Se considera rockero de nacimiento, agnóstico y un constante cazador de preguntas, siempre insatisfecho con las respuestas.

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