Entre velorios y enlutados

Existe una inmediatez social por acabar con nuestro dolor de inmediato, brindándonos alternativas que taponeen nuestros sentires y dolores, como lo son pastillas, discursos de motivación y superación, la tanatología, entre otras.

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La  forma de hacerle frente a la muerte ha tenido cambios a lo largo de nuestra historia. Uno de estos cambios es que ha pasado de lo colectivo a lo individual y aislamiento, es decir la muerte antes se velaba  en casa, aunque esta tradición aún sigue en algunas comunidades mexicanas, abren las puertas de sus hogares para recibir a quienes quieran acompañar al difunto y sus enlutados. Pero en las últimas décadas tenemos el amplio mercado de las funerarias que nos ofrecen sus servicios y espacios para velar al difunto.

Hay distintas maneras de despedirnos de los difuntos, en los últimos años se ha incrementado el uso de los crematorios, por lo regular se realiza una misa de cuerpo completo, luego se puede pasar directo a la cremación y a la misa con las cenizas. La urna por lo general se la queda algún familiar en su casa o se puede dejar en algún repositorio en las iglesias, y en algunos casos se cumple la voluntad del difunto de depositar sus restos donde haya elegido.

En cualquiera de las situaciones y tradiciones antes mencionadas, nos acompañan una serie de símbolos sociales para distinguir a los enlutados, por ejemplo el color de la vestimenta, el silencio que se produce en los hogares, el privarse de asistir a eventos sociales e incluso prohibirse reír durante los días posteriores.

¿Cuántos son los días que tenemos permitido enlutar? En el aspecto laboral del 2015 a la fecha nos marca  el Art. 132 de la Ley Federal del Trabajo: “Otorgar permiso por luto, de cinco días laborales con goce de sueldo, a las y los trabajadores por muerte de padres, hijos, hermanos o cónyuge; de dos días cuando se trate de sus abuelos o de los padres de su cónyuge”. Quizás para la cuestión laboral se podría decir que es “normal” que después de esos días el trabajador realice sus actividades regulares y se integre a la producción.

En el aspecto personal sabemos de antemano que no será fácil y tampoco  podemos definir el tiempo del enlutado ya que el proceso es difícil y el sentir es de cada uno. En alguna ocasión una mujer me decía “es que aún no supero la muerte  de mi madre y ya pasaron dos años, mis hermanos me dicen que estoy loca, que ya es mucho el tiempo”. ¿Cuánto es el tiempo, y de qué hablamos?, ¿de los recuerdos, del alma, de la integración social? Sin duda son matices en diferentes niveles que a su vez son profundos y complicados de responder.

Sin embargo, existe una inmediatez social por acabar con nuestro dolor de inmediato, brindándonos alternativas que taponeen nuestros sentires y dolores, como lo son pastillas, discursos de motivación y superación, la tanatología, entre otras.

El mundo contemporáneo nos orilla hacia una constante producción, a la proactividad, incluso sacrificando tiempo para nosotros, tiempo que ocupamos para nuestra reflexión de lo que vivimos, hasta en el momento de luto se nos impone “estar bien”, “recuperarnos” de la “mejor manera”, para seguir siendo efectivos y servir  a la sociedad. No hay tiempo y espacio para llorarle al que se fue y a lo que para mí representa dicha perdida.

En este sentido hay doble pérdida, y con esto doble dificultad de velar y duelar, es decir tenemos la pérdida del ser querido, ya sea amigo o familiar, y paralelamente, la pérdida de esa parte de mí que se va junto con él o ella. La inmediatez de la vida actual nos confronta con la prisa de la recuperación ante la pérdida (incluso el nombrarlo como recuperación es curioso, como si se tratara de una enfermedad), versus el dolor del luto.

Démosle entonces lugar al dolor y al luto, apalabremos nuestro sentir, no permitamos que la inmediatez del ámbito social actual nos limite hacerlo, hagámoslo por nosotros y por quienes se nos han adelantado en el camino.

Karla Dávila

Practica el psicoanálisis en la ciudad de Monterrey. Miembro fundador titular de Vía Regia al Psicoanálisis, y del proyecto realizado en colaboración con CONARTE-CINETECA NL “Séptimo Arte y Psicoanálisis”. Cursó la Maestría en Psicología con Orientación en Clínica Psicoanalítica en la UANL con estancia de intercambio académico en la Universidad Nacional De Mar de Plata, Argentina. Actualmente imparte el seminario “El malestar en la vida escolar ” y es catedrática de la Licenciatura en Educación y Gestión de Centros Educativos de la Universidad Metropolitana de Monterrey.

2 comentarios en “Entre velorios y enlutados

  1. Sin duda alguna el superar o resignarse a la muerte de una persona cercana siempre será algo muy personal, cada persona lleva el luto de una manera distinta y con un tiempo distinto.

  2. A veces no se acepta la muerte de un ser querido por días, semanas o más tiempo. En un momento dado, el luto llega y nos permitimos vivir ese dolor y abrazar el recuerdo de quienes se fueron.
    Excelente artículo. Un saludo Karla Dávila.

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