¿Es ésta la manifestación?

Existía un pacto tácito en el que los empresarios cuidaban a la ciudad y los regiomontanos nos dedicábamos a trabajar, quizás por eso nunca tuvimos la necesidad de organizarnos como sociedad civil para defender o transformar a Monterrey.

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Hace siete años un grupo de ciudadanos nos manifestamos en la Macroplaza de Monterrey, buscando que el gobierno tomara medidas para frenar la violencia e inseguridad que se vivía en el estado y que había causado la tragedia del Casino Royal en donde murieron 52 personas. En contraste con la magnitud del problema, llamaba la atención que el grupo que protestábamos no éramos más de doscientos, todos tratando de aprender a organizarnos y alzar la voz. Éramos tan obvios en nuestra novatez de ejercer la democracia más allá del voto, que una reportera de La Jornada de la Ciudad de México me preguntó: ¿Ésta es la manifestación?, y cuando le dije que sí, se echó a reír y me dijo: ¿Qué les pasa a estos regios? Me explicó después que su expectativa de participación era muy alta, quizás basada en aquella manifestación de 1962 en donde más de cien mil personas se reunieron en el centro de Monterrey en un evento organizado por la Unión Neoleonesa de Padres de Familia para protestar en contra del libro único de texto, y que fue apoyada por empresas y bancos regiomontanos, así como por la iglesia católica. 

Los neoleoneses que nacimos en las décadas de los años cincuenta a los setenta crecimos bajo la tutela de los empresarios que hicieron grande a la ciudad en la década de los cuarenta y que tenían principios que impulsaban el desarrollo industrial, así como de la comunidad. Empresarios que lo mismo construían fábricas que clínicas, escuelas, o daban créditos para vivienda; entendían que sus empresas eran parte de la sociedad y había una gran preocupación por ella, más allá de la intención de hacer solamente negocios. Existía un pacto tácito en el que los empresarios cuidaban a la ciudad y los regiomontanos nos dedicábamos a trabajar, quizás por eso nunca tuvimos la necesidad de organizarnos como sociedad civil para defender o transformar a Monterrey.

¿Qué fue lo que le sucedió a la ciudad posteriormente? Bueno, los hijos y nietos de esos grandes empresarios tuvieron una vida y educación diferente, las grandes universidades americanas les enseñaron el valor único de los rendimientos para los accionistas, sin ninguna otra consideración social. La competencia global tampoco ayudó, algunos prefirieron vender o asociarse con los conglomerados internacionales que no tenían ningún compromiso con la ciudad, dejando a la sociedad desprotegida y sin preparación para organizarse y defenderse.

Hace diez años nos enfrentamos con esa realidad en la peor época de inseguridad en Monterrey, cuando todavía pensábamos que los empresarios iban a tomar acciones presionando al gobierno para actuar y lo que nos encontramos fue la protección de sus intereses con una visión de administradores internacionales. En esa época descubrimos que como sociedad deberíamos de caminar solos.

Hoy, nos despertamos nuevamente en un grito de angustia por una ciudad descuidada, desordenada, contaminada e insegura, todavía buscando a ese líder que nos proteja, el empresario ausente o al gobierno fallido, en lugar de buscar en nosotros mismos la sinergia social para lograr un cambio. Romper la apatía para mover a la sociedad promoviendo liderazgos sociales no es fácil, más si en ella el éxito se mide por el “tener” más que por el “ser”, en donde ir al trabajo en bicicleta para mejorar la ciudad está mal visto, protestar para exigir nuestros derechos es ser improductivo y hablar de compromiso social es incómodo.

En aquella manifestación del 2011 mis amigos me cuestionaban “¿A qué vas?, ¿Qué vas a ganar?, ¿Para qué te expones?” quizás en este lento proceso de mi generación de entender que “ser comunidad” es un tema que nos incumbe a todos. Sin embargo, la lucha para construir una sociedad más representativa no está perdida si reforzamos la educación de nuestros hijos para tener una mayor participación social, lograremos cambios significativos, cambios en los que, para empezar, eliminemos los signos de interrogación del título de esta columna, para que podamos escribir en un futuro: ¡ésta es la manifestación!

Javier Potes

Chilango de nacimiento, regiomontano por convicción, colombiano de sangre y cuentero por vocación. Amante de la disrupcion y los imposibles, creyente del poder de la participación y de la responsabilidad social. Dedicado a mi familia y a mejorar el sistema de salud en México.

1 comentario en “¿Es ésta la manifestación?

  1. No puedo sentirme más identificada con tu texto, luego de participar la semana pasada en una manifestación por soluciones peatonales en la Carretera Nacional.

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