Eyaculación de poder

Por |

Hay que desafiar la ideología patriarcal que reza que la agresión es una característica biológica de los varones y la violencia una respuesta natural e inevitable.

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

Mariela aseguró sentirse muy dolida. A su lado, sentado estaba Rubén, impávido. Eran una pareja joven, tenían dos hijos; un niño de once y una niña de ocho. Ahora la mujer y los dos pequeños vivían en casa de los padres de ella. Había tomado la decisión de abandonar al esposo. Aseguró haber dejado su casa porque Rubén llegaba borracho todas las noches y sin importar la hora que fuese, la despertaba para que tuviera sexo con él. Podían ser las dos, las tres… no importaba. Él la levantaba y la obligaba a cumplir “su deber” de esposa. Mariela comentó que por lo menos en casa de sus padres podía dormir toda la noche. Sin embargo, Rubén, quien ya solo bebe alcohol los fines de semana, va a visitarlos y la obliga a tener sexo con él todos los días.

Rubén piensa que su esposa es de su propiedad, ¿puede hacer lo que le plazca con ella, a la hora que se le antoje? ¿Hasta dónde esta insensibilidad de violencia doméstica, le deja distinguir entre su experiencia y lo que siente ella, de los mismos sucesos, dañando su relación y su familia? 

El marido podría argüir que “nunca le ha dado una bofetada, ni tumbado los dientes, mucho menos ella ha tenido que pedir auxilio porque le esté dando una paliza. No le ha dejado los brazos o los dedos fracturados, tampoco la ha quemado con cigarrillos ni mordido, ni ninguna otra atrocidad física que les hacen a las mujeres”. La mayoría de las veces, Mariela tiene sexo con él sin resistirse, para evitar las consecuencias que podría provocar su negación; el miedo la paraliza y doblega sus sentimientos, así evita su rechazo y los insultos de él, de este modo cree que salva la relación de pareja y debido a eso termina cediendo.

Los padres de ella nunca le dijeron que tener sexo todos los días no significa ser la mujer más deseada del universo. El coito insensible termina siendo un ejercicio gimnástico o sirve para un desahogo del estrés solamente. Habría que explicarle que el sexo no nada más es esto sino involucra emociones e intimidad y muchas cosas más, pero si ella no tiene una brújula que le indique que no está bien ser sumisa ni ceder cada vez que a él se le antoje, ¿quién la podrá orientar o proteger? El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), explica que se ejerce violencia domestica cuando hay “agresiones sobre el cuerpo de la mujer mediante contactos obscenos; obligarla a tener relaciones sexuales por la fuerza o con chantajes; inducirla a la prostitución.”

Michael White, en su libro Guías para una terapia familiar sistémica, explica la teoría de la eyaculación/catarsis, en la cual sostiene que “la violencia es una sustancia que puede definirse cuantitativamente, una sustancia que se acumula y que periódicamente debe ser descargada”. Esta es la agresión que algunos hombres ejercen contra las mujeres que viven con ellos. El patriarcado debe entender que la mujer tiene el derecho a decidir lo que quiere. A que su identidad no sea anulada, pisoteada, a no perderse a sí misma,

Lo que debe quedar bien claro es que la mujer no es propiedad del hombre ni mucho menos el desfogue de su eyaculación de poder. Este no tiene derecho a ocupar una posición superior. Hay que desafiar la ideología patriarcal que reza que la agresión es una característica biológica de los varones y la violencia una respuesta natural e inevitable. Muchos agresores deben tatuarse en sus entrañas que su cólera hipócrita e insensible debe parar. La violencia matrimonial debe ser denunciada.

Pero ¿cómo reaccionaría Rubén y Mariela si ambos desafiaran las ideas patriarcales? Quizá ella se empoderaría y no permitiría ser utilizada nunca más, reelaboraría su propia historia y confiaría en su experiencia. Ningún hombre la  volvería a explotar, o esclavizar, mucho menos la pisotearla. Probablemente él dejaría de estallar y envenenar su matrimonio y a su familia y cuestionaría las supremacía masculina, comprendería la opresión hacia las mujeres y trataría de no destruirlas ni física, mental o emocionalmente y su relación sexual se convertiría en una experiencia viable para ambos y tal vez la eyaculación de poder pasaría a convertirse en una eyaculación de placer compartido.

Patricia Aydeé Zúñiga

 

Estudié la Licenciatura en Ciencias Lingüísticas y Literatura, La maestría en Letras Españolas. También la Licenciatura en Psicología y la Maestría en Terapia Breve Sistémica. Trabajé en el Tecnológico de Monterrey, en el área de Programas Internacionales.  Ahora me dedico a la psicología clínica. Una de las cosas que más me apasiona en la vida es aprender. En el proceso de escribir disfruto intensamente la investigación. Es fascinante tejer ideas con palabras para plasmar pensamientos que tengan contenido y sentido para quien los lea.