Fin de semana con J

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El primer contacto interactivo entre J y yo fue dejar que me presentara a todos sus súper héroes en miniatura: los favoritos y el intocable. Hechas las presentaciones y disfrutando la terraza para nosotros dos, descubrí un universo Marvel que no tenía actualizado y al escoger a mi equipo, conforme pasaba el tiempo descubrí que yo era la mala de la historia en este juego.  ¡Ni hablar!

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El vivir en un lugar turístico como Puerto Vallarta, hace que “los locales” estemos muy conscientes de las temporadas altas y bajas.

Este fin de semana es el último con ocupación significativa en resorts, hoteles y demás.  A los gringos les tocó su labor day, fin de semana largo, y aprovecharon. Aquí tuvimos un buen número de ellos.

El viernes pasado me llamaron del resort donde trabajo como niñera externa para contratarme todo el fin de semana con un niño de cuatro años que venía con abuelos y tío. ¡No hay que desaprovechar oportunidad!, pensé.

El contrato no escrito fue muy claro, debían conocerme primero para dar el visto bueno y dejarme a su nieto J.  Pasé con éxito la sesión de preguntas y respuestas, me dieron su itinerario, conocí a mamá de J a través de internet; al hermanito también, hubo intercambio de números telefónicos, me dieron llave y brazalete para moverme como huésped y a trabajar.

El primer contacto interactivo entre J y yo fue dejar que me presentara a todos sus súper héroes en miniatura: los favoritos y el intocable. Hechas las presentaciones y disfrutando la terraza para nosotros dos, descubrí un universo Marvel que no tenía actualizado y al escoger a mi equipo, conforme pasaba el tiempo descubrí que yo era la mala de la historia en este juego.  ¡Ni hablar!

Después de sentirme mala por un rato, decidí cambiar la dinámica. Le mostré el mar que estaba a nuestros pies, lo invité a irnos a jugar a la arena, mojarnos para sofocar el calor y descubrir nuevos amigos. Preparó maletas, nos llenamos de bloqueador solar, agua y ¡vámonos!

Nada más subir al elevador, nos encontramos un insecto y sin prisas, pero certero, lo aplastó con cara de terror. Le dije que no había necesidad, que son parte de nuestro entorno y tienen un trabajo tan importante como nuestros súper héroes de ficción, me vio con su carita de: ¡no entiendo! y lo dejé pasar.

Organizamos un plan en la arena, hicimos un proyecto que consistió en buscar troncos, piedras y hacer un fuerte. Hacia allá nos lanzamos. En eso estábamos y volví a ver su carita de terror y ya listo con el pie a medio camino para aplastar a un escarabajo verde (mayate).

Le digo: J no, no lo aplastes. ¿Recuerdas lo que te dije en el elevador?  Ellos son parte de nuestro entorno, está asustado y perdido. ¿Qué te parece si lo ayudamos a regresar a su casa?  

Su respuesta: está bien Marla, ¿dónde vive? 

¡En la madre! y ahora, ¿qué hago?  Piensa, Marla, piensa.  Levanté la vista y estaba una maceta gigante.  Le dije:  ahí, en esa maceta está su casa.  

De ahí en adelante nos llevamos buena parte del día “salvando” vidas.  Y claro, me tocó ser la encargada de llevar a los insectos a su casa.

Al finalizar mi primer día con J, e ir rumbo a mi carro, encontré un sinfín de luciérnagas que estoy segura hubiera disfrutado.

Regresé el domingo y ya éramos amigos y cómplices.  Los abuelos y el tío tenían un tour, así que podíamos hacer lo que mejor quisiéramos, palabras textuales de los abuelos.

Le pregunté a J, ¿quieres ir a la alberca o a la playa a jugar un rato?

Su respuesta contundente fue: ¡odio el calor! Ja, ja, ja, ¡ok!

¿Lo más fresco e inmediato en su plan de acción?  ¡La televisión!

Mientras la caja (tv) lo iba devorando, yo organizaba actividades para nuestras próximas horas y que no incluyeran esa horrible caja atrapa sueños e imaginación.

Lo convencí para que despegara sus ojitos de la caja, me escuchara y proponerle mi grandiosa actividad.  Irnos en el tranvía del hotel y conocer las diferentes áreas de resort.

Empacó lo mínimo en mi morral gigante y al cual él ya se había acostumbrado a usar para guardar lo que iba encontrando en el camino.  Por el sendero que nos llevó a tomar el tranvía vio una iguana gigante (para mi), y se detuvo a decirme: ¡Marla!  ¿Qué es eso?  Sin miedo y a prudente distancia le expliqué qué es y que son parte de nuestro maravilloso ecosistema en Vallarta.  Retomar el camino al tranvía me costó.  Fascinado con el hallazgo.  Yo pensaba en que ojalá no se le ocurriera pedirme que la llevemos a su casa o peor aún, ¡que la ponga en mi morral!

Toda una experiencia para J subir al tranvía y tener el privilegio de sentarnos junto al conductor.  Su cara de asombro me cautivó.  

De ahí en adelante todo fue explorar, conocer, caminar, disfrutar las plantas y flores que íbamos encontrando, armar rompecabezas en el kids club, escalar una pared con mi ayuda, por supuesto; comernos una rica hamburguesa con papas fritas y de regresó juntar flores amarillas para su abuela.

Prueba superada, ¡sí, señor! 

Cansados, pero satisfechos. Hora de la siesta y de despedirme. Él no lo sabe y voy dejando que poco a poco se duerma.  

Mientras, voy haciendo un recuento del fin de semana. Mi trabajo me gusta y J me hizo sentir satisfecha con el resultado. Aprendimos a respetarnos, a cuidar a los insectos que un día antes le provocaban pánico (la iguana fue la prueba), me dio con total confianza la mano en momentos claves de nuestro tour, saludando gente aquí y allá y todo con total naturalidad, como si nos hubiéramos conocido hace tiempo. ¡Nada mal!

Incluso compartir las papas con cátsup.  Terminé comiendo de su mano y el de la mía.

Llegaron los abuelos y tío felices y contentos. J estaba en su siesta.  Nos despedimos con un abrazo y con la convicción de haber hecho un buen amigo de cuatro años.

septiembre 2, 2019

Marla Carlos

Regiomontana de nacimiento, viviendo actualmente en un lugar pequeño y tranquilo llamado Puerto Vallarta.  Casi medio siglo de lecturas ininterrumpidas, logrando hacer un equipaje de sabiduría autodidacta.  He viajado desde niña alrededor del mundo.

He aprendido en el camino de experiencias propias y ajenas, siempre soñando con escribir para plasmar lo que escucho observo, vivo y respiro. 

Soy madre de tres maravillosos maestros de vida, amigos sólidos y familia entrañable.